jueves, 14 de diciembre de 2017

Galleta de mantequilla con chocolate y naranja

El mes de diciembre está pasando raudo y veloz como cada año. No sé si será por los días de fiesta o porque la mayoría del mundo anda con prisas con los preparativos de las navidades pero en un visto y no visto estamos a mediados y faltan diez días para nochebuena.

Que no sé cómo nos pilla el toro cuando en los supermercados desde el día del Pilar están todos los productos navideños relucientes y perfectamente colocados en los estantes ¡si hasta en el telediario hablan de las compras navideñas desde hace dos semanas! 

Nosotros este año estamos un poco desubicados con la fractura de mi madre y la semana que viene ¡al fin!  va a revisión. En un principio ya han pasado los 45 días de rigor y el hueso debería haber soldado y poder quitar la escayola. Sin embargo os confieso que tengo un nudo en el estómago y hasta que no salga del hospital y me llame para decirme que todo ha ido bien no me quedaré tranquila.

Se me ocurren mil cosas que hayan podido ir mal y complicar el asunto aunque yo a ella siempre le digo que todo estará perfecto, que ya queda muy poco para que le quiten la escayola y que pasará la navidad sin ese peso. Siempre soy muy positiva pero por otro lado no puedo evitar valorar todo lo que pueda ir mal.

Como podréis imaginar el panorama que reina en casa desde noviembre es un tanto atípico y así mismo está siendo la organización de las fiestas pero lo que está claro es que van a llegar y van a pasar como siempre ha ocurrido estemos más sanos o menos con más ganas o con menos...

En el blog tampoco estoy al 100% pero reconozco que gracias al empujón de dos amigas blogueras (de la propuesta de Angélica ya os hablé la pasada semana) me he puesto las pilas y estoy haciendo algunas cositas para estas fechas. Igual también ayuda a esta vagancia el hecho de que estoy a dieta desde finales de noviembre porque me niego rotundamente a llevar una vida de locos, comer mal, poco y a deshoras y encima haber hecho peso. Es hora de ponerse serios y regresar de verdad al peso que tenía antes del embarazo. Yo era feliz con aquel infrapeso y no quiero ni un gramo más ¡buenas fechas he elegido para hacerlo!

Pensar en Navidad y venir a la mente hacer galletas es todo uno. Cierto que en nuestro país los dulces típicos van más bien por otros derroteros pero no creo que haya alguien que no piense en una taza humeante y unas galletas caseras para compartir estos días.

Hace unas semanas mi amiga Maribel del blog Sweet Blessings me envió un mensaje contándome que iba a preparar un Calendario de Adviento virtual compartiendo recetas de galletas en su perfil de Facebook y me preguntaba si me apetecía participar. Era un correo muy escueto y no me explicaba si era con alguna receta ya publicada o una receta preparada para la ocasión y como estuvo enferma y tardó en responder unos días a mis mensajes yo ya tomé mi decisión de preparar esta receta, que es de Jamie Oliver, y matar dos pájaros de un tiro.


Por un lado participar en la iniciativa de Maribel que me pareció maravillosa y estoy encantadísima de que se acordara de mí y contara conmigo para ella (que por cierto hubiera valido con una receta ya publicada)

Por el otro preparar esta receta de la que caí total y absolutamente enamorada cuando lo vi prepararla en su nuevo programa de Canal Cocina y de paso hacer galletas de mantequilla (o shortbread) a las que ya tenía ganas desde hace tiempo.


Además con lo que me gusta hacer galletas ¡y llevo un montón de meses sin preparar ninguna! Cruzo los dedos para que 2018 me traiga un poquito de más tiempo libre los fines de semana para repostear con algo de tranquilidad y compartirlo con vosotros.

Quizá muchos conozcáis a Jamie por su incidente con la paella, pero os aseguro que es un cocinero increíble y que todas las recetas que he hecho suyas nos han encantado así que elegir esta galleta no es que fuera ningún riesgo.

Debo reconocer no obstante que había una cosa que me preocupaba y era el tiempo de horneado dado que alguna vez en lugar de galletas he sacado auténticas piedras del horno, pero decidí arriesgarme (aunque iba controlando muy bien la textura a partir de los diez primeros minutos) y seguir la indicación al pie de la letra y os aseguro que queda ¡para repetir y repetir si no fuera por la ingente cantidad de calorías que tiene!

Por lo demás sí que he hecho mía la receta (que es de las que tenía sólo cinco ingredientes pero yo he convertido en seis) al cambiar algunos ingredientes y añadir uno que él no ponía.

Si voy a hacer una galleta de navidad ¿qué mejor que poner naranja confitada? Sé que le prometí a mi amiga Olga vaciar los armarios pero hace un par de semanas llegaron los cacharritos de fruta confitada a LIDL y con un puñadito que me hice ¡es que sólo los venden en esta época! pero rápidamente le he dado salida al primero con esta galleta.

Particularmente me ha parecido un acierto sustituir la ralladura de naranja por trocitos porque tiene más protagonismo en la receta y queda una decoración mucho más vistosa.

También he puesto una cucharadita de canela ¿Navidad sin canela? ¡venga ya! ¡eso no existe! y mucho menos en mi casa donde somos de "canela fácil" Personalmente me parece otro acierto pero porque la canela me encanta y creo que combina muy bien con (casi) todo.

Además he cambiado el azúcar por miel por varias razones. La primera es que tiene menos calorías y es mucho más sana. La segunda es porque acabo de abrir un bote de miel de encina que no había probado nunca antes y que me ha encantado y me la comería a cucharadas si no fuera porque me empalaga y por el dichoso tema de los kilos. Además la combinación miel, canela y naranja me parece muy apropiada para Navidad.

Y por último he puesto más chocolate que el que indica Jamie en su receta porque así daba salida a una cobertura de chocolate que compré hace mil y ahí seguía ocupando sitio y con la fecha de caducidad la mar de próxima.

Así que al final he hecho una potentísima galleta con mantequilla, canela, naranaja, miel y chocolate ¡que está para ponerle un piso y yo sin poder dar cuenta de ella!

En realidad he renunciado casi por completo a una de mis cenas para poder probar un trozo ¡sólo uno de los que veis en las fotos! y poder contaros la maravillosa textura que tiene y el acierto de combinación de sabores.

El tema de la textura ya me sorprendió cuando la corté para las fotos. Se corta perfectamente con un cuchillo y sin hacer fuerza alguna y sin embargo la textura es la de una galleta ¡es una maravilla! Por mucho que os quiera contar seré incapaz de transmitiros lo maravillosa que es y sólo podréis saberlo si os animáis a prepararla.

Navidad queda mucha, de hecho queda absolutamente toda, y esta receta es una candidata muy buena para llevarla a vuestra mesa cualquier día porque os hará quedar como reyes en cualquier ocasión.

También me parece un regalo muy vistoso. Lo hecho en casa está más de moda que nunca y este tipo de obsequios se agradecen muchísimo. La poneís en una bandejita o una lata bonitas y triunfáis. Y si la cortáis en trozos (que se presta maravillosamente) y la guardáis en unos botes adornados con una cinta ¡os van a querer el resto de vuestra vida! ¡Dejad volar vuestra imaginación y seguro que se os ocurren un montón de ideas bonitas y originales!

¡Ah! y aún no os he dicho que en menos de cinco minutos estará la masa de la galleta lista para hornear ¿alguna vez habéis tenido lista la masa en menos tiempo? ¡porque yo no!

Ya sé que todos los blogs están publicando sus mejores propuestas para estas fechas y que todo se ve realmente delicioso y apetecible y es muy difícil elegir una receta sí y decir que no a un montón de ellas porque no tenemos tiempo ni estómago para tantas maravillas, pero si buscáis una receta rápida y sencilla y que esté buenísima ¡esta es vuetra galleta!

Como siempre, y antes de contaros los ingredientes, os dejo el trocito que guardé para vosotros.


Ingredientes:

* 200 gramos de harina para repostería
* 80 gramos de miel
* 150 gramos de mantequilla
* 1 cucharadita de canela en polvo
* 100 gramos de naranja escarchada
* 70 gramos de chocolate negro
* Un pellizco de bicarbonato sódico

Elaboración:

1. En un bol ponemos la mantequilla a temperatura ambiente o ligeramente ablandada en el microondas para que sea más fácil manejarla, la miel, la harina, el bicarbonato sódico y la canela y vamos mezclando los ingredientes hasta obtener una masa homogénea y ligeramente aceitosa gracias a la mantequilla.

2. Añadimos unos 80 gramos de naranja confitada y amasamos bien para que quede esparcida por toda la masa de galleta.

3. Forramos un molde de tamaño 20x20 con papel de hornear y ponemos dentro la masa. Con ayuda de las manos la vamos extendiendo sin presionar (porque la galleta se endurecería) para extenderla en todo el molde y procurando que quede con el mismo grosor (aproximadamente un centímetro)

4. Pinchamos la superficie de la galleta con un tenedor para que respire al hornearse.

5. Introducimos en el horno precalentado a 190ºC y honrneamos durante 20 minutos. Pasado el tiempo apagamos el horno, sacamos y dejamos enfriar sobre una rejilla.

6. Mientras derretirmos el chocolate y con ayuda de una cuchara vamos echándolo en forma de hilos sobre la galleta y decoramos como más nos guste.

7. Por último ponemos los trocitos de naranja confitada que habíamos reservado y esperamos a que el chocolate se endurezca para devorarla ¡está buenísima! 

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/galleta-de-mantequilla-con-chocolate-y-naranja

Si queremos que el chocolate cuaje más rápido podemos meter la galleta en el frigorífico, aunque os aconsejo dejarla en la cocina y esperar con paciencia porque no sé si el frío puede alterar la textura de la galleta y sería una pena porque es una maravilla.


Mi consejo es que la hagáis con antelación suficiente, a poder ser la noche previa y así evitais esperas inútiles porque al despertar estará lista para ser atacada. Se me ocurre que sería un desayuno ideal la mañana del sorteo que a mí tantísimo me gusta escuchar en la radio aún a sabiendas de que será como otro año más y a mediodía las caras felices que veré en televisión no serán precisamente las de mi familia o amigos ¡ni la mía propia! Si os lleváis esta galleta al trabajo os hacen un monumento seguro y tenéis excusa para pasar una mañana más relajada.

También creo que es una buena opción para el desayuno de la mañana de Navidad y abrir los regalos de Papa Nöel acompañados de esta galleta y un buen chocolate calentito. Es más, si la dejáis lista la víspera seguro que Papa Nöel no resiste la tentación y os deja algún regalito extra por el detalle.

No creáis que hoy nos quedamos sin Crónicas de Lara. La peque sigue igual, tenemos días mejores y días peores, pero ya nos comentó la pediatra la semana pasada que después de pasar por un proceso de mocos en el pecho es normal que la tos nos dure hasta dos semanas y tengamos mocos en las vías superiores (nariz y garganta) El problema de los mocos en la garganta es que a cada poco está vomitando ¡qué suplicio! pero una vez lo echa todo está tan feliz.

Con la comida llevamos una rachita buena, no quiere apenas comer y sólo quiere leche. Además se ha estreñido por si nos faltaba pasar por alguna cosa antes de que acabara el año pero yo me armo de paciencia y aguanto estoicamente con todo lo que haya de venir.

Y es que después de todas las cosas "malas"  vienen un montón de cosas buenas como su cara de pilla, su risa con cualquier monería que le haces y los abrazos y besos que ya te da porque sí y que tienen un valor incalculable.

Me despido ya por esta semana que no trae ningún festivo a la vista (la que viene sí que tiene uno local para mí) y que se está haciendo tan larga. La próxima semana estaremos más navideños que nunca ¡sed felices!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 7 de diciembre de 2017

Muffins "Corazón de Bombón"

La receta de hoy es especial por muchos motivos.

El primero de ellos es porque con estos muffins doy por inaugurada la temporada navideña en el blog. Sé que muchos de vosotros, los más afortunados, disfrutáis de un bonito puente de cinco días. Y también que la mayoría aprovecha estos días (con o sin puente) para iniciar los preparativos navideños en casa, así que es el momento ideal para abrir las puertas a tan magnas fiestas en mi cocina virtual.

El segundo motivo es que hace al menos dos años que la idea de preparar estos muffins me rondaba ¡y ya les ha llegado su hora! Que no os podéis imaginar lo ricos que están.

Y el tercero y más importante es que con esta receta participo en el II Parrandón de Recetas Navideñas que organiza mi amiga Angélica del blog Bizcochos y Sancochos. 

No os podéis ni imaginar la ilusión que me hizo cuando entré en mi correo y vi un mensaje suyo para invitarme a participar de nuevo este año en el Parrandón. Por si alguno no conocéis a Angélica os cuento brevemente que es una venezolana afincada en Puerto Rico que hace unos meses sufrió las consecuencias del huracán María. A pesar de quedar en situación muy precaria (meses después siguen sin luz eléctrica en muchos de los hogares y al de ella no llegó hasta el pasado fin de semana) Angélica hace uso de su ingenio para seguir cocinando y cuando tiene acceso a energía eléctrica y conexión a internet actualiza su blog con recetas increíbles que cocina haciendo uso de lo poco que tiene a mano por el momento.


Comprenderéis ahora la emoción que sentí al ver que a pesar de todas las circunstancias Angélica ha sacado fuerzas y ganas de volver a organizar este evento que no tiene más pretensión que juntar a blogueras de este y el otro rincón del mundo que en los primeros días del mes de Diciembre traemos a nuestras cocinas virtuales una receta para estas fiestas y nos vamos visitando de blog en blog para que esta fiesta no decaiga.

Como Angélica nos convocó con mucho tiempo a mi cabeza llegaron bastantes ideas que me hubiera gustado preparar y elegir. Sin embargo el azar se cruzó en forma del accidente de mi madre y no he podido hacer lo que tenía en mente.

Fijaos si empecé a trabajar con antelación que estaba haciendo las fotos de estos muffins cuando me llamó mi madre para contarme que se iba para el hospital ¡con eso os lo digo todo! Y conste que estoy muy contenta con mi elección y doy gracias a ser tan previsora y haberlos preparado con tiempo para no tener que andar con prisas que tan poco me gustan.


De hecho fue la primera idea que se me vino a la cabeza. Hace unas semanas os comentaba que en Navidad se estilan mucho las cenas ya sea con amigos, compañeros del trabajo, antiguos compañeros de la facultad o el instituto... pero a mí me dan muchísima pereza. ¿Por qué no se ponen de moda las meriendas? Son a una hora más decente, el alcohol no es protagonista (muchos lo agradecerían porque se evitarían la vergüenza de regresar al trabajo al día siguiente), no nos excedemos tanto comiendo (o sí, eso a gusto y conciencia de cada uno) y las ideas para las meriendas me resultan más atractivas que para las cenas (o las comidas). Además parece que cuesta menos quedar para un café que para una cena ¿no creéis?

Con esta idea en mente los muffins que os traigo hoy me parecieron una idea más que perfecta para compartir con las amigas del Parrandón y con todos aquellos que estos días pasen por mi cocina. Como es una reunión virtual para celebrar con gente de cualquier lugar del mundo nuestra pasión por la cocina aprovechando las fiestas venideras se me ocurrió que estos bocaditos, listos para llevar en cualquier momento, serían una buena receta. 


Además hacía tiempo que quería preparar unos muffins con bombón en el interior ¡la de años que hace que se pusieron de moda estas elaboraciones y yo sin hacerlo en casa! Más bien creo recordar que el auge fue con las magdalenas, después con los cupcakes aunque estos más que llevarlos en el interior los llevaban en la crema, pero como para mí no hay nada como unos buenos muffins estaba más que claro que sería mi opción.

La receta es extremadamente simple pero el resultado es muy resultón ¡y tremendamente delicioso! No sólo está la sorpresa del bombón en el interior (aunque en mi caso los hundí poco en la masa y los bombones fueron subiendo a la superficie a medida que se horneaban) sino que además los muffins combinan dos sabores pero la masa de chocolate no la ves hasta que no abres la cápsula.

Como soy tremendamente exagerada he utilizado unas tulipas muy grandes con las que he conseguido seis muffins de tamaño maxi con los que cualquier goloso quedará más que satisfecho. Pero ¡cuidado!  que a pesar del tamaño no se os harán pesados ¡eso sí que es un peligro!


El interior es húmedo y maravilloso y el bombón no se queda duro por si os lo estábais preguntando pero sí un poco más blandito que si nos lo comemos directamente de la caja.

Si usáis unas cápsulas de tamaño más cotidiano tendréis una docena de deliciosos muffins con los que agasajar a amigos y compañeros y disfrutar de una maravillosa merienda o un tranquilo desayuno de aquí a navidad. 

Pero ¡ojo!  que estos muffins se pueden preparar y disfrutar cualquier día del año ¿eh? Que nadie se vaya a quedar con las ganas única y exclusivamente porque no los ha podido preparar para navidad...

Dicho todo esto os invito a que paséis y toméis asiento. La merienda está servida, estamos entre amigos y me gustaría que disfrutáseis la visita a mi cocina con uno de estos deliciosos muffins.



Ingredientes:

* 110 gramos de mantequilla
* 300 gramos de harina para repostería
* 1,5 cucharaditas de levadura química
* 100 gramos de azúcar moreno
* 70 gramos de miel
* 2 huevos
* 200 gramos de leche
* 1 cucharadita de esencia de vainilla
* 2 cucharadas soperas de cacao en polvo
* 6 bombones Ferrero Rocher o similares.
* Escamas de chocolate

Elaboración:

1. Derretimos la mantequilla en el microondas ( o al baño maría) y la ponemos en un bol amplio junto con la miel y el azúcar moreno. Dejamos reposar unos minutos para que el calor de la mantequilla haga manejable la miel y ayude a derretir el azúcar. Removemos hasta obtener una mezcla homogénea.

2. Añadimos los huevos de uno en uno y mezclamos en cada adicción.

3. Incorporamos la leche y batimos hasta integrar. La masa se volverá muy líquida ¡es normal! 

4. Por último añadimos poco a poco la harina y la levadura y vamos mezclando hasta obtener una mezcla cremosa y sin grumos.

5. Disponemos dos boles y en cada uno de ellos ponemos la mitad de la masa. En uno de los boles ponemos la esencia de vainilla y en el otro el cacao en polvo. Mezclamos bien, tapamos y dejamos reposar en el frigorífico. El reposo en el frigorífico no es imprescindible aunque sí muy aconsejable si queremos que luzcan un bonito copete.

6. Cuando vayamos a hornear ponemos las cápsulas de papel en nuestra bandeja para muffins y con ayuda de una cuchara para helados ponemos la masa con cacao en la base de todas las cápsulas. A continuación ponemos la masa de vainilla encima.

7. Les quitamos el papel a los bombones y los ponemos en la superficie de cada muffin. Apretamos con ayuda de una cucharilla y los hundimos bien. Yo me limité a que quedaran cubiertos y al hornearse los bombones decidieron salir a la superficie. No quedan mal pero no era lo que tenía en mente.

8. Espolvoreamos con un puñadito de escamas de chocolate negro e introducimos en el horno precalentado a 200º C y horneamos durante 15 minutos. Bajamos la temperatura a 180º C y continuamos horneando hasta que estén hechos por dentro. Comprobamos pinchando con una brocheta de madera y apagamos el horno cuando salga limpia. El tiempo dependerá del tamaño de las cápsulas, en mi caso fueron casi 25 minutos más pero porque son cápsulas muy grandes.

9. Dejamos en el horno con la puerta entreabierta 10 minutos, sacamos, retiramos de la bandeja y dejamos enfriar por completo sobre una rejilla.

10. Antes de servir podemos espolvorear con azúcar glas, aunque sea sólo meramente decorativa.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/muffins-corazon-de-bombon

Se conservan estupendamente en una lata o un tupper que cierren bien. Y por supuesto también los podéis congelar y sacar a medida que los vayáis a consumir como cualquier otro muffin. 

Os animo a que visitéis el resto de recetas que las compañeras han preparado para el parrandón (que por cierto se alarga hasta el día 10) pinchando en la imagen que hay más abajo.

http://www.bizcochosysancochos.com/p/2do-parrandon-de-recetas-navidenas.html

Y por supuesto os invito a que el próximo año os unáis a nosotras  y hagamos este parrandón cada vez más grande, más concurrido, más bonito y más diverso.

La pequeña Lara va pasito a pasito. Se recuperó del otro resfriado pero desde el lunes estamos con mocos y los oídos irritados ¡no nos libramos de ninguna! Y eso que el fin de semana pasado ni pisamos la calle ¡con el frío que hacía como para salir! Pero se ve que ya traía los virus de la guardería y los hemos estado incubando... ¡hay que armarse de paciencia!
 
A mí no me gusta quejarme, pero con el ritmo que llevo mi resfriado no acaba de curarse porque duermo poco, mal, no descanso entre semana... y en el fondo la que acaba perjudicada es mi pequeña porque los virus siguen presentes en casa.
Otro que ha estado todo el finde en la cama ha sido mi señor costillo. Se ve que a los hombres les afecta todo de otro modo porque él no se podía mover pero yo estaba tirando de la niña y la casa solita...¡qué cruz! Luego hablamos de igualdad de sexos... ¡ejem! iguales no, que algunas tenemos más ovarios

En fin, os dejo hasta la próxima semana y espero que aprovechéis estos días para engalar de navidad vuestras casas ¡si es que no lo habéis hecho ya! ¡Nos leemos el jueves! ¡sed felices!

Manos a la masa y ¡bon appétit! 

jueves, 30 de noviembre de 2017

Bizcocho de mermelada de pera y crema de cacao

Último día de noviembre y el otoño parece que por fin se ha decidido a visitarnos.

No sé donde vosotros vivís (las del hemisferio sur no os debéis dar por aludidas que allí está llegando el buen tiempo) pero en mi pueblo los árboles seguían con las hojas verdes. Hace dos o tres semanas nos pidieron en la guardería de Lara que llevásemos bolsas con hojas caídas y yo tuve que emplear dos tardes en el parque que hay al lado de casa para poder coger una mísera bolsa, que por cierto no estaba llena, cuando el año anterior tardé un par de minutos en llenarla ¡y eso que ya tenía en casa algunas hojas que he utilizado para las fotos de algunas de las recetas! 

Una pena que no se pueda echar la culpa a nadie del tiempo que os acompaña y de la falta de lluvia ¡ojalá estuviera en manos humanas poner remedio a esta pertinaz sequía! No obstante creo que todos podríamos colaborar un poquito porque el que más el que menos se llena la boca diciendo que lo del cambio climático es un bulo, o está exagerado, pero yo creo que no hay más que comparar los inviernos que pasábamos cuando éramos críos con los que tenemos ahora y nos damos cuenta de la diferencia.

Cuando me he sentado a escribir la entrada de hoy no era mi intención sacar este tema pero me apetece sacar mi vena reivindicativa que hace mucho que no aparece y eso no es propio de mi. Hace muchos años que en cualquier ciudad o pueblo, por pequeños que sean, contamos con contenedores que nos permiten el reciclado de los residuos y basuras que generamos en casa. Todos sabemos qué hay que depositar en cada contenedor e incluso en muchos envases actualmente te indican en qué contenedor hay que depositarlos. Entonces ¿por qué narices va todo al cubo de la basura?

Alguna vez os he comentado que vivo en una zona residencial muy nueva, que a duras penas tendrá 15 años (eso las primeras edificaciones del barrio) y por tanto la mayoría de familias son muy jóvenes. Eso implica que todos hemos recibido una educación y una formación en torno a la importancia del reciclaje de residuos y cómo hay que separar en casa.

Pues me enciendo cada vez que abro el contenedor de los residuos orgánicos (el cubo de la basura de toda la vida, vamos) y veo las bolsas con envases de plástico, con latas, botes de vidrio, cajas de cartón... ¿qué trabajo costará echar cada cosa en un contenedor? ¡si de hecho están uno al ladito del otro! Que eso pase en una calle donde vive mucha gente mayor puedo llegar a entenderlo (y sin embargo es soprendente ver cómo los mayores han aprendido perfectamente a separar y reciclar) pero que pase donde la media de edad de los hogares no llega a los 45 años me pone enferma.

Supongo que es más cómodo y ocupa menos espacio en casa tener un único cubo donde se echa todo y después lanzamos la bolsa al contenedor sin tener que mirar nada mas. 

Será la misma comodidad que nos impulsa a ir con el coche aunque solo vayamos a cualquier lugar que esté  a cinco minutos de casa caminando a pesar de saber que aparcar allí es casi imposible y acabemos aparcando en una calle cualquiera que nos obliga a caminar hasta nuestro destino más aún que si hubiésemos ido andando desde casa. Hay algunos que no van al baño en el coche porque no les cabe por el pasillo del piso...

Y a tenor de como se quedan cada tarde las calles del barrio, las pistas deportivas y el parque deduzco que esa misma pereza es la que nos impide explicar a nuestros hijos que los envases de todas las porquerías industriales que les damos de merendar (desde bollos a zumos hiper-mega azucarados pasando por gominolas y snacks diversos hasta llegar a refrescos de cualquier clase) no se tiran al suelo sino que van a una de las muchas papeleras que tenemos.

Es que me hierve la sangre cuando veo comportamientos tan poco cívicos y que van tan en contra de la buena educación y convivencia vecinal.

Lo más penoso es que no es un caso aislado y probablemente el que más el que menos os sentiréis identificados con lo que cuento hoy.

Para quitarnos el mal sabor de boca hoy os traigo un bizcocho hecho con mermelada de pera y crema de cacao ¡que está para ponerle un piso! 



Es otra receta de las que se había quedado pendiente de publicar desde hace tiempo y con lo bueno que está me negaba a que quedara relegado al olvido. No son las fotos más bonitas del mundo, es evidente, pero son más que suficientes para que os hagáis una idea de la maravilla que nos traemos entre manos.

Ni siquiera tenía una foto del corte, pero os podéis imaginar una miga jugosa, húmeda y deliciosa gracias a la mermelada de pera y al queso de untar.

Yo la hice con mi mermelada de pera casera cuya receta ya compartí hace mucho tiempo y que podéis ver haciendo click aquí  si os apetece meteros en conservas dado que las peras las encontramos todos los días en las fruterías. Si no siempre podéis usar cualquier mermelada que tengáis en casa adaptando la receta a vuestro gusto.


Crema de cacao no lleva mucha. Sé que ahora no está nada de moda tomar estas cremas porque llevan aceite de palma que no es precisamente lo mejor del mundo, pero tengo que dar salida a los botes que tengo en casa y que por muy poco saludables que sean a mí me siguen sabiendo a gloria bendita y eso que lo que empalaga no va mucho conmigo.  Pero en pequeñas cantidades es toda una tentación.

La crema crea una corteza ¡es está de escándalo! Te dan ganas de dejarla para lo último porque es un bocado sublime (y es precisamente lo que hice casi siempre que me comí un trocito) y combina a la perfección con la mermelada de pera que por si os lo preguntáis su sabor no se nota en exceso en el bizcocho.

Es una lástima que haya recetas que no repetimos porque cuando nos metemos en harinas queremos preparar algo nuevo para siempre disponer de material que compartir en el blog. Y como desgraciadamente no nos podemos alimentar de dulces en exclusiva con un postre o dos si hay suerte (y mucha gente con la que compartir) a la semana vamos contentos.

Aunque sé que vuestras listas de pendientes son al menos tan largas como la mía si alguna vez tenéis un bote de mermelada dando vueltas por el frigorífico o la despensa ¡acordaos de este bizcocho que tan buenos ojos os pone!






Ingredientes:

* 200 gramos de queso de untar (puede ser light)
* 2 huevos
* 95 gramos de yogur natural (yo usé griego desnatado)
* 60 gramos de azúcar blanca
* 250 gramos de mermelada de pera
* 240 gramos de harina de repostería
* 1 sobre de levadura química
* 2 cucharadas de leche.
* 2-4 cucharadas de crema de cacao

Elaboración:

1. En un bol ponemos el queso crema y el yogur y batimos hasta obtener una crema.

2. Añadimos los huevos de uno en uno y cuando estén integrados ponemos la mermelada y batimos hasta que nuestra mezcla sea homogénea.
3. Incorporamos el azúcar y las dos cucharadas de leche y por último la harina y la levadura y mezclamos hasta obtener una masa cremosa.
4. Untamos nuestro molde con mantequilla o lo forramos con un papel de hornear y vertemos la masa en él. En la superficie ponemos la crema de cacao y con un tenedor o un palillo mezclamos superficialmente con la masa del bizcocho.
5. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante unos 45 minutos. Antes de apagar el horno comprobaremos que está perfectamente hecho pinchando con una brocheta de madera en el centro.
Es posible que cuando lleve unos 20-30 minutos tengáis que cubrirlo con papel de aluminio para que la superficie no se dore en exceso.
6. Dejamos templar con la puerta del horno entreabierta unos diez minutos y a continuación sacamos, desmoldamos y dejamos enfriar sobre una rejilla.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/bizcocho-de-mermelada-de-pera-y-crema-de-cacao

La mejor manera de conservarlo es envolverlo en film transparente. Si no hace calor en casa podemos dejarlo fuera del frigorífico, pero si lo guardamos dentro mejor que mejor. De todos modos tampoco dura tanto como para dar pie a que se ponga malo. Y si fuera necesario se puede congelar cortado en porciones.

Aunque las fotos que os he enseñado últimamente en Instagram den pie a creer lo contrario la pasada semana fue bastante regular con Lara. Esa tos no auguraba nada bueno y los mocos se le bajaron al pecho. Hasta hoy estamos con inhaladores y con antibiótico y dando gracias de que la cosa no vaya a más porque estuvo con 39 de fiebre todas las noches de la pasada semana y yo ya me veía con la niña ingresada en el hospital.

Se pasa fatal cuando los peques están malitos, encima no puedo evitar una sensación de ser mala madre porque mi hija se ha puesto enferma aún a sabiendas de que no ha sido por dejadez ya que el pediatra la vio dos veces la pasada semana y no tenemos a la niña en la calle a horas intempestivas ni tampoco va desabrigada. En la guardería están casi todos con una tos similiar y allí ya se sabe que es un cultivo para cualquier virus que entre.

Aún así siempre me pregunto si podría haber hecho algo para que no enfermara.

Dada la atención que ha requerido (entre otras cosas he estado durmiendo con ella cinco noches seguidas) la que está enferma esta semana soy yo. Supongo que también ayuda que el otro día "jugando" me metiera en la boca una manita llena de mocos y babas ¡así es imposible no contagiarse!

Cruzo los dedos para que salgamos medianamente indemnes de esta y ojalá sea el susto más grande que nos llevemos este invierno.

Me despido hasta la próxima semana y voy a ver si soy capaz de ponerme al día con las visitas que tengo pendientes ¡que voy con mucho retraso! Por cierto la semana próxima tendré una publicación muy especial ¡no os la perdáis!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 23 de noviembre de 2017

Oreo & Lacasitos light temptation (o casi)

Estamos teniendo un mes de noviembre más primaveral que otoñal porque en las horas centrales del día no hace el frío que acostumbramos a estas alturas del año. Como os conté la semana pasada desde principios de mes tengo temporalmente un horario de trabajo diferente (que yo he llamado horario de otoño) que me permite pasar las tardes con Lara.

La semana pasada, cuando íbamos ya para casa, pasamos por la puerta de los padres de mi amiga N. y en esos momentos salió su hermana. Fue un encuentro fortuito que me hizo caer en la cuenta de lo rápido que se va el tiempo. Parece que era ayer cuando estaba tocando en aquella misma puerta porque habíamos quedado para hacer un trabajo o para ir juntas a la biblioteca.

Sí, ayer... ¡pues han llovido 20 años! y esa misma calle nos ha visto ir al colegio, al instituto, a la universidad, pasear con nuestros novios, desfilar vestidas de novia el día de nuestra boda y a día de hoy nos ve paseando a nuestras hijas. 

No es que viva en una burbuja aislada del mundo, soy consciente de que tengo 35 años y que ya no soy una niña, que tengo una hija, un trabajo, una casa... pero fue encontrarme en aquella puerta que se abrió a mi paso y que era exactamente igual que hace tantos años lo que me hizo entender de golpe que parece que los días pasan pero que no pasa nada y no es cierto. 

Los días pasan, las horas se van y de nosotros depende aprovecharlos o dejar correr nuestro tiempo viendo la vida pasar y esperando un día más propicio para intentar algo.

Sé que con esto que os cuento no os descubro nada nuevo, pero me fascina comprobar cómo determinadas imágenes o aromas nos hacen ser conscientes de repente de lo que han cambiado las cosas. Y da un poco de vértigo, la verdad.

Aunque estamos casi a finales de noviembre y los comercios, las calles y muchos blogs comienzan a preparar la navidad (algunos desde octubre) a mí personalmente me cuesta mucho arrancar motores tan pronto. No soy mucho de estas fiestas y si empiezo pronto antes del sorteo de la lotería ya estoy deseando que terminen.

Que sí, que la navidad es muy bonita, que es necesario planificarse con tiempo y todas las razones que me deis me parecen válidas pero a este paso estamos comprando mantecados en traje de baño y aunque pueda parecer exagerado dentro de unos años igual es lo que los centros comerciales nos proponen ¡y nosotros entraremos al trapo! 

Por tanto las recetas navideñas se hacen de rogar un poquito más en mi cocina pero en compensación os traigo una receta ¡para hacerle la ola! 

Hace unos años publiqué Oreo & Lacasitos Temptation que nos encantó pero que tenía calorías para dar y regalar. Más tarde vino el Capricho de café, Lacasitos & Oreo que era menos pecaminoso y ahora le toca el turno a una versión más ligera pero no por ello menos buena.

No os voy a engañar. La textura no es la misma, el primero era más tipo bizcocho, el segundo algo más húmedo y este es el más cremoso de todos siendo su textura más parecida a un cafloutis que a un brownie, pero el sabor sigue siendo increíble. 

Y aunque en esta vida el único postre sano es la fruta la verdad es que tiene muchísimas menos calorías que la primera receta que preparé y eso siempre es bienvenido más si estamos intentando guardar las formas de cara a las fiestas.

Es una receta ideal para compartir. Es más yo os aconsejo compartirla porque si la dejáis en casa es una auténtica tentación y no quiero ser yo la causa de ninguna dieta abandonada. Es una opción ideal para las tardes de reuniones de amigos y de cara a las fiestas es algo original y diferente a lo que se suele preparar.

Porque en navidad son muy típicas las cenas (de empresa, de amigos, de primos, de antiguos compañeros de la facultad...) y todo el mundo va loco cuadrando agendas, pero ¿qué queréis que os diga? si a mí me dan a elegir yo prefiero una merienda. Se pierden menos los papeles (no conozco a nadie que meriende con vino) y si la cosa se alarga podemos desembocar en una cena tan ricamente.

Igual es que ya tengo el modo madre ON y lo de trasnochar no va conmigo, pero antes de Lara también prefería salir a mediodía o por la tarde a quedar por la noche. Además parece que cuesta menos quedar para un café que para una cervecita nocturna ¿o no os pasa?

Bueno que al final me pongo a hablar de quedadas navideñas y acabo tirando al tema que no pretendía sacar. De todos modos creo que la receta que os traigo se vende sola y vais a saber perdonarme que la haya tenido tantísimo tiempo en borradores.

No es que con mi madre fuera de juego no pueda repostear, es que se han cruzado un par de planes de fin de semana que me han robado el poco tiempo libre que me quedaba además de hacer que vuelva a casa cargadita de dulces y tampoco es plan de ponerse morado una semana, así que el horno en reposo hasta el próximo aviso.

Además me apetece ir sacando las recetas que tengo en pendientes ¡no sólo hay que hacer limpieza de armarios de cocina sino de "despensa" del blog también!

Si os animáis a prepararla mi consejo es que la preparéis el mismo día que la vayáis a consumir ¡recién hecha está suprema! No es que no aguante bien el paso de los días (que tampoco dura muchos) sino que al ser una textura húmeda hace que la cobertura de colores de los Lacasitos de la superficie se derrita como si de calor se tratara.

Ya sé que no es algo que impida que nos lo comamos pero estéticamente no queda bonito si tienes invitados a merendar ¿no? y como a mí me gusta ser clara como el agua no podía obviar este detalle.

Las cantidades son para un molde cuadrado de 26x26 ¡no os asustéis! Si os parece excesivo se prepara con la mitad de los ingredientes y solucionado, aunque está tan rico que estoy segura no quedarán ni las migas por muy grande que lo hagáis.

Aquí está vuestro trozo ¡¿quién trae el café/té/chocolate?!



Ingredientes:

* 300 gramos de yogur griego light (también puede ser del normal)
* 3 huevos
* 200 gramos de azúcar moreno
* 200 gramos de leche
* 475 gramos de harina
* 2 cucharaditas de esencia de vainilla
* Una bolsa de lacasitos
* Dieciséis galletas oreo

Elaboración:

1. En un bol ponemos el yogur, la vainilla, los huevos y el azúcar y mezclamos hasta obtener una crema homogénea.

2. Vamos incorporando la harina y la leche y mezclamos bien, lo suficiente para integrar sin que metamos mucho aire en la masa.

3. Añadimos los lacasitos (reservando un puñadito para decorar una vez horneados) y los esparcimos bien.

4. Untamos con mantequilla el molde elegido o lo encamisamos con un papel para hornear. y vertemos la masa.

5. Partimos las galletas en trozos y los vamos poniendo en la masa empujando para que queden ocultos.

6. Introducimos el molde  en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante unos 30 minutos aproximadamente o hasta que veamos la masa cuajada.

7. Dejamos templar con la puerta del horno entreabierta, desmoldamos y dejamos enfriar por completo sobre una rejilla.

8. Una vez frio decoramos con más lacasitos. Esperad a que esté frío o con el calor la cobertura de los Lacasitos se derretirá como me pasó a mí por impaciente.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/oreo-lacasitos-light-temptation-o-casi

Decir pecaminoso es decir poco, lo sé, pero ¿verdad que apetece un trocito?

Me gustaría agradeceros a todos los mensajes de ánimo, cariño y apoyo que he recibido desde la pasada semana. Mi madre lo lleva lo mejor posible y los demás intentamos que sea una situación llevadera para ella. Yo me organizo lo mejor posible con la niña (es cierto que mis jefes han sido muy comprensivos pero tened en cuenta que llevo aquí diez años y que antes he transigido yo con muchísimas cosas, aunque siempre podían no haberlo entendido y haber dicho que me las arreglara como pudiera) para que ella no se sienta mal y aunque esté reventada jamás le digo que estoy cansada o que algo se me ha quedado sin hacer. 

Porque a pesar de estar en casa a las cinco de la tarde tengo tiempo de hacer menos cosas y además acabo el día agotadísima porque no descanso ni paro un momento desde que me levanto hasta que logro dormir a Lara y hacer lo más imprescindible para el día siguiente.

Tampoco es que haga nada excepcional, miles de mujeres soportan una carga similar o incluso superior cada día ¡y aún así no he bajado ni un gramo de los dos kilos que el verano me regaló! ¡esto no es justo! 

Lara sigue en su línea. Ya le ha roto el primer colmillo y parece que está menos inquieta con el tema de los dientes (que por cierto tuvimos que darle el chupete hace dos semanas cuando nunca lo había tenido para que lo mordiera porque en la guardería se dedicaba a quitárselo al resto de niños) Por contra desde el sábado está con tos, especialmente cuando se acuesta, lo que es molesto porque a veces se despierta y llora porque tiene mucho sueño, y acaba tosiendo más y llorando más y termina vomitando ¡qué odio le tengo a los vómitos! y qué mal los llevo. Pero esto toca y nos resignamos porque la cosa podría ser peor.

Me despido hasta la semana próxima ¡feliz y dulce fin de semana! Y ahora me voy corriendo a visitar vuestras cocinas


Manos a la masa y ¡bon appétit!






jueves, 16 de noviembre de 2017

Coca de calabaza con costra de azúcar y canela

¿Nunca os ha pasado que la vida, con ese peculiar sentido del humor que tiene, un día cualquiera decide darse un giro y os pone todo patas arriba? Y de repente te ves a ti misma preguntándote qué ha pasado porque no te cabe en la cabeza que sólo un día atrás todo estuviera bien y ¡zas! en un abrir y cerrar de ojos tienes que cambiarlo todo.

Pues bien, eso nos pasó a nosotros hace ya casi quince días, aunque la semana pasada no conté nada porque la entrada estaba dedicada a mi amiga Marisa y no me parecía oportuno empañar la ocasión con mis cuitas caseras. 

El primer domingo de noviembre mi madre tuvo una caída en casa de lo más tonta y se ha roto la muñeca, el cúbito y el radio. ¿Resultado? una bonita escayola que le llega a la axila y encima hay que dar las gracias porque no ha sido necesario entrar a quirófano y en unas horas se pudo marchar a casa.

No sólo está el inconveniente de tener a una madre "averiada" y que por tanto necesita que le echemos una mano (y nunca mejor dicho) en algunas tareas domésticas en las que no se apaña con mi padre (por ejemplo la plancha) sino que ella se quedaba por las tardes con Lara porque teníamos que recogerla de la guardería antes de las cinco y yo hasta las ocho de la tarde no salgo de trabajar. 

¿Qué se hace entonces cuando de la noche a la mañana te ves con que no puedes seguir con tus rutinas? Cabilar, idear y pedir favores. Mis jefes han sido muy benevolentes y me permiten trabajar de nueve a cuatro y media de forma continuada y así puedo recoger a la peque y nos vamos juntas a casa.
A mí me toca achuchar para que mi trabajo siga saliendo puntualmente (ellos no me lo han dicho, pero mi conciencia no estaría tranquila si no sacara el mismo trabajo) y si le miro el lado bueno al asunto tengo la suerte de poder disfrutar un montón de tardes con mi hija que de otra manera no hubiera sido posible. 

Ya sé que podía haber sido algo mucho peor, pero eso no quita que la vida se nos haya trastocado en un momento y estemos aún buscando un nuevo equilibrio para poder seguir haciendo todo lo que hacíamos. Si mis jefes no hubieran accedido a que hiciera este nuevo horario no sé qué hubiera hecho, pero mejor no lo pienso y doy gracias por la fortuna que hemos tenido dentro de nuestra "pequeña desgracia" 

He querido compartirlo con vosotros porque sois muy listos y el que más el que menos algo ha pillado en lo que he comentado en alguna publicación en mi perfil de Instagram y como aquí estamos para compartir lo bueno y lo malo hoy toca de lo segundo e intentaremos endulzar el trago con la receta que os traigo.

Siguiendo en mi línea de publicar postres típicamente otoñales (salvo la semana pasada por motivos más que justificados) hoy vuelvo a abrir mi cocina a mi adorada calabaza. Si hace unos años me dicen que iba a engancharme tanto a esta hortaliza creo que me hubiera carcajeado en la cara del que me lo hubiera dicho ¡si es que nunca sabemos las vueltas que nos va a dar la vida! y ahora no puedo pasar sin ella y sin los deliciosos postres que preparo (y preparáis vosotros que menuda lista de pendientes tengo por hacer)

Y como una no es de piedra y lleva algunos años paseándose por la blogosfera ¿cómo no iba a enamorarme de la coca de calabaza o coca de carabassa que mis amigos levantinos comparten otoño sí y otoño también?
Lo extraño es que la preparé el pasado otoño y no sé por qué no la compartí entonces porque os aseguro que está para ponerle un piso. ¿Veis que es grande? ¡pues nos supo a poco! y es que la combinación calabaza & aceite de oliva & canela es una apuesta ganadora siempre.

¡Ojo! que no digo que esta sea la receta tradicional ni mucho menos. Consulté distintas recetas y al ver que más o menos los ingredientes y las proporciones son las mismas o muy similares cogí ingredientes de aquí y allá y puse cantidades a mi gusto ¡et voilà! un resultado increíble.

La coca es jugosa, esponjosa, tierna y el sabor...¡mmm! indescriptible. Si os animáis a prepararla no le quitéis la costra de azúcar y canela. Que sí, que resta calorías, y yo soy la reina de quitar todas las calorías que se pueda, pero os aseguro que estas bien merecen la pena.






El molde que yo utilicé es de 26x26 (aproximadamente) y como os comentaba no nos sobró nada, ni llegó a ponerse dura ni nada ¡qué buen diente tenemos en casa! Pero si os parece mucho siempre podéis hacer la receta con la mitad de los ingredientes o incluso congelarla en trozos y sacarlos a medida que los vayáis a consumir ¡estará perfecta! 

Si tenéis calabazas en casa y os gustan los postres con ella no os perdáis esta coca que os aseguro está para repetirla una y otra vez ¿acaso no os convence este maravilloso corte tan esponjoso? ¡si os está llamando a gritos!


Os dejo la receta que además es sencillísima de preparar ¡espero que os animéis con ella!

Ingredientes:

* 500 gramos de puré de calabaza
* 5 huevos
* 100 ml de aceite de oliva virgen extra (AOVE)
* 250 gramos de azúcar blanca
* 3 sobres completos (uno azul o morado y otro blando) de gaseosillas 
* 500 gramos de harina de repostería
* 4 cucharadas soperas de azúcar y una de canela para espolvorear
* Mantequilla para untar el molde

Elaboración

1. En un bol muy amplio ponemos el puré, los huevos, el aceite y el azúcar y batimos hasta obtener una masa homogénea.

2. Añadimos los tres sobres de gaseosas y mezclamos. Veremos cómo nuestra masa sube y se esponja.

3. Incorporamos la harina y mezclamos con cuidado procurando que la masa no se baje en exceso

4. Untamos con mantequilla el molde que vayamos a usar o lo forramos con papel para hornear.

5. Vertemos la masa dentro del molde.

6. En un bol ponemos el azúcar y la canela en polvo, mezclamos bien y con ayuda de una cucharilla espolvoreamos por toda la superficie de la masa.

7. Introducimos el molde en el horno precalentado a 180ºC y horneamos durante unos 30 minutos o hasta que al pinchar con un palillo de madera en el centro de la coca este salga limpio.

8. Dejamos reposar con la puerta del horno entreabierta unos minutos, sacamos, desmoldamos y dejamos enfriar sobre una rejilla.


https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/coca-de-calabaza-con-costra-de-azucar-y-canela
Para conservarla, ahora que no hace calor, podemos envolverla en film transparente y dejarla en la encimera de la cocina o en algún armario (si no están tan saturados como los míos) y si tenéis hueco en el frigorífico ¡adentro con ella! Al estar envuelta va a conservar la jugosidad hasta el último día aunque os aseguro que en cuanto la probéis no vais a parar hasta verle el fin.


Cuando hago postres con calabaza me surge una duda ¿por qué me quedan menos naranjas que los de mis compañeras? Supongo que depende de la variedad de calabaza que utilicemos, y las calabazas que yo tengo son naranjas pero no tan naranjas como las típicas que vemos para Halloween por ejemplo. No obstante siempre me queda la duda de saber si hay algún truco para que las masas queden más naranjas ¡curiosa que es una! 

Hoy sí tenemos Crónicas de Lara que como es evidente echa de menos a su "Lela" pero que se está acostumbrando a la nueva situación. Mira a mi madre con recelo porque no quiere que tenga la escayola y por tanto no quiere acercarse mucho a ella. A mi madre le fastidia pero como adulta debería de entender que los niños son así, aunque está tan sensible que todo lo afecta el doble.

En la guardería les están haciendo hoy las fotos ¡a ver si no llora y sale medio guapa! ja ja ja Con la poca vergüenza que tiene a saber cómo sale porque los niños nos sorprenden e igual se echa a llorar cuando vea al fotógrafo o lo mismo saca toda su picardía.

Con la comida avanzamos pasito a pasito. Últimamente cuando nos ve comer pide algunas cosas (un trocito de pizza casera, una varita de merluza, una albóndiga...) se come algunos trocitos, otros los escupe y el resto lo amasa y lo planta en el suelo, el sofá, los juguetes...¡las cosas de los niños! Es complicado comer a la misma vez los fines de semana porque Lara tiene un horario en la guardería que mantenemos cuando no va y comer a las doce de la mañana ¡es poco habitual para los adultos! Si no se duerme sí que la sentamos a la mesa con nosotros, pero avanzamos muy lentamente aunque yo estoy contenta porque voluntariamente pide alimentos y los prueba (o juega con ellos, según le parezca)

Los que seguís mi Instagram ya sabéis que el fin de semana pasado visitamos el Belén de Chocolate de Rute y habéis visto alguna foto de la peque que hace prácticas de bailarina abriendo las piernas hasta que no puede más y tenemos que acudir a darle un punto de apoyo porque sola no sabe retornar.

Me despido ya hasta la próxima semana y ahora me voy corriendo a visitar vuestras cocinas.


Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 9 de noviembre de 2017

Tarta de chocolate blanco y cerezas

¿Y esto?

¿Tarta de cerezas? ¿En noviembre?

Suena raro ¿verdad? Llevo más de un mes pidiendo frío y otoño en las calles mientras en mi cocina comparto postres con ingredientes típicos de la estación y ahora que llega el frío y la lluvia parece que asoma por algunas zonas ¡zas! llego con las cerezas a la mesa cuando el resto del mundo está haciendo el (temido) cambio de armario.

Los que me seguís habitualmente sabéis que apuesto siempre por una cocina de temporada aprovechando las frutas y verduras típicas del tiempo que están mucho más ricas y a mejor precio. Por otro lado no tiene ningún sentido que en febrero me ponga a publicar una tarta con castañas o en agosto una mousse de mandarina ya que por mucho que os guste la idea no podéis salir corriendo en ese momento y haceros con un puñado de castañas o medio kilo de mandarinas. 

Sabéis que soy miembro honorífico del Club Culo Veo Culo Quiero (o Club C.V.C.Q manera más elegante que tiene mi amiga Patty de referirse a él) y por tanto no suelo publicar recetas que no podáis hacer sobre la marcha si os apetecen. Pero como todas las reglas tienen su excepción la mía surge en el mes de Noviembre de la mano de mi amiga Marisa del blog Thermofan y su reto Congelando el verano que este año celebra su segunda edición.

El año pasado ya tuve la fortuna de participar y este año no quería perdérmelo tampoco. Ya sabéis que desde que llegó Lara dejé los retos en los que participaba de manera periódica pero intento acudir a los que tienen un holgado tiempo de preparación y participación ¡así me da tiempo a organizarme!

Cuando Marisa publicó que este año iba a repetir experiencia acababan de regalarlos unas hermosas cerezas cuando ya dábamos por finalizada una temporada que no había sido especialmente buena. En realidad este año no será recordado por la abundancia de ninguna cosecha porque la falta de lluvias nos ha regalado un verano largo y yermo.

Lo tuve claro y rápidamente deshuesé unas cuantas hasta llegar a medio kilo, las puse en una bolsita para congelar y las metí en el congelador lo más horizontales y planas que pude para evitar que se congelaran haciendo una bola. No sé vosotros pero el congelador de mi casa además de pequeño siempre está lleno ¡y eso que no me gusta demasiado congelar! y es complicado darle el espacio suficiente a según qué cosas y que queden congeladas de manera bonita y no hechas una bola.

El resultado fue que algunas cerezas acabaron congelándose pegadas entre sí y haciendo por tanto bola aunque con las manos se podía deshacer (si la bola no era muy grande) Dada mi experiencia congelando moras el verano pasado tengo clarísimo que se pegan por el líquido o la humedad que tenga la fruta. Si las hubiera congelado sin deshuesar (cosa que me parecía poco práctica porque en primer lugar me obligaba a tener que descongelarlas sí o sí para usarlas y en segundo lugar porque estoy segura de que deshuesarlas después de descongeladas iba a ser más tedioso porque la fruta soltaría más jugo y probablemente estarían menos tersas así que acabaría manchándome más)  seguro que no se habían pegado entre sí.

La semana pasada ya publiqué en mis redes sociales una imagen de las cerezas recién salidas del congelador para preparar esta tarta cuya receta está incluída en el libro que hay en la imagen.

Mi idea cuando congelé las cerezas no era hacer una tarta. Esta vez iba a tirar (qué raro en mí) por unos muffins que me llevan rondando en la mente casi un par de años, pero cuando este librito cayó en mis manos y vi la tarta de chocolate blanco y cerezas fue un flechazo  y supe que las cerezas que había en el congelador eran perfectas para prepararla y presentarla en este reto.

Soy muy chocolatera pero tengo que confesar que el chocolate blanco no está entre mis predilectos. Me resulta muy graso, muy dulce y me empalaga fácilmente. En repostería no lo había utilizado mucho hasta que me hice con una caja de un kilo de perlas de chocolate para fundir y llegó el momento de darles salida porque no se puede atesorar en casa que el espacio es limitado y a veces pienso que tengo más género que algunas tiendas de barrio.

La masa de la tarta me recordó mucho al cafloutis cuya receta fue la primera que compartí en el blog (y ya entonces hacía toda una declaración de intenciones acerca de cocinar con fruta de temporada) pero me intrigaba mucho qué podría aportar el chocolate en la mezcla y sólo podría saberlo si la preparaba. En realidad no he seguido la receta al pie de la letra ya que he reducido un poco la cantidad de nata y he aumentado la de leche y también he puesto más cerezas, pero el resto no lo he tocado.


Es una receta sencilla, muy simple, con la que casi no se ensucia nada y que por tanto es apta para que cualquiera la elabore en casa. El resultado a simple vista no es nada espectacular y en la primera cata (que fue en la sesión de fotos, de un trocito que se rompió, no más de una cucharada) no me estuvo especialmente buena. No fue hasta el día siguente, cuando me comí un trozo con todas las de la ley cuando pude apreciar los matices y la combinación de sabores.

El chocolate blanco se deja notar al final, hace una aparición tardía en el paladar, pero se nota. Me ha gustado comprobar que no predomina en el postre ni lo convierte en excesivamente dulce o pesado, por el contrario es fresco y apetece comerlo gracias al contraste y la frescura de las cerezas.


Que por cierto yo las descongelé previamente pero estoy segura de que para hacer esta tarta podría haberlas puesto congeladas (como hago cuando preparo muffins o bizcochos con fruta congelada) que no habría supuesto problema alguno. Os lo comento para que lo tengáis en cuenta.

La textura es similar al cafloutis, un poco más densa que un flan o un pudin, así que se puede cortar y servir perfectamente.

Quizá el aspecto más negativo que le veo al uso de chocolate blanco es el exceso de grasa que tiene y que en lugar que facilitar el desmoldado de la tarta lo dificulta. No es la primera vez que unto un molde con mantequilla ni la primera vez que utilizo este molde, pues os aseguro que sacar el primer trozo de manera decente fue misión más que imposible. Y le hecho la culpa al chocolate blanco porque también preparé hace unos meses unos muffins con él y costaba la vida sacarlos de las cápsulas cuando con otras elaboraciones esas mismas cápsulas se han desprendido perfectamente.

Además creo que la grasa del chocolate al enfriarse la tarta es la que ha hecho una especie de bolitas en la superficie que no es que conviertan la tarta en el postre más feo del mundo pero no tenían que estar ahí.

Y después de sacarle todos los defectos del mundo mundial porque ya sabéis que a mí me gusta contarlo todo muy claro ¡a ver cómo os convenzo para que la hagáis! Creo que es una tarta ideal para reuniones donde hay mucha gente y cada cual con su gusto. El sabor es sutil, no es nada dulce (advertidos quedáis los dulceros), es fresquita y entra bien después de una buena comida, incluye chocolate y también fruta ¡tiene un poco de todo! Como bien sabéis contentar a todo el mundo es complicado pero con este postre creo que llegáis a una gran mayoría.

Esta vez también tuve problemas con las fotos porque la tarde avanzaba y avanzaba y mi niña no estaba dispuesta a dormirse y con ella montar este circo es complicado. Al final el sueño la venció a las cuatro y cuarto de la tarde y yo deprisa y corriendo para aprovechar el último rato de luz medio decente ¡y soy afortunada porque a mi casa le da la luz todo el día!


Me gusta mucho el contraste entre las cerezas que siempre anuncian la llegada del verano y las hojas y las semillas de otoño (por si faltaba algo ya estoy recogiendo "mierdas" de la calle bajo la mirada horrorizada de mi señor marido) Quería plasmar en las fotos que había congelado un trocito de verano para sacarlo en pleno otoño y disfrutar de él (aunque casi no se había ido cuando he preparado esta tarta) y es posible que esa luz de final de la tarde ayudase a crear esa atmósfera.

Me dejo por fin de rollos y os invito a un trozo mientras os cuento cómo prepararla.


Ingredientes: 

* 500 gramos de cerezas
* 200 gramos de chocolate blanco
* 200 ml de nata para montar 
* 250 ml de leche
* 75 gramos de azúcar
* 100 gramos de harina de repostería
* 75 gramos de mantequilla + 1 nuez de mantequilla para untar el molde (salvo que sea de silicona)
* 3 huevos
* 2 cucharaditas de azúcar de vainilla y ron.

Elaboración:

1. Ponemos la leche a calentar y la retiramos cuando esté a punto de romper a hervir. Yo lo hice en el microondas que tarda menos de dos minutos.

2. En un bol amplio ponemos el chocolate blanco en trozos y la mantequilla y vertemos la leche caliente sobre ellos. Dejamos reposar unos minutos y el calor los derretirá.

3. Mientras podemos untar  el molde que vayamos a utilizar con mantequilla por el fondo y los laterales para que sea más sencillo desmoldar la tarta.

4. Colocamos las cerezas en la base del molde y reservamos. Yo las descongelé previamente (en cuyo caso tendremos que escurrir el jugo que hayan soltado) pero no creo que haya problema alguno en ponerlas congeladas. Si preparas la tarta en verano, en época de cerezas, tendrás que deshuesarlas previamente.

5. Removemos la leche, la mantequilla y el chocolate con unas varillas (a estas alturas ya tienen que estar líquidos) y añadimos la nata y el azúcar. Mezclamos.

6. A continuación vamos añadiendo los huevos de uno en uno y mezclamos bien en cada adicción. No incoroporamos el siguiente hasta que el anterior no está bien integrado.

7. Por último añadimos la harina y mezclamos hasta obtener una masa homogénea que vertemos en nuestro molde, sobre las cerezas, con mucho cuidado para que se desplacen las menos posibles. Tampoco os frustréis mucho si  se mueven (que lo harán) ya que con una espátula podemos intentar recolocarlas (aunque al hornearse, cuando la tarta comienza a cuajar, también se van a desplazar ligeramente) 

8. Introducimos el molde en el horno precalentado a 180 º C y horneamos hasta que la tarta esté cuajada, lo que tardará aproximadamente, y según el diámetro de vuestro molde (el mío es de 26 centímetros) de 35 a 45 minutos. Siempre comprobamos que esté cuajada pinchando con una brocheta de madera antes de apagar el horno.

9. Dejamos templar con la puerta del horno entreabierta (bajará ligeramente) y cuando pase un rato sacamos y dejamos sobre una rejilla hasta que se enfríe por completo. Tapamos con film transparente y pasamos al frigorífico para que termine de asentarse.

10. Antes de servir espolvoreamos un par de cucharaditas de azúcar con vanilla y ron . Si no tienes utiliza azúcar de vainilla o lo que tengas en casa.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/tarta-de-chocolate-blanco-y-cerezas

Cuando la tarta lleve unos 15-20 minutos en el horno es posible que tenga la superficie ya dorada porque el chocolate blanco es muy delicado y se quema con mucha facilidad. Para que no acabe negra tápala con un trozo de papel de aluminio ¡pero ten cuidado al retirarlo para que no se pegue a la superficie y acabe arrastrando la capa superior!


No dejéis la tarta rato y rato en el horno porque acabará endureciéndose y la textura será más de goma que otra cosa. Entiendo el miedo a que se quede sin cuajar, pero pasado el tiempo que os indico, salvo que el molde sea muy alto la podéis apagar que con el calor residual y el posterior reposo en el frigorífico estará perfecta.

Las cerezas como os comenté se mueven durante el horneado. Unas suben a la superficie, otras se quedan en el fondo... El corte se ve estupendo, os lo aseguro.




Es más que probable que muchos de vosotros participéis en este reto (si es que no habéis publicado vuestras recetas ya). Los que no lo conociérais pinchad en la imagen que hay más abajo y os llevará directo a él, allí podréis ver todas las receta que estamos elaborando y os invito a que lo tengáis en cuenta para el verano que viene y os animéis a uniros a nosotros ¡se aprende muchísimo!

http://thermofan.blogspot.com.es/2017/06/congelando-el-verano-ii.html

Aunque suene pretencioso os aseguro que ya tengo pensada la fruta que quiero congelar el verano próximo. Este año me he quedado con todas las ganas porque las pocas que han caído en mis manos me las he zampado alegremente ¡ni para repostear he tenido! pero el verano próximo intentaré congelar. Espero que a alguien se le haya ocurrido este verano y no ir a ciegas porque el pasado no se congelaron y no sé si se podrá o no. Y no digo más que no se pueden adelantar acontecimientos (soy muy maniática y creo que se gafan...)

Me despido hasta la próxima semana, donde tendremos Crónicas de Lara de nuevo que hoy me he enrollado como sólo yo sé hacerlo.

Manos a la masa y ¡bon appétit!