jueves, 28 de septiembre de 2017

Muffins de moras

Esta es la primera receta del otoño ¡qué ganas tenía de que llegase esta estación! y aunque el tiempo sigue siendo cálido ya se notan los días más cortos y las noches más fresquitas ¿verdad? Combinación sublime para ir pescando resfriados especialmente si sales temprano de casa.

Mi hija Lara es una especialista en esto pero aún no es el momento de Las Crónicas de Lara ( bautizadas así por mi queridísima Nuria del blog El cuaderno de recetas)  sino que toca hablar de la receta de hoy.

Desde que abrí el blog me entraron unas ganas tremendas de preparar algo con moras. Oye toda la vida con una morera en la puerta de casa y con zarzas a un tiro de piedra y yo haciendo caso omiso de ellas. Y fue llegar por estos lares y ver los postres tan bonitos que se pueden hacer ¡y querer preparar algo a toda costa!  Pero la naturaleza no está a merced de mis antojos y hay que esperar a que llegue la temporada de cada fruta.

A principios de semana estaba repasando las recetas que tengo en borradores (porque aquí la señora ha estado de feria y el finde pasado la cocina fue una habitación clausurada de mi casa) y de repente me topé con estos muffins que yo juraría que estaban publicados porque nos encantaron y me encuentro con que más de dos años después no han visto aún la luz.


Las fotos son más que básicas pero la receta era tan buena que me he negado a que siguiera esperando ni una semana más para ser publicada. Y no es que este año no haya moras, que las hay, pero estoy tan perezosa para todo que ni siquiera he ido una sola tarde a recoger ¡es casi un delito! A ver si me animo y este finde nos acercamos un ratito y nos venimos con un buen botín.

Cuando los hice tenía clarísimo que iba a preparar unos muffins de moras, me apetecía mucho, mucho, mucho, pero quería que el sabor fuera intenso a frutos rojos así que me decidí a usar yogur y zumo de frutos rojos inventándome la receta a mi antojo. Ahora ya me defiendo en estas lides pero entonces... entonces era otro cantar, aunque por algún lado hay que empezar ¿no?

Mi miedo empezó cuando la masa adquirió un color entre violeta y gris sucio (porque el yogur de frutos del bosque tiene ese color indefinido que a mí me parece que no le hace mucho favor). Muy apetecible no era y os aseguro que invitaba a tirar la toalla y la masa por el fregadero (prueba de mi decepción es que se me olvidó pasar las moras por harina y se fueron casi todas al fondo de los muffins al hornearlos) pero ya que estaba todo hecho y sólo faltaba hornear ¿por qué no probar?

¡Pues menos mal que probé! Porque los muffins quedaron muy ricos y yo muy contenta con este primer experimento con masas a mi libre albedrío.

Al ver las fotos pienso que cuando los repita es posible que pueda levantarles más copete o hacer que las moras se queden repartidas. Sin embargo no son más que detalles estéticos porque de sabor van a seguir siendo igual de ricos.

Además la miga es muy jugosa y con tantas moras en su interior es una gozada comerse uno de ellos en el desayuno ¡o en cualquier momento del día!

Si vosotros habéis sido menos perezosos que yo y habéis salido a recoger moras (o arándanos o frambuesas que también le irían de lujo a estos muffins) y estáis buscando una receta para darles salida ¡no dejéis de preparar estos muffins que aunque tengan un color como sucio antes de hornearse una vez fuera del horno son una delicia.



¡Vamos con la receta!

Ingredientes:

* 230 gramos de harina para repostería
* 150 gramos de azúcar
* Un sobre de levadura química (16 gramos)
* 250 gramos de yogur de frutos del bosque o frutos rojos (yo usé uno que tiene trozos pequeños de fruta)
* 80 gramos de aceite de girasol (sí, gramos, hay que pesarlo)
* 50 gramos de zumo de frutos rojos (yo usé uno de LIDL, que está en la zona de refrigerados, pero podéis encontrar en todos los supermercados)
* Dos huevos
* 175 gramos de moras (yo puse 230-240 gramos de moras que eran las que me quedaban en casa y los muffins estaban repletos de moras, pero si tenéis menos cantidad con unas poquitas menos también estarán muy buenos)

Elaboración:

1. En un bol ponemos los ingredientes secos (harina, azúcar y levadura) y mezclamos.

2. En otro bol ponemos los ingredientes húmedos (yogur, aceite, zumo y huevos) y los batimos.

3. Juntamos los ingredientes húmedos con los secos y los mezclamos. Lo ideal es hacerlo con una cuchara de madera o una espátula, con movimientos envolventes y hacerlo en el mínimo de movimientos para meter poco aire en la mezcla. La clave para un buen muffin está en mezclar y no en batir.

4. Por último añadimos a las moras lavadas y secas un par de cucharaditas de harina y mezclamos bien y las incorporamos a la masa de los muffins y las esparcimos bien por toda la masa. No os olvideis de la harina, que a mí me pasó y al hornearse se fueron todas las moras al fondo ¡y mira que había moras por muffin!

5. Ponemos las cápsulas de papel en nuestra bandeja para muffins y con ayuda de una cuchara para helados vamos llenándolas (a mí me gusta llenarlas casi hasta el borde, os aseguro que no se desbordan)

6. Introducimos en el horno precalentado a 190 º C y horneamos durante 7-10 minutos. Después bajamos a 180º C hasta que los muffins lleven en el horno 25 minutos en total. Comprobad siempre el estado de la masa pinchando con un palillo.

7. Dejamos unos cinco minutos en el horno con la puerta entreabierta para que se templen y a continuación los sacamos o les abrimos la puerta completamente y pasados otros cinco minutos desmoldamos y dejamos enfriar sobre una rejilla.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/muffins-de-moras

Como podéis leer son unos muffins muy fáciles de hacer y que se conservan perfectamente guardados en una lata o un tupper que cierren bien ¡y metidos en el frigorífico! Sí, ya sé, ahora parece que hace menos calor, pero siempre os aconsejo que no os la juguéis con las masas que tienen fruta fresca que se ponen malas antes de lo que podamos pensar.

Ahora ya sí que ha llegado el momento de Las crónicas de Lara. Muchos de vosotros la habéis visto por Instagram en los últimos días y sabéis que la pasada semana estuvimos de feria en el pueblo. Decidimos inaugurar una tradición familiar saliendo a desayunar churros y visitando después la feria de muestras. Hasta hace unos años nos tomábamos los churros después de una noche de fiesta y ahora hemos pasado a ser una familia "decente" que se levanta para salir a desayunar en lugar de desayunar y acostarse ja ja ja

Hay un tiempo para todo y el de turronera a mí me pasó hace ya algunos años, no sólo desde que Lara nació. La pobre ha estado malita, con muchos mocos y un poquito de tos por el atasco. El problema está en que mocos atascados + tos ha dado como resultado vomitar, a cualquier hora y en cualquier lugar (como el coche de mamá camino de la feria y por tanto nos obligó a volver a casa y volver a pasar por chapa y pintura)

Por lo demás ella se lo ha pasado genial. Al principio le daba miedo tanto ruido y tantas luces pero de momento se hizo a ello y lo difícil era llevársela de la feria. La pobre es muy buena y no pide nada. Le gustan los cacharritos pero sólo verlos, las luces, la música... no hemos insistido para que suba en ninguno ¡ya habrá tiempo de ello!

Le hemos comprado cuatro chorradas típicas de estos saraos pero más por nosotros que por ella que sólo se enamoró de un conejo de peluche tremendamente suave y que ya lo querría yo para mí. Cruzo los dedos para que sus resfriados de este curso sean suaves y que por favor, por favor, por favor no vengan acompañados de vómitos que el viernes tuve que lavar hasta las cortinas del salón.

No acabo con mucho glamour la entrada de hoy porque hablar de vómitos no incita a preparar ningún postre, pero como mi cocina virtual es un fiel reflejo de la vida al otro lado de la pantalla los mocos y los vómitos se llevan mucho en la temporada otoño-invierno (de cualquier año) si tienes peques en casa.

Sed felices, disfrutad de la nueva estación y nos leemos la semana que viene

Manos a la masa y ¡bon appétit!



jueves, 21 de septiembre de 2017

Pudin de chía y batido

Los superalimentos están de moda. Y la chía es uno de ellos. 

Ya he contado varias veces que suelo huir de los alimentos que por una razón u otra se ponen de moda. Pero es que yo, como buena corredora, había incluído la chía en mi dieta habitual desde hace bastante tiempo. Si encuentro un alimento rico en proteínas, calcio, fibra, ácidos esenciales omega 3, antioxidantes, con efecto saciante y que además retrasa la rapidez con la que nuestro cuerpo transforma los hidratos en azúcares simples controlando así el nivel de azúcar en sangre ¿cómo no se va a convertir en fijo en mi dieta? 

Pero ¡ojo!  que nadie se llame a engaños, que por muy buena que sea la chía no es la panacea para todos los males del mundo en general ni para ayudarnos a mantenernos sanos y delgados en particular. La chía, si no es dentro de una dieta equilibrada, milagros no es capaz de obrar. Que una cucharadita de estas semillas no nos permite ponernos ciegos a jamón y chorizo a lo largo del día.

Tampoco es aconsejable abusar de estas semillas, que los excesos, aunque sean con un alimento muy sano (lo de superalimentos me da risa, en serio) nunca son aconsejables.
Lo que no había hecho hasta el momento es preparar un postre con ella. Siempre tomo una cucharadita con el yogur o con los cereales, pero un postre en sí no lo había preparado.

Sin embargo tenía en el frigorífico rodando un batido que mi marido compró en LIDL y que ahí seguía dando vueltas (no me explico por qué lo compró si nosotros nunca tomamos batido) y me acordé que había visto preparar pudin con leche y semillas de chía así que vi el cielo abierto para darle salida.

Este postre es uno de los más fáciles que he preparado en mi vida y posiblemente uno de los más saludables también. No hay duda de que no es EL POSTRE, ese que se escribe con mayúsculas porque deja encandilado a todo aquel que lo prueba, pero si nos cuesta renunciar al postre es el ideal para poder darnos ese capricho.

Muchísimas veces bromeamos acerca de los kilos de más y de estar por encima de las operaciones biquini o post navidad. Sin embargo el tema del peso no es una mera cuestión frívola y de estética sino que redunda en nuestra salud y a largo plazo nos puede acarrear serios problemas. Igual que es poco sano obsesionarse con conseguir un peso demasiado bajo y luchar por alcanzarlo a cualquier precio es igual de poco sano pasar del tema y alegar que da igual una talla que otra y seguir acumulando kilos con cada año que pasa.

Lo fundamental no es caer en dietas poco realistas y que difícilmente podemos mantener a lo largo del tiempo, sino encontrar la manera sana y equilibrada de comer, sin excesos y abusando solamente "de lo verde" ¡y ni eso! Es más fácil de decir que de hacer, lo sé, porque lo vivo en carnes propias y después de un mes relajado y sin medir demasiado lo que como ni a qué horas lo como la báscula y yo hemos dejado de hablarnos.

Ahora toca pagar esos excesos y retomar la eterna vida de privaciones. Para ello es perfecto este pudin que además tiene un toque chocolateado que te pinta una sonrisa en la cara al saber que te estás cuidando pero el postre está rico.

Si nunca habéis tomado chía y os preguntáis por la textura pues se parece bastante a unas natillas. Está espeso, las semillas no se notan, no están crujientes sino que son como bolitas de gelatina.

No es tampoco un postre excesivamente dulce. Lo justo que le aporta el batido. Os recomiento no obstante que antes de pasarlo a los vasitos lo probéis por si os apetece añadir azúcar ¡que esto va al gusto del consumidor!

Además de como postre lo podemos tomar por la mañana acompañado de fruta o una tostada y tenemos un desayuno completo. También como merienda o incluso a media mañana porque nos ayudará a saciar el hambre y llegar a la hora de la comida sin un apetito voraz.

Si tenéis curiosidad os animo a que lo probéis. No es el postre más rico del mundo ¡pero merece la pena y nos ayuda a cuidarnos!

Además se prepara en un abrir de ojos y por supuesto hay que dejarlo hecho con antelación ¡no hay excusas para no hacerlo aunque sea una vez en la vida!

A mí sí que me ha gustado bastante porque siempre ando con el chip "healthy" encendido (y cuando lo apago pasa lo que pasa) A mi marido le ha sabido a poco pero es que él es muchísimo más dulcero y goloso y tiene unas exigencias de azúcar mucho más elevadas (muy a mi pesar y a pesar de mis advertencias)

Os invito a un vasito (que seguro os da el empujoncito para animaros a prepararla) mientras os doy la receta, si es que se la puede llamar así, ¡os aseguro que se tarda más en escribirla que en prepararla!



Ingredientes:

* 80 gramos de semillas de chía
* 500 ml de batido de chocolate con sabor a brownie
* 2 cucharaditas de cacao en polvo
* Media cucharadita de canela

Elaboración:

1. En un bol amplio ponemos las semillas de chía y les añadimos el batido.

2. Removemos para que las semillas se mezclen bien con el líquido y dejamos reposar hora y media.

3. Pasado este tiempo vertemos en los vasitos o en los boles en los que vayamos a presentar, tapamos y metemos en el frigorífico. A poder ser dejamos reposar de un día para otro, o en todo caso al menos seis horas.

4. Antes de servir mezclamos el cacao con la canela y espolvoreamos la superficie de nuestros vasitos. También podemos servir sin espolvorear que están muy ricos solos.

 https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/pudin-de-chia-y-batido

Con estas cantidades me dio para cinco vasitos. Se conservaron muy bien aunque en menos de 72 horas no quedaba ninguno.

Si no tenéis batido lo sustituís por leche con cacao y tan ricamente, o la podéis aromatizar con alguna esencia que tengáis en casa y que os guste.

No me enrollo más que soy una afortunada que mañana tiene día de fiesta y en breve estoy camino a casa.

Lara está recuperada de su resfriado ¡a ver cuándo las temperaturas se estabilizan que con el frío matutino y el calor de la tarde no hay quien se libre!Porque los mocos vuelven a aparecer y a mí me da pánico...

Nos leemos la próxima semana

Manos a la masa y ¡bon appétit!


jueves, 14 de septiembre de 2017

Risotto de cítricos y chocolate blanco

No hay duda de que Septiembre ha hecho que todos regresemos a la blogosfera con fuerza, contentos de reencontrarnos con los viejos conocidos, deseando dar la bienvenida a nuestras cocinas a nuevos compañeros con los que compartir esta pasión y de los que aprender mucho y deseosos de enseñar todo lo que hemos cocinado estos meses (en mi caso más bien en los últimos días, ya sabéis lo vaga que he estado este verano)

Y en medio de la algarabía, la emoción, la excitación de la nueva temporada y los miles y miles de buenos propósitos (en la vida virtual y en la real) llega la voz de la verdad (absoluta, aplastante y certera) de manos de mi amiga Olga que me comenta que todos llegamos a Septiembre con las pilas a tope pero ¡a ver cuánto nos dura! Y yo no tengo más que darle la razón porque cuando se acaba el verano todos tenemos buenísimas intenciones para intentar enmendar un año que igual va más torcido o más perezoso de lo que nos propusimos en enero, pero antes de que llegue octubre hemos ido dejando por el camino la mitad de las buenas intenciones. Es como en navidad, que antes de que llegue mi cumpleaños (el 19 de enero) los propósitos de año nuevo los hemos lanzado por la ventana.

Yo voy a intentar dosificar el chute de energía e inspiración que me ha dado la vuelta a los fogones virtuales y estoy plasmando en los fogones reales a ver si cojo buen ritmo y os traigo postres novedosos, ricos y todo lo sano que pueda ser un postre. 

Para nada espera el revuelo que se armó la semana pasada con el bizcocho de berenjena aunque es normal porque utilizarla en repostería no es nada común (hasta el momento, a ver la que armamos entre todos con la berenjena a partir de ahora) Esta semana he elegido un postre más tradicional en lo que a ingredientes se refiere pero que también llama la atención porque queda muy bonito presentado y porque es sabor es espectacular. 

Este risotto ha nacido gracias a ABCRice una empresa valenciana de arroces que a principios de verano se puso en contacto conmigo para informarme que habían convocado un concurso e invitarme, si me apetecía, a participar en él.

Como el plazo era amplio me animé a participar pensando que a lo largo del verano podría preparar distintas recetas. Pero los días iban pasando y yo era incapaz de sacudirme la pereza de encima y aunque tenía varias ideas para el concurso no encontraba el momento de meterme en la cocina. 

Al final con la llegada de septiembre y con el tiempo en mi contra me puse como una loca a cocinar y surgió este risotto dulce con el que participo en el concurso de ABC Rice cuyo sabor fue mucho mejor de lo esperado. Es de esas recetas que se te ocurren pero no acabas de saber si el sabor o la textura puede funcionar y sin embargo te enamora al primer bocado. 

Mi idea inicial fue prepararlo con naranja confitada, pero cuando me puse ¡no quedaba! No me puedo creer que mi propósito de vaciar los armarios (que también comparto con mi queridísima Olga) esté dando sus frutos, aunque reconozco que en ese momento me fastidió bastante porque me rompía totalmente los esquemas. 

Tiré de cáscara de cidra confitada y no os podéis imaginar lo contenta que estoy con el resultado ¡benditos imprevistos! al menos benditos los que te obligan a tomar decisiones que hacen redonda una receta porque hay otros que no ayudan.

De todos modos confesaré que hacer el risotto me costó más de lo que pueda parecer porque la primera leche que puse a calentar rompió a hervir y se pegó al fondo de la cazuela obligándome a empezar de nuevo. Ya no me moví de la cocina, pero la receta empezó torcida y yo no daba un duro porque el resultado fuera bueno ¡lo que me equivocaba! 

También me fastidió un poco que mi marido dijera (antes de probarlo) que esto no era risotto, que esto era arroz con leche "con cosas" y que me dejara de nombres extraños. Cuando lo probó comprobó que efectivamente esto no es arroz con leche al uso ni por la textura ni por el sabor.

Así que por favor que nadie me venga a decir que no le gusta el arroz con leche y que este postre no es para él. Porque os aseguro que este risotto sabe a chocolate blanco y a cítrico y si no miras no sabes que estás comiendo arroz ¡palabra! 

Tiene el punto justo de dulzor y de toque cítrico lo que hace que sea un postre untuoso pero ligero de tomar, que no empalaga ni sacia en exceso y que apetece terminarse. Es una opción muy interesante para terminar comidas o reuniones familiares porque aunque os dirán "pero si es sólo arroz con leche" cuando lo prueben que cambian de idea seguro.

Sin embargo la receta tiene una pega ¡que sólo salen cuatro raciones! Me dio justo para los cuatro boles que veis en las fotografías y se acabaron rápidamente. Igual no es un pero sino un pro a estas alturas en las que todo el mundo se olvidó de la operación bikini el primer día de playa y se hizo fijo en el chiringuito y ahora intenta redimir su conciencia en Septiembre.

La dificultad es nula, aunque requiere que estemos pendientes de la cazuela porque si no se nos acaba pegando y la leche o el arroz quemados no están nada ricos, os lo aseguro, pero bien merece estar un ratito en la cocina espátula o varilla en mano.

Otra ventaja es que no necesita horno así que ya sea verano o invierno podemos disfrutar de este risotto que además nos permite (y casi, casi nos pide) prepararlo con antelación y dejarlo reposando en el frigorífico para que la cidra desprenda su toque cítrico.

Si os lo estáis preguntando la cidra no se reblande sino que sigue estando firme al menos 48 horas después de prepararlo que es lo más que duró en casa.

Por las fotos puede parecer que el postre es un poquito caldoso pero no lo es. Lo que pasa es que al tenerlos un ratito a temperatura ambiente (y más con el calor que sigue haciendo en Septiembre) el chocolate se vuelve más líquido y queda en la superficie. Por eso recomiendo sacarlos del frigorífico unos diez minutos antes de servir y que antes de llevar a la mesa lo remováis ligeramente para que el chocolate se reparta de manera uniforme.


De hecho en las fotos se ve que al principio estaban más "secos" y al final estaban más líquidos aunque pueda parecer lo contrario.

Os animo a que lo preparéis en casa y comprobéis por vosotros mismos lo rico que está. Si os gusta el arroz con leche os va a encantar y si no os gusta ¡no os preocupéis! que es un postre diferente y en todo caso ¡en esta vida hay que probarlo todo (o casi)! 

Si acaso os invito a este bol y comparto la receta con vosotros


Ingredientes:

* 500 ml de leche + 100 ml extra por si fuera necesario añadirle a lo largo de la cocción del arroz
* 100 gramos de arroz Carnaroli de ABC Rice
* 45 gramos de azúcar
* 50 gramos de chocolate blanco
* 100 gramos  de cidra confitada


Elaboración:

1. Calentamos medio litro de leche y reservamos procurando que se mantenga caliente (ya sea en el fuego o en el microondas)

2. En una cazuela ponemos el arroz y le añadimos unos 300 ml de leche caliente y llevamos a fuego medio (yo suelo usar el 5 en mi placa de inducción que llega al 9)

3. Removemos con frecuencia para evitar que la leche se queme o el arroz se pegue al fondo de la cazuela y cuando veamos que comienza a quedarse seco vamos añadiendo leche caliente y seguimos removiendo. Procedemos como si estuviésemos realizando un risotto salado procurando que el arroz no esté excesivamente caldoso ni tampoco seco.

4. Cuando el arroz esté casi hecho y sólo esté un poquito duro por el centro añadimos el azúcar y removemos bien para que se integre y no se pegue en el fondo de la cazuela.

5. Cuando llegue a su punto retiramos del fuego y añadimos el chocolate blanco. Removemos y con el calor del arroz se deshará sin problema.

6. Añadimos también los trocitos de cidra confitada, removemos procurando que quede bien distribuida en el risotto y vertemos en los boles que hayamos elegido.

7. Dejamos templar sobre la encimera y cuando estén fríos tapamos y llevamos al frigorífico.

8. Antes de servir sacamos unos diez minutos antes para que el risotto esté cremoso.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/risotto-de-citricos-y-chocolate-blanco

Espero de corazón que os animéis a preparlo y por supuesto que contéis que os ha parecido.

Si no tenéis cidra confitada la podéis sustituir por naranja o limón. Aunque me ha encantado cómo ha quedado tengo la espinita de repetirlo y hacerlo con naranja tal y como pensé este postre la primera vez. Seguramente no lo repita pronto, ya sabéis lo que pasa cuando tienes un blog que siempre estás haciendo postres diferentes porque tienes que nutrir la cocina virtual de nuevas recetas y porque además la lista de postres pendientes de preparar es tan larga que ni preparando siete distintos al día llegarás a probarlos todos.

Pero antes o después lo repetiré y volveré a contaros mis impresiones con algún cambio que tengo en mente además de usar naranja.

Lara se ha adaptado perfectamente a la guardería. Aparte del espectáculo que armó el primer día no ha vuelto a decir esta boca es mía cuando se queda allí. De hecho se queda hasta contenta porque lo pasa muy bien con los otros niños que a la mayoría conoce del curso pasado.

Para comer está un poco delicada (aunque por las fotos pueda parecer lo contrario) sobre todo en los últimos días que le está saliendo otra muela y se niega a abrir la boca. Pero yo le echo mucha paciencia y me tiro con ella lo que sea necesario para que se coma su puré (porque se niega a comer otras cosas, pero ahí ya entraré en otro momento) Además con el cambio de temperaturas no ha tenido nada mejor que hacer que pescar un resfriado ¡empezamos la temporada a lo grande y con pañuelo en mano!

Me despido por hoy y me marcho a visitar vuestras cocinas que estáis publicando muchas cosas ricas que no me quiero perder.
 
Manos a la masa y ¡bon appétit!


jueves, 7 de septiembre de 2017

Bundt cake de berenjena y chocolate con arándanos

Volver a empezar otra vez... volver a encontrar los viejos amigos...

Eso es Septiembre. El mes que nos ofrece la oportunidad de empezar de nuevo sin estrenar año e iniciar nuevos proyectos o retomar los antiguos con fuerzas renovadas. El inicio del fin del verano, de las mañanas y los anocheceres fresquitos, de los cielos azules sin necesidad de pasar demasiado calor (a veces)

Septiembre me inspira, me renueva las fuerzas y me invita a hacer cosas nuevas. El verano parece que ya haya quedado atrás y con él la pereza y un gran parón que me he marcado en la repostería y que ha durado más de tres meses. Ahora las ideas empiezan a bullir en esta cabecita e intentaré aprovechar los días que aún me quedan con jornada de verano para repostear algunas cosillas que tengo en mente y llenar la despensa de mi cocina virtual.

El verano ha sido como todos los veranos: sol, calor, agobio, pocas ganas de hacer nada, muchas vueltas con la niña que ha tenido vacuna, dientes nuevos, pocas ganas de comer, "mudanza" de la cuna a la cama y muchas, muchísimas energías ¡más que yo! Y muchísimas ganas de madrugar ¡todos los días en pie a las 7 de la mañana! ¡y así hasta casi la media noche! y cuando se dormía un ratito por la tarde yo aprovechaba para leer ¡un vicio como otro cualquiera! Los que seguís mi cuenta de Instagram habéis podido ver algunas cosillas por ahí. Y los que no me seguís haced click en este enlace y echáis un cotilleo.

Para mi vuelta he elegido un bizcocho de esos que dejan huella. En primer lugar porque llama la atención que esté elaborado con berenjenas. Común no es, en eso estaréis de acuerdo. Y en segundo lugar porque si lo pruebas, te enamoras. Sin lugar a dudas es uno de los mejores bizcochos que he preparado y comido en mi vida y tenía muchas ganas de compartirlo con vosotros que siempre os fiáis de mí por muy extrañas que puedan parecer algunas de mis recetas.


Este bundt lo preparé el pasado verano en un intento desesperado de buscar nuevas maneras de dar salida a la avalancha de berenjenas que producía el huerto de mi padre. Se me ocurrió que igual que preparaba bizcochos con calabacín podría prepararlos con berenjena y como a día de hoy está todo inventado me puse a investigar por internet. Encontré alguna cosita así que dejé volar mi imaginación y el resultado fue más que bueno y no podía dejar de publicarlo en mi cocina.

El verano pasado se quedó a la espera porque siempre se colaban otras recetas y al final pensé que mejor lo repetía este verano y sacaba unas fotos más decentes pero entre mi "huelga de manga repostera caída" y que por la falta de lluvias del pasado invierno mi padre no ha plantado casi nada y no he tenido ni una berenjena de esas pequeñitas, tiernas y maravillosas al final no lo he repetido pero no quería dejar pasar más tiempo sin que viera la luz.

Por mucha fe ciega que tengáis en mis recetas seguro que alguno se pregunta si se nota que la masa lleva berenjena. La respuesta es un no rotundo. Nadie sería capaz de darse cuenta de que el bizcocho lleva berenjena. No se nota en el sabor ni en el olor, no encuentras trazas en la miga ¡ni rastro! Eso sí, el sabor a chocolate es espectacular (es probable que lo potencie) y la miga es jugosa, húmeda y muy blandita ¡pura delicia!


La combinación con los arándanos es espectacular y aunque no suene muy modesto de mi parte os aseguro que es una receta a la que no le cambiaría absolutamente nada porque queda deliciosa tal cual. Si pudiera os enviaba un trozo a cada uno para que lo comprobáseis por vosotros mismos, pero como no es posible os animo a que lo hagáis en casa y acabaréis dándome la razón.

Os dejo la receta y lo demás queda de vuestra cuenta.

Ingredientes:

* 300 gramos de berenjenas (tres berenjenas de tamaño pequeño)
* 100 gramos de chocolate (yo usé con leche y sin azúcar porque llevaba mucho tiempo en casa pero el chocolate negro le tiene que ir de muerte)
* 150 gramos de azúcar
* 3 huevos
* 80 gramos de mantequilla
* 140 gramos de leche
* 300 gramos de harina para repostería
* 25 gramos de cacao en polvo sin azúcar añadido
* 1 cucharadita de canela en polvo
* 1 cucharadita y media de bicarbonato
* 100 gramos de arándanos desecados

Elaboración:

1. Lavamos muy bien las berenjenas, le quitamos el rabito y las hojas y las abrimos por la mitad como si las fuésemos a rellenar. Les hacemos unos cortes en la carne, las ponemos en un plato y las metemos en el microondas hasta que estén blanditas. En función del microondas tardará de 6 a 8 minutos.

Como mis berenjenas eran pequeñitas y la piel era muy delicada se la dejé. Si son más grandes o de piel gruesa será mejor pelarlas.

2. Una vez blanditas las berenjenas ponemos una parte en el vaso de la batidora, colocamos la mitad del chocolate troceado encima, cubrimos con más berenjenas, colocamos el resto del chocolate y cubrimos con el resto de las berenjenas. Presionamos bien para que el calor de las berenjenas recién cocinadas derrita el chocolate.

3. Pasados unos minutos el chocolate estará derretido y podremos batir hasta obtener una pasta homogénea. Añadimos la leche y seguimos batiendo hasta asegurarnos de que no quedan grumos de berenjena.

4. En un bol amplio ponemos el azúcar y los huevos y batimos hasta obtener una masa cremosa. Añadimos la mantequilla derretida.

5. Incorporamos la pasta de berenjenas, chocolate y leche y mezclamos bien.

6. Ponemos la canela, el bicarbonato, el cacao y la harina y batimos hasta obtener una mezcla homogénea.

7. En un bol ponemos los arándanos, añadimos una cucharadita de harina y mezclamos para que queden bien impregnados de harina. Así nos aseguramos que al hornear los arándanos no se van al fondo.

8. Los incorporamos a nuestra mezcla y con ayuda de una espátula nos aseguramos que queden bien repartidos por la masa.

9. Untamos con mantequilla nuestro molde y vertemos la mezcla. Golpeamos un par de veces el molde lleno sobre la encimera de la cocina por si queda aire dentro de la masa para que suba a la superficie.

10. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante unos 45 minutos aproximadamente. A partir del minuto 30 iremos comprobando con un palillo de madera hasta que salga limpio al pinchar en el centro de la masa.

11. Dejamos templar con la puerta del horno entreabierta, sacamos, desmoldamos sobre una rejilla y dejamos enfriar por completo.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/bundt-cake-de-berenjenas-y-chocolate-con-arandanos


Se conserva estupendamente envuelto en film transparente y en el frigorífico. Se mantendrá como el primer día hasta el último bocado (que os aseguro llegará bien pronto)


Por hoy no os cuento nada más. Hay que empezar poco a poco esta nueva etapa y ahora me voy para vuestras cocinas que no quiero empezar "temporada" retrasándome en las visitas y no quiero perderme las delicias que habéis preparado a lo largo del verano.


Nos leemos la semana que viene y os voy poniendo al día de las ocurrencias de Lara.

Manos a la masa y ¡bon appéit!