jueves, 26 de octubre de 2017

Tumbas de Halloween


It's Halloween
It's Halloween
It's time for scares
It's time for screams
It's Halloween
It's Halloween

The ghosts will spook
The spooks will scare
Why, even Dracula will be there

It's time for games
It's time for fun
Not for just one
But for everyone

The jack-o-lanterns are all lit up
All the dummies are made and stuffed
By just looking you will see
It's this time of year again

It's Halloween
It's Halloween

All the kids are happy and gay
There doesn't seem to be a cloud in their way
But when it's over and they've had all their fun
They'll wish that Halloween had just begun

Oh, there are witches, goblins, vampires, devils, Frankensteins and zombies
And there are tramps, Cinderallas, pirates, angels and gypsies
So let's have lots of fun and give many cheers
For Halloween comes but once a year

It's time for games
It's time for fun
Not for just one
But for everyone

It's Halloween
It's Halloween
It's Halloween
It's Halloween

It's Halloween!


Lo más probable es que nadie se haya dado cuenta de que el final de octubre se acerca y con él Halloween que empieza a tener más defensores que detractores en nuestro país y es que gracias a los más pequeños de la casa esta fiesta ha ido ganando cada vez más adeptos y empezamos a no extrañarnos cuando la noche del 31 nos topamos con adorables brujas y vampiros por la calle que te asaltan al grito de ¡truco o trato! 

Yo sigo fiel a nuestras raíces y costumbres y prefiero el Día de Todos los Santos aunque dejo que algunas cositas de Halloween me pongan ojitos. Desde pequeña he tenido fijación por las brujas (y tengo una bonita colección de ellas), los gatos (negros a poder ser), los cáctus, las calabazas y los unicornios. Lo sé, es una mezcla un poco heterogénea en la que búhos y ranitas también tuvieron una breve cabida.

Desde que Halloween comenzó a festejarse en España los bazares (antiguos Todo a cien y populares actualmente como tiendas de chinos) empiezan a llenarse de cosas que a mí me llaman poderosamente pero que hasta ahora no se habían venido a casa porque a ver cómo explico que ando comprando calabazas de juguete... La llegada de Lara ha supuesto la excusa perfecta y este año han caído algunos juguetitos que en realidad me han gustado más a mí que a ella (y que por otro lado casi no quiero ni que toque porque tiene unas manitas para romper cosas...) Algunas ya he enseñado a través de Instagram y me han venido estupendamente para las fotos de la receta de hoy. Otras aún no las habéis visto pero ya os las enseñaré.

Como muchos blogs están haciendo propuestas estupendas para estos días he querido aportar mi granito de arena (esta vez la expresión nos viene bastante bien  ji ji ji) y preparar unas tumbas de Halloween que están terroríficamente deliciosas.

Yo valoro mucho la creatividad de las compañeras y compañeros a la hora de hacer postres espeluznantes pero reconozco que sólo los "tiernos y bonitos" me gustan. Hay recetas muy logradas pero que yo sería incapaz de comerme por el asquito y la repugnancia que dan a primera vista (y a segunda, a tercera, a cuarta...) así que prefiero una versión más light de Halloween en lo que a comida se refiere.

Mi propuesta no es nada novedosa pero la he preparado a mi manera y creo que es una opción simpática a tener en cuenta para preparar un postre rico y llamativo que ponga un tono divertido a nuestra fiesta de Halloween o a la comida de cualquier día ¡no hay fecha para disfrutar de un postre rico ¿verdad?! 

Mis tumbas de Halloween no son más que natillas de chocolate con "tierra" de galletas Oreo y unos gusanos de gominola para dar ambiente ¡más fácil imposible! 

Si no te gusta Halloween puedes suprimir las gominolas ¡e incluso las galletas! (aunque hacen un contraste bastante rico) y disfrutar de unas deliciosas y tradicionales natillas de chocolate que nada tienen que envidiar a las comerciales.

Estoy segura de que muchos de nosotros hemos comido en la infancia (e incluso más grandes) natillas hechas a base de los sobres de Flanín el Niño, Potax o Flan Chino Mandarín que igual valían para hacer natillas, flan o crema pastelera en función de la cantidad de leche que se les ponía. Mi intención no es criticar estos preparados porque en algunas casas es lo más "casero" que se hacía y también es cierto que sacan de más de un apuro para según qué recetas (como la tarta de la abuela) pero cuando haces natillas por primera vez en casa y te das cuenta de que es casi tan fácil como hacerlas de sobre decides que salvo fuerza mayor las vas a preparar siempre así.


El único "problema" que tienen las natillas es que no se corten, pero si dejas las prisas a un lado y les dedicas media hora de tu vida (que en realidad tardas menos) te van a salir unas natillas que ríete tú de las de Danone... 

El truco para hacer unas natillas perfectas es no subir ni bajar la intensidad del fuego mientras las haces y removerlas constantemente al final, si cumples con esta mínima pauta ¡no te saldrán mal en la vida! 

Preparar este postre es sencillísimo y queda muy vistoso. Deja volar tu imaginación y sorprende con la decoración y verás cómo más de uno muere del gusto con estas tumbas tan chocolateadas y divertidas. 

Soy partidaria de seguir manteniendo nuestras costumbres ¡eso ni por un momento se duda! pero igual que preparamos platos de procedencia italiana, , francesa, portuguesa... y que han entrado a formar parte de nuestro recetario habitual, vamos a no cerrarnos a las divertidas recetas que esta fiesta inspira ¿no os parece? ¡Venga! que os he guardado un vasito ¡muy bien custodiado!


¡Vamos con la receta!

Ingredientes:

* 1 litro de leche (a poder ser entera)
* 4 yemas de huevo
* 60 gramos de azúcar
* 60 gramos de harina de maíz (maicena)
* 200 gramos de chocolate negro
* 8 galletas Oreo
* Gusanos de gominola

Elaboración:

1. En una cazuela ponemos la leche y el chocolate troceado y la ponemos a fuego medio (5 en mi placa de inducción que llega hasta el nueve) y vamos removiendo de vez en cuando con ayuda de unas varillas manuales (o una espátula, lo que tengáis en casa, aunque os aconsejo las varillas para este postre) para ayudar a deshacer el chocolate y para evitar que se quede en el fondo y se pueda quemar.

2. Mientras en un bol ponemos la harina de maíz, el azúcar y las yemas de huevo y removemos hasta que quede una masa homogénea y sin grumos (especialmente de la harina de maiz). Puede parecer que es imposible pero os aseguro que antes de que os déis cuenta lo tendréis integrado. 

Si creéis que os puede costar reserváis unos 100 ml de la leche y en lugar de ponerla en la cazuela la ponéis junto con el azúcar y los huevos.

3. Cuando el chocolate esté derretido y la leche esté a punto de romper a hervir retiramos la cazuela del fuego y vamos añadiendo la mezcla de huevos, azúcar y harina poco a poco, en un hilo continuo, a la vez que vamos removiendo.

4. Cuando lo hayamos vertido todo ponemos de nuevo la cazuela en el fuego y le ponemos un fuego medio tirando a bajo ¡y constante! Es fundamental no someter las natillas a cambios de temperatura para cuajarlas porque acabarán cortadas. Yo le pongo también el 5 en mi placa que llega a 9 y nunca he tenido ningún problema.

5. Una vez en el fuego vamos removiendo continuamente (así evitamos que puedan romper a hervir porque se acabarían cortando y también que se puedan quemar) hasta que veamos que las natillas comienzan a espesar. El tiempo dependerá de cada placa y de cada cazuela (`porque distribuyen de diferente manera el calor) pero oscilará entre 5 y 15 minutos como mucho.

6. Vertemos en los vasitos o boles en los que vayamos a presentar, dejamos que se templen, tapamos y guardamos en la nevera.

7. Cuando vayamos a servir picamos las galletas Oreo (crema incluída) hasta reducirlas a polvo (con la picadora o con un rodillo) y espolvoreamos la superficie de manera irregular para que parezca tierra recién removida.

8. Adornamos con gusanos de gominola ¡y listo! 

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/tumbas-de-halloween

¡Más sencillas imposibles! Y ya sabéis que con un poco de maña y de imaginación le dais vuestro toque y quedarán más apetecibles aún.


Aunque os aseguro que al primer bocado de natillas y galleta caerán rendidos a vuestros pies ¡id preparando tumbas de más que os harán falta! 

Los que me seguís por Instagram ya sabréis que el pasado sábado, en uno de mis planes en familia, se me ocurrió llevar a Lara a la biblioteca. Yo hace casi 20 años que no iba, de hecho la han cambiado de edificio y no la había visto por dentro, aunque tuve una época en la que iba cada semana y sacaba tres libros que era el máximo entonces (de esto hablaremos otro día, que da para mucho). Cuando cumplí 18 años y me marché a estudiar fuera la biblioteca quedó aparcada y después no me fue necesario regresar porque podía comprarme todos los libros que me apetecía leer y más tarde llegó mi adorado Kindle.

Sin embargo creo que la biblioteca es un lugar fundamental para la educación y la formación de Lara (como persona y como lectora) y allá que nos fuimos el sábado. Hemos solicitado su inscripción como socia y su carné y mientras tanto sacamos libros con mi carné que sí que seguía en vigor a pesar del tiempo transcurrido. Aunque ya le he comprado muchos libros a Lara creo que es fundamental que vaya aprendiendo a cuidar los de la biblioteca, a visitarla con frecuencia y a interactuar con los demás niños en un entorno diferente al habitual (guardería y parque) aunque me dio un poco de pena ver que no había ninguno ese día en la biblioteca.

En casa me siento con ella, elegimos un libro, va pasando las hojas y se lo leo y le hago todas las gracias y tonterías que se me ocurren. Ella, que es curiosa por naturaleza, no para de repetir "más, más" para que repita todas las chorradas que en nada aprende y entonces las hace ella.

Por cierto, el día que Lara vio estas tumbas ¡se volvió loca! quería meter la cuchara en ellas a toda costa ¡pero para darle de comer a mamá! no consintió probar ni pizca, pero con la galleta la armó porque la tiró por todos lados al meter la mano para sacar los gusanos ¡al menos le apetecía jugar con el postre!

Esta semana estoy intentando ponerme al día de visitas después de haber terminado las liquidaciones trimestrales ¡en nada estoy en vuestras cocinas! ¡Nos leemos la semana próxima! 

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 19 de octubre de 2017

Gofres integrales de calabaza


Esta semana parece que el otoño ¡al fin!  ha decidido tomar posesión de las calles y hacerse notar hasta en el último rincón de pueblos y cuidades. Reconozco que estoy encantada porque estar en pleno mes de octubre trabajando en tirantes no es lo más común, ni lo más apropiado ni francamente lo que más me apeteciera después del largo verano. 

Además comenzaba a estar un poquito cansada del frío del inicio y el final del día y el calor agobiante de las horas centrales que convertía la tarea de vestirse en lo más complicado del mundo. Y no me quejo por mí sino por Lara porque estaba un pelín desesperada porque tengo sus cajones llenos de jerséis bonitos que era impensable estrenar y la ropa más ligera comenzaba a estarnos peligrosamente estrecha, por no mencionar el trastorno que supone la diferencia de temperatura cuando entra en la guardería y cuando sale de ella. Cruzo los dedos para que el frío se instale con nosotros y podamos disfrutar de un bonito y muy lluvioso otoño ¡que buena falta nos hacen esas lluvias en todo el país! 

Como en mi cocina no hay otoño sin calabaza ya estaba tardando en compartir con vosotros estos deliciosos gofres. ¡Y vaya si he tardado! ¡un año completito! Estas maravillas salieron de mi horno el otoño pasado pero se quedaron esperando doce largos meses hasta que ha llegado el momento de publicarlos.

Hace un par de años me hice, como si la vida me fuera en ello, con unos moldes para preparar gofres en el horno en LIDL. Creo que si mi marido no aparece con ellos el día que los pusieron a la venta (porque LIDL le pilla al lado de su trabajo) me da algo y desde entonces han salido del armario las veces contadas (seguro que esto que estoy contando os suena a más de uno) ¡pero al menos han dado momentos bastante gloriosos! 

Ideas no me faltan, pero son tantísimas las cosas que quiero hacer que tengo dos opciones: hacer dos o tres postres por semana y acabar redonda (porque es un sacrilegio en casa tirar comida) o bien seguir con un postre (o dos si son más pequeños) por semana e ir pasito a pasito. Ser sólo dos en casa para atacar la repostería es lo que tiene. Además Lara no deja mucho tiempo libre y si es complicado reposterar no os quiero contar el proceso de fotografiar porque todo lo quiere, a todo le quiere meter mano y si no tira por un lado empuja por el otro...Si a esto le sumamos que empiezan los días grises y menos horas de luz ¡aqui tenemos a una madre trabajadora, repostera y bloguera! 

Con todo ya he publicado en el blog dos recetas de gofres en el horno. Los primeros fueron unos gofres básicos y sencillos que estaban buenos y a los que cualquier acompañamiento iba estupendamente. Después llegaron unos gofres de calabacín y chocolate un poco más sanos pero no por ello menos ricos que los ojitos se van detrás de ellos. Y hoy les toca el turno a estos hechos a base de calabaza... Es casi una secuencia lógica porque con lo que me gusta y el montón de recetas que ya tengo publicadas con ella ¡¿cómo no iba a intentar unos gofres?! 
 
El resultado del invento salta a la vista. Son unos gofres un poco más jugosos que los otros que he preparado en el horno y el olor que impregna la cocina al hornearse mezcla de calabaza y canela ¡es absolutamente brutal! 

Solos ya son una delicia pero combinados con caramelo (sí, sigo mi idilio con el caramelo) o con chocolate ¡son brutales! Templados y acompañadosde una bola de helado de vainilla ¡para ponerles un piso en plena Castellana! 

Si tenéis los moldes y os gusta la calabaza ¡estáis tardando en prepararlos y daros un homenaje otoñal en toda regla! y si no tenéis los moldes ya podéis estar atentas al folleto de LIDL para cuando los vuelvan a poner a la venta (también los venden otras marcas de repostería pero son  más caros) 

¡Vamos con la receta!


Ingredientes:

* 200 gramos de puré de calabaza
* 2 huevos
* 50 gramos de mantequilla
* 1 cucharadita de bicarbonato sódico
* 1 cucharadita de canela en polvo
* 180 gramos de harina integral 
* 50 gramos de miel
* 350 gramos de leche

Elaboración:

1. Derretimos la mantequilla en el microondas y la ponemos en la jarra de la batidora.

2. Añadimos el puré de calabaza, los huevos, la miel y la leche y batimos hasta obtener un líquido homogéneo y sin grumos.

3. Incorporamos la harina, el bicarbonato y la canela y volvemos a batir hasta que todo esté integrado.

4. Ponemos los moldes en la bandeja del horno y con ayuda de la jarra vertemos la masa e introducimos en el horno precalentado a 220º C y horneamos durante diez minutos.

5. Sacamos la bandeja y retiramos los moldes. La cubrimos con un papel sulfurizado. Desmoldamos los gofres (imprescindible guantes de cocina) y los colocamos en la bandeja con el dibujo hacia arriba. Bajamos la temperatura a 180ºC y los volvemos a introducir en el horno hasta que se dore un poquito la superficie. 

6. Cuando estén listos apagamos el horno, los sacamos y dejamos templar sobre una rejilla ¡y ya podemos disfrutar de ellos! 

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/gofres-integrales-de-calabaza

Los que sobren, que igual no son muchos, los guardáis en una lata o un tupper que cierre bien y los metéis en el frigorífico, que con las masas con frutas y verduras mejor no jugársela ¿verdad?

Antes de tomarlos un golpe de calor en el microondas y tendremos una merienda o un desayuno de lujo para afrontar todo lo que venga después con ganas y energía.

Os agradezco a todas vuestros comentarios y sugerencias para conseguir que Lara vaya saliendo de los purés y empiece a comer cosas sólidas. El método BLW o alimentación autorregulada por el bebé sí que lo conozco desde que estaba embarazada pero en primer lugar me daba miedo que la niña empezara a comer trozos tan pequeñita (le tengo pánico a que se atragante) y en segundo lugar para aplicar este método hay que tener mucho tiempo para preparar distintos alimentos con distintas técnicas cada día y por supuesto para ponérselo delante al bebé y esperar que coma y yo por desgracia no lo tengo (y en la guardería no lo aplican tampoco) 

La pediatra me ha dicho que le dé trozos de tortilla, de croquetas... para ver si así come. Y mi niña que es muy generosa cuando le damos trocitos de comida me los mete a mí en la boca. Igual piensa que mamá necesita comer más porque a mi marido no le da comida nunca ¡y se rebota un montón por eso! 

En lo que sí hemos avanzado es en el tema de comer solita. Se ha pasado casi desde que cumplió el año sin querer probar los yogures y ahora los pide pero quiere que se los pongas en la bandeja de la trona, le des una cuchara y se los come ella. El domingo pasado iba muy bien la cosa hasta que se cansó y antes de que pudiera reaccionar lo lanzó al suelo y pegó el yogur que quedaba (no mucho en realidad) dentro de su zapatilla de estar en casa (que se la había quitado a patadas) y por supuesto también esparcido por el suelo.

Tengo la esperanza de que poco a poco pida más cosas porque también se come trocitos de fruta (una cantidad igual o inferior al tamaño de un dedal, que abusar no abusa) cuando ve que yo como. Con todo cumplió 20 meses el martes y pesa más de 14 kilos y medio, que mal nutrida no está ¿eh? pero es muy cómoda para comer.

A ver si en breve os puedo contar más avances. Me despido por esta semana, que seguimos en plena liquidación de impuestos y voy un poco justa con las visitas a vuestros blogs.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 12 de octubre de 2017

Batatas asadas con azúcar y canela

A estas alturas creo que nadie que siga con cierta asiduidad mi blog ignora que el otoño me encanta. Soy una Autumn Divine como me gusta llamarme desde hace ya algunos años y si fuera posible mi calendario detendría sus páginas en estos días.

Disfruto muchísimo con la llegada de temperaturas más bajas, cielos plomizos, las primeras lluvias (que este año por desgracia se están haciendo de rogar de nuevo) y sobre todo con el cambio de color de las hojas de los árboles y su caída. Para mí es un auténtico lujo poder pisar una alfombra de hojas al salir de casa o cuando voy al parque con Lara. Si pudiera las metería todas en bolsas y me las llevaría a casa aunque sospecho en primer lugar que a mi marido no le iba a hacer gracia y en segundo lugar que podría acabar en un síndrome de Diógenes, muy otoñal eso sí, pero bastante poco higiénico. 

También me encantan todas las frutas y frutos que nos regala esta estación desde las calabazas a las castañas, chirimoyas, setas, membrillos, caquis, nueces, moras, manzanas... es una época llena de olores intensos y colores para disfrutar.


Hoy dejo que el otoño se cuele con sus colores y sus frutos en mi blog y a pesar de ser festivo y probablemente los más afortunados disfrutéis de puente (yo mañana estaré en la oficina liquidando impuestos como si el mundo terminase en unas horas) no podía faltar a nuestra cita de los jueves y comparto una receta que ni sé siquiera si podemos llamar receta porque no tiene misterio alguno pero quería que estuviera en mi cocina no sólo porque evoca esta estación sino porque alberga muchos gratos recuerdos para mí.

La primera receta con batatas que publiqué en el blog fue en 2015 estando embarazada de Lara. Hasta ese año las batatas (o boniatos) no eran algo que me llamasen especialmente la atención a pesar de haber formado parte de mi vida desde siempre.

En cuanto los días empezaban a acortar mi madre y mi abuela Magdalena (su madre) compraban batatas y las cocían en la olla expres. Después las pelaban y las espolvoreaban con azúcar y canela. Ese era el postre de las comidas y las cenas de los otoños de mi infancia. 

Aunque alguna vez las probé porque yo siempre he sido de abrir estupendamente la boca pero no fue algo que me gustase y nunca las comía. Estando embarazada se me ocurrió que quería repostear con batatas (mi marido decía que eso era un antojo) y el idilio con estos tubérculos llega hasta hoy ¡y por mucho tiempo más! 

La única diferencia con las batatas de mi infancia es que en lugar de hacerlas cocidas yo las hago asadas. Hay gente que las lleva a los hornos de las panaderías para asarlas o bien las compra ya asadas en la frutería y están igual de buenas pero yo prefiero comprar unas cuantas y asarlas en casa. De acuerdo que el precio de la luz no está para tirar cohetes pero para asar una vez al año aún nos llega (además de que me encanta aprovechar las horas de la tarifa nocturna para tales menesteres)

Una vez asadas podemos comerlas (tras pelarlas previamente) o bien chafarlas con un tenedor y hacerlas puré con el que preparar otras recetas y que además se puede congelar perfectamente. Por eso merece la pena asar varias batatas a la vez porque así nos aprovisionamos para todo el otoño o para disfrutar de estos tubérculos cuando ya no es temporada.

Si necesitáis ideas para dar salida al puré podéis echar un vistazo a las recetas de la crema, el bizcocho o los muffins o tirar de recetas con calabaza y sustituir esta por batata ¡será un acierto seguro!

Como es día de fiesta no me lío más que seguro tenéis planes para disfrutar en familia o con amigos o en todo caso en la compañía de un buen libro o una buena película. Y si no siempre es un buen momento para meterse en la cocina y preparar algo rico.

Os dejo con la receta, que es tan sencilla que ni receta se puede llamar pero siempre viene bien tener a mano cómo asar batatas ¿no?

Ingredientes:

* Batatas
* Azúcar
* Canela en polvo

Elaboración:

1. Lavamos las batatas si tienen restos de tierra (por lo general suelen venderlas ya lavadas pero igual alguna disfrutáis de batatas de vuestro huerto o de un huerto vecino) y las secamos.

2. Las envolvemos en papel de aluminio y las colocamos en la bandeja del horno. Yo os aconsejo asar varias batatas a la vez porque si no el gasto energético no compensa.

3. Introducimos la bandeja en el horno precalentado a 200º C y horneamos hasta que al clavar un cuchillo en la batata este la atraviese con facilidad. 

El tiempo depende fundamentalmente del grosor de las batatas por lo que os aconsejo comprarlas de un tamaño y grosor similar, pero aproximadamente oscilará entre una hora y hora y media ¡por eso os decía que no merece la pena asar una única batata! 

4. Cuando se enfríen les quitamos el papel de aluminio y las pelamos. No lo hagáis mientras están calientes porque os vais a abrasar los dedos y no merece la pena ya que frías también pelan muy bien. Ayudaos con un cuchillo para levantar la piel y tirar ¡tardaréis muy poco!

No olvidéis eliminar cualquier nudo que puedan tener estos tubérculos.

5. Una vez frías y peladas partimos las batatas en rodajas de aproximadamente un centímetro de grosor y las espolvoreamos con azúcar y canela por encima.

Esperamos unos minutos antes de comer para que el azúcar se disuelva un poquito ¡una delicia!

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/batatas-asadas-con-azucar-y-canela

Mi consejo es que las que no vayáis a consumir no las espolvoreéis porque el azúcar acabará disolviéndose, pero tampoco pasa nada porque se hace un almíbar.


Las podéis conservar en el frigorífico unos cuantos días partidas dentro de un cacharro que tape bien.

Evidentemente si las dejáis enteras, con la piel y envueltas en el papel de aluminio os van a aguantar más que si las peláis y las partís ¡tenedlo en cuenta!

Con esta receta participo en el reto Recetas de aquí y de allá que promueve mi gran amiga Marisa del blog Thermofan junto con Sergio del blog SergioRecetas. Una estupenda iniciativa de la que formar parte para que no se pierdan las recetas de toda la vida.


Lara por supuesto no las ha probado y les pone cara extraña si se las ofreces. En contra de lo que pueda parecer al ver sus fotos no es en absoluto buena para comer, lo que pasa es que yo soy muy buena para insistir y si tenemos que estar una hora para que se coma el puré la estamos.

Además no quiere nada sólido. Salvo gusanitos no consiente llevarse otra cosa a la boca y mira que yo lo intento desde que empezó a comer que ya le daba trocitos de fruta hace dos veranos que ni dientes tenía pero se niega en redondo. Me veo haciéndole puré durante muchos años más ¡qué aburrimiento!

Si se os ocurre algo para avanzar en el tema de la comida estoy abierta a todas las sugerencias posibles ¡nos leemos la próxima semana!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 5 de octubre de 2017

Cheesecake con arándanos

Septiembre tardó una eternidad en llegar y se ha marchado en un suspiro. A veces me gustaría poder conseguir que este mes durase un poquito más pero no es posible y el domingo dimos la bienvenida a Octubre que no es que me guste menos, que me encanta porque sus días pintan más de ocre los árboles, pero es que cuando llega este mes el tiempo se embala y en nada estamos estrenando un nuevo año.

Esta semana no tenía muy claro qué receta publicar ¿me meto de lleno en recetas otoñales? ¿saco alguna receta más de la reserva para que no se pongan muy viejas? ¿qué tipo de postre no he publicado en septiembre y debería tocarle?

Y en ese mar de dudas aparece entre los pendientes esta maravillosísima tarta de queso con arándanos que preparé la pasada primavera y al final se quedó en pendientes porque empezó a hacer mucho calor y me pareció más adecuado reservarla hasta el otoño.

Además hoy es el día casi perfecto porque ayer 4 de Octubre fue San Francisco de Asís y aunque no soy yo muy amiga de santos y onomásticas este día siempre ha sido importante en casa porque en la familia de mi padre es el nombre familiar por excelencia y en todas las generaciones hay varios Franciscos (y alguna que otra Francisca aunque ellas lleven con menos orgullo y gusto el nombre) Así que para celebrar, aunque sea virtualmente, el santo de mi papi hoy comparto esta maravilla de tarta de queso.

Sé que siempre que publico una tarta de queso digo es que es espectacular, una maravilla, que no os la podéis perder ¡y es que siempre es cierto! y no sólo porque yo sea muy fan de las tartas de queso (obsesión que salta a la vista si echáis un vistazo al índice de recetas publicadas en el blog) pero es que esta...¡esta es de las mejores tartas que he probado en mi vida!


Sin duda alguna la incluyo en el TOP TEN de mis recetas predilectas... No, no, no... esperad... en el TOP TEN no, mejor en el TOP FIVE porque os aseguro se ha colado muy arriba en mi lista. Es una adaptación de una receta de Lorraine Pascale que vi en un programa de Canal Cocina Lorraine: Cocinera a domicilio y que después versionaron varias compañeras bloggers participantes en el reto Lok@s por Lorraine (y que me encantaría se retomase)

Como todas las tartas de queso pasó a mi lista de pendientes y por un lado me alegro de que ya le llegara el tiempo de ser preparada y por otro me tiro de los pelos por no haberla hecho antes porque he estado un buen tiempo perdiéndome esta delicia.

Ya sabéis que el "inconveniente" de tener un blog es que entras en una espiral en la que cada semana vas probando nuevas recetas para seguir teniendo material que publicar y compartir y que hay recetas que te han encantado pero pasan años y años y años y no repites a pesar de que alguno en casa te lo echa en cara ¡seguro que todos entendéis de qué os hablo!

Tengo la esperanza de repetir esta maravilla, aunque sea con una cobertura o añadiéndole algún ingrediente a la masa porque os aseguro que bien lo merece. La textura es absolutamente increíble, suave, cremosa, muy rica... ya os digo que es de las mejores que he preparado y comido nunca.

Confesaré que tenía ciertas dudas sobre el proceso de horneado, especialmente recelaba de dejarla una hora en el horno a puerta cerrada tras hornearse, pero esta vez he seguido este paso al pie de la letra ¡y no sabéis lo que me alegro! No sé si la textura sería o no igual si hubiera entreabierto la puerta como hago siempre, lo que tengo claro es que siempre que la repita la haré igual.


No obstante he hecho algunas adaptaciones como sustituir el queso ricotta por requesón porque cuando la preparé no había ricotta en el supermercado. A veces en LIDL ponen a la venta ricotta, por si os interesa, pero ya os digo que con requesón funciona bastante bien.

En cuanto a la cobertura esta vez la hice bastante sencilla. Le puse unos arándanos desecados (más para hacer bonito en las fotos que por motivos culinarios) y fue un acierto porque no hay nada que enmascare el sabor de la tarta.

Por otro lado ya os aseguro que uno que yo me sé y cuyo nombre no señalaremos le puso sirope de chocolate, crema de chocolate y avellanas y sirope de caramelo y estaba absolutamente espectacular con todas y cada una de las coberturas. Mi lado goloso es menos marcado (o al menos menos empalagoso) y por eso un día le puse mermelada de cerezas y estaba impresionante. En resumen ¡ponle la cobertura que quieras o déjala sin cobertura que la comas como la comas es una pasada de tarta!


Y si a estas alturas no te he convencido ni tampoco lo han hecho las fotos ¡échale un último vistazo a este trocito que tenía guardado para ti a ver si te animas!

Ahora te dejo la receta y espero que entre no sólo en tu lista de pendientes sino también en tu lista de favoritas.








Por cierto, el molde que he utilizado es de 22 centímetros para que os quede la tarta con esa altura y los tiempos de horneado sean adecuados. Evidentemente un molde dos centímetros más grande o más pequeño no va a suponer un gran cambio pero si utilizáis un molde de 15 o de 26 centímetros tendréis que adaptar los tiempos de horno.


Y ahora sí vamos con la receta.

Ingredientes:

* Un rulo de galletas tipo María
* 100 gramos de mantequilla
* 600 gramos de queso crema (que no sea light)
* 200 gramos de requesón
* 200 ml de nata para montar (35% m.g.)
* 125 gramos de azúcar
* 3 huevos
* 1 cucharadita de esencia o pasta de vainilla
* Dos cucharadas y media de harina de maíz (maicena)
* Arándanos o frutos rojos a vuestro gusto para decorar

Elaboración:

1. En primer lugar picamos las galletas con la picadora o introduciéndolas en una bolsa y aplástándolas con el rodillo hasta reducirlas a polvo.

2. Derretimos la mantequilla en el microondas o al baño maría, la vertemos sobre las galletas y mezclamos bien.

3. Vertemos la masa en la base del molde (desmoldable) que vayamos a utilizar y con ayuda de una cuchara o de un rodillo cubrimos y compactamos bien. Podemos hacer un poquito de borde por los lados si nos gusta. Reservamos en la nevera mientras preparamos el relleno.

4. El un bol amplio ponemos el queso, el requesón y el azúcar y batimos hasta que queden cremosos. Es fundamental que estén a temperatura ambiente para que nos resulte sencillo.

5. Añadimos la nata y la vainilla y mezclamos hasta integrar.

6. A continuación vamos incorporando los huevos de uno en uno y no ponemos el siguiente hasta que el anterior no esté bien integrado.

7. Por último añadimos la maicena y mezclamos lo justo para integrar ya que no queremos añadir aire en exceso a nuestro relleno para evitar que se agriete.

8. Sacamos el molde del frigorífico y vertemos el relleno. Alisamos la superficie con ayuda de una espátula.

9. Introducimos en el horno precalentado a 170º C y horneamos durante unos 50-55 minutos.

10. Pasado ese tiempo apagamos el horno y dejamos la tarta dentro con la puerta cerrada durante una hora.

11. Transcurrida la hora abrimos el horno, sacamos la tarta y dejamos enfriar por completo sobre una rejilla.

12. Cuando esté fría la desmoldamos, cubrimos con un film transparente y la metemos en el frigorífico para que termine de asentarse.

13. Antes de servir decoramos con arándanos, con  frutos rojos o con lo que tengamos en casa.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/cheesecake-con-arandanos

Permitidme insistir en lo rica que está esta tarta de queso pero es de esas recetas que si pudiera mandaba un trocito a cada uno de mis seguidores para que vean que realmente merece la pena hacerla porque es uno de esos postres que cuando pruebas te deja sin palabras.


Y por supuesto como buena cheesecake con cada día que pasa en la nevera más asentada y rica está ¡no sabéis las ganas tan tremendas que tengo de repetirla al escribir la entrada de hoy! y es que este corte lo dice todo ¿no?

Llegados a este punto es el momento de Las Crónicas de Lara cuyo nombre ha sido aclamado popularmente y así se queda. Ya no solo tengo la niña más famosa de la blogosfera sino que además tiene su propia sección ¡ríete tú de los niños de la Pantoja en su época!

Quiero alegar en defensa de mi pequeña que si hubo que llegar a lavar las cortinas la otra semana no fue por su culpa sino más bien por la de mi señor costillo que cuando la niña se puso a vomitar (en el sofá) en lugar de dejarla tranquilita porque total ya había que lavarlo y limpiarlo la cogió en brazos y empezó a llevarla de un lugar para otro propiciando que no sólo hubiera que limpiar el sofá.

A día de hoy sigue sin entender mi mosqueo y asegura que soy una maniática que creo que sólo lo que yo hago está bien. Sin comentarios. Porque fui yo la que tuvo que limpiar, lavar y fregar todo el estropicio.

Esta semana estamos más o menos bien. Y digo más o menos porque algunos mocos asoman de cuando en cuando y el domingo por la tarde le dio la tos mientras dormía la siesta y vomitó parte de los peluches que tiene en su cama pero eso lo solucioné rápidamente poniendo un par de lavadoras. Por cierto he descubierto que una vez secos los peluches lo mejor para que se queden esponjosos y suaves es pasarles "con ganas" un cepillo de bebé, de esos que compramos para los primeros meses para que no se les hagan costras en la cabecita. ¡Se quedan mejor que nuevos!

Espero no haberme extendido mucho en la entrada de hoy pero si me ponéis a hablar de una tarta de queso y después de mi gordita (amén de que yo no necesito mucha cuerda para hablar y hablar) ¡salen estas entradas interminables!

Antes de despedirme os quiero decir que si no me veis por vuestras cocinas no es por falta de ganas sino porque estoy un pelín liada con las liquidaciones trimestrales de impuestos, pero en un para de semanas espero tenerlo resuelto y comentar "a tiempo"

¡Nos leemos la próxima semana!

 Manos a la masa y ¡bon appétit!