jueves, 25 de mayo de 2017

Tarta brownie de Oreo & dulce de leche

El calor ha llegado y parece que pretende quedarse con nosotros.

Demasiado temprano para mi gusto. Las horas para utilizar el horno empiezan a contarse con los dedos y aún faltan seis largas semanas para empezar a disfrutar de mi deseado horario de verano y salir pitando de la oficina a las tres. Las tardes se hacen interminables en mi despacho y aunque trabajo no me falta (estamos en plena liquidación de las declaraciones de renta) las ganas y las fuerzas flaquean.

Prefiero no pensar en el paso del tiempo porque esta es la última receta del mes de mayo y en menos de un mes se celebra la fiesta de fin de curso de la guardería de Lara ¡¿cómo es posible que haya terminado su primer año escolar?! 

Si hace nada era yo la que contaba con alegría la proximidad de las vacaciones de verano desde mi pupitre del colegio ataviada con mi uniforme azul marino y de repente me veo preocupada por su función escolar y por saber qué tengo que preparar para su actuación y el aperitivo que se toma después ¡ya os contaré cuando sepa más cosas! 

Antes de que el calor haga agobiante la vida dentro de casa y os dé pereza entrar en la cocina quiero tentaros con esta receta fruto de la más pura gula que se pueda imaginar.


Si un brownie es de por sí pecaminoso ¿qué tal si le añadimos una base de galleta? ¿y si de paso le terciamos un bote enterito de dulce de leche? ¿y si además le ponemos trozos de galleta?...¿y si terminamos con una subida de azúcar? ¡no!  hasta ahí no vamos a llegar a no ser que seamos tan brutos como para zamparnos la mitad de esta maravilla ¡que por ganas no va a ser! 

El detonante, como siempre en los últimos meses, un bote de dulce de leche que llevaba bastante en los armarios de la cocina a la espera de hacer alfajores. Hace mil años que quiero preparar alfajores rellenos de dulce de leche, me hago con un bote, pasa un día tras otro, y al límite de la fecha de caducidad termino usándolo para otra receta si es que no acabamos con él a cucharada limpia.

Aunque ya van quedando menos cosas en los armarios de la cocina y empiezan a verse huecos os aseguro que tengo reservas para seguir reposteando durante un tiempo y es que he sido demasiado hormiguita y he caído repetidas veces en las ofertas del LIDL ¡qué tentador es todo lo que traen! y cada vez que vamos a algún sitio ¡cargada que me vengo de productos típicos! y si alguien va de viaje ¡más cositas de comer que acaban en mi casa! Lo que no me explico es cómo no termino redonda, pero no será hoy cuando os cuente mi truco para no caer en la tentación, ese lo dejo para otra entrada.

La caja de galletas también estaba en la cocina. De hecho escondida para que mi marido no se la comiera porque hacía tiempo que quería probar la base con galletas Oreo y siempre que lo intentaba quedaban ¡con suerte! la mitad de las galletas y en la mayoría de los casos un vacío en el armario en el lugar en el que debía estar la caja.

Así que con mucha imaginación y esta combinación de ingredientes surgió esta tarta brownie que en cuanto metí en el horno sabía que iba a ser todo un exitazo.

De hecho desde que hice la masa, que está tan buena así en crudo (no sabéis lo que eché de menos probar las masas crudas durante el embarazo, creo que fue de las peores cosas) que no acabar con ella directamente a cucharadas ya es todo un acto de fe.

Una receta así no podía quedarse en pendientes cuatro o cinco largos meses mi conciencia no me lo permitía aunque por otro lado ¿quién soy yo para cargarse la operación biquini de un plumazo? Porque si las tentaciones fueran pocas por aquí asomo yo con mi tartita que parece inocente pero para nada lo es.

Y por si faltara algo le dejo el corazón extremadamente fundente ¡no hay nada que me guste más en un brownie! De hecho tuve la tentación de dejarla bastante más líquida, pero sabía que a mi marido no le iba a terminar de convencer, que iba a empezar a darme la chapa con los riesgos de dejar el huevo a medio cocinar (más cuando llega el verano) y cosas así por lo que terminé de cocinarla "casi entera" 

Creo que es de las pocas veces que suplicaba para que se hubiera quedado más cruda pero aún así estoy bastante contenta con la textura y por supuesto el centro era lo último que me comía ¡porque es lo que más me gusta! 

No os podéis imaginar el olor que desprende ¡es tentación en estado puro! y no sólo cuando se hornea ¡es que huele cuando está fría. Os aseguro que es quizá el postre con mejor aroma que he preparado nunca ¡si os animáis a hacerlo me vais a entender! 


Y la combinación de sabores... ¡¿qué os digo que no seáis capaces de imaginar?! ¡es increíble lo bueno que está! ¡y el millón de calorías que tiene en cada porción! 

Lo peor de todo es que aún puede ser más calórico porque en un alarde de agonía ocurrencia  se nos ocurrió ponerle sirope de caramelo (yo) y de chocolate (mi costillo) ¡brutal! Eso sí, después dos semanas a base de lechuga todas las noches para compensar el invento y creo que aún lo tengo pegado en las caderas

Contadme qué os ha parecido si os animáis a prepararlo ¡y dad gracias que el aroma no pueda traspasar la pantalla u os tendría encandilados cual flautista de Hamelin! 

Y si por casualidad alguno aún duda os dejo una foto aún más cercana de ese interior tan sumamente fundente ¿acaso no se os hace la boca agua?


¡Vamos con la receta! 

Ingredientes:

Para la base:

* 20 galletas Oreo con el relleno
* 25 gramos de mantequilla (yo puse 50 y me pasé)

Para el brownie:

* 85 gramos de mantequilla
* 4 huevos
* 350 gramos de dulce de leche
* 50 gramos de cacao en polvo
* 200 gramos de harina
* 80 gramos de miel
* 12 galletas Oreo

Para la superficie:

* El resto del bote de dulce de leche
* 6-8 galletas Oreo



Elaboración:

1. Comenzamos preparando la base. Para ello picamos las galletas con el relleno hasta dejarlas reducidas a polvo. Puede ser con la picadora, con un robot de cocina o metiéndolas en una bolsa y pasando el rodillo.

Ponemos las galletas trituradas en un bol y añadimos la mantequilla derretida. Mezclamos con ayuda de un tenedor y vertemos en la base del molde (desmoldable) que vayamos a utilizar. El mío es de 23 centímetros.

Esparcimos la masa procurando que la base quede bien cubierta y haciendo un pequeño bordecito alrededor. Reservamos.

2. Ahora preparamos el relleno. Ponemos en un bol amplio la mantequilla derretida y los huevos y batimos hasta integrar .

3. Incorporamos el dulce de leche y la miel y volvemos a batir.

4. Añadimos el cacao en polvo y la harina y mezclamos lo justo para obtener una masa homogénea y sin grumos.

5. Partimos las galletas Oreo en tres o cuatro trozos, según nos gusten los tropezones de grandes y las añadimos al relleno. Distribuimos bien con ayuda de una espátula.

6. Vertemos el relleno sobre la base de galleta. Alisamos la superficie con una espátula.

7. Con ayuda de una cuchara vertemos en la superficie el resto del dulce de leche que haya quedado en el bote. Este paso se puede obviar si no te queda dulce de leche porque te lo has comido a cucharada limpia.

8. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos unos 40 minutos. Así queda hecho por los bordes y con el centro muy líquido. Por mi gusto hubiera horneado menos aún porque me gusta el interior poco hecho, pero también podéis dejarlo unos 50 minutos y estará menos húmedo en el centro.

9. Dejamos cinco minutos dentro del horno con la puerta entreabierta, sacamos y decoramos la superficie con el resto de galletas Oreo.

El momento ideal es cuando aún está caliente porque se pinchan muy bien.

10. Dejamos enfriar por completo sobre una rejilla, desmoldamos ¡y atacamos!

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/tarta-brownie-de-oreo-dulce-de-leche

Llegados a este punto entenderéis que cualquier cosa que cuente del olor o del sabor se queda corta.

Si sobrara algo, que os aseguro que salvo que seáis muchos (y os recomiendo encarecidamente que lo preparéis para compartir porque en caso contrario la báscula no será vuestra amiga en un mes al menos) va a quedar para conservarlo os recomiendo que lo envolváis en film transparente y se mantendrá blandito y conservará el mismo olorcito delicioso del primer día.

Yo lo dejé fuera del frigorífico porque aún no hacía demasiado calor pero si las temperaturas aprietan y el calor se apodera de vuestra cocina os aconsejo que lo metáis en la nevera ¡que no queremos sustos! 

Me alegro de que os haya gustado el botón de imprimir receta. Si pincháis en él os lleva a una página y para imprimir tenéis que ir hasta el final y abajo del todo, en letras chiquititas de color azul, veréis que pone "imprimir receta" Si alguien tiene algún problema estaré encantada de que me lo comentéis para poder solucionar posibles adversidades.

Creo que sólo me queda despedirme hasta la próxima semana ¡que el jueves estrenamos el mes de junio! y desearos muy feliz fin de semana. La princesa Lara sigue creciendo, descubriendo e investigando todo lo que hay a su alrededor. Eso sí, para comer ¡qué mala ha salido! Puedo darle lo que quiera triturado pero entero ¡no quiere probar nada! ¡ni un triste mordisquito! 

Y con la vacuna nos fue genial. Pasada la del año ¡ni una triste décima de fiebre! ¡esta niña se me hace mayor muy rápido!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 18 de mayo de 2017

Muffins de leche condensada y chocolate blanco con moras


Por si alguien no se ha enterado aún Sofía la creadora de Mil ideas mil proyectos está en plena celebración del 6º aniversario de su blog y para festejarlo ha preparado un estupendo concurso

A mí que me gusta hacer bulto en cualquier sarao no podía faltar en este ¡más cuando hay más de 1.000 recetas para elegir! Lo difícil no es encontrar una que te guste ¡lo complicado es elegir sólo una! aunque confesaré que esta vez no me ha costado mucho porque como buena aspirante a reina de los muffins fue encontrar esta  y saber que era la elegida.

No sólo tenía unas ganas locas de probarla sino que además me venía de perlas para terminar una maxi lata de leche condensada que tenía abierta después de  preparar otra receta que tengo pendiente de compartir con vosotros ¡ni por un minuto me olvido de mi propósito de dar salida a todo lo atesorado en los armarios de mi cocina! 

Además la receta me era familiar y tras darle muchísimas vueltas me acordé de una receta de bizcocho de leche condensada que hace al menos siete u ocho años me pasó mi amiga Marita y que nos gustó tanto en casa que la repetimos incontables veces durante un buen tiempo. Efectivamente es la misma receta pero con el añadido del chocolate blanco en la masa.

Yo le he dado mi toque personal (espero que a Sofía no le importe) para que la textura sea más de muffin (porque inicialmente esta receta lleva muy poca harina) y no  se baje después de hornearla (con una masa tan líquida el copete no se mantendría) además de añadirle chocolate blanco en trocitos (por si el aporte calórico era pequeño) y un buen puñado de moras que aún tengo bastantes congeladas del pasado verano porque he pensado que el contraste dulce de la masa y los trozos de chocolate con el ácido de estas frutas sería delicioso ¡y no me he equivocado! ¡están de escándalo!


La textura también me ha gustado mucho. Sube bien la masa y el copete aguanta sin bajar una vez acaba el horneado.

En contra de lo que pueda parecer no es en absoluto un muffin empalagoso a pesar de la cantidad de leche condensada y chocolate blanco. No sé si "solos" serían más dulces pero las moras equilibran muy bien el sabor.


Es una receta tremendamente sencilla y muy vistosa. Se prepara con un simple bol y una varilla manual, no hace falta ensuciar ningún robot de cocina y si la dejás reposar en frío ya véis que magnifico copete lucen los muffins.

De paso he podido estrenar estas bonitas cápsulas que cayeron en mis manos hace no demasiado tiempo (cosa extraña en mí ¡con lo que me gusta atesorar!) y con las que estoy muy contenta.  La grasa no traspasa y se mantienen perfectas tras el horneado.

Cosa diferente es que se manchen si chorrea un poquito de chocolate blanco por fuera ¡pero no podían ser completamente perfectas!

Ni qué decir tiene que el concurso de Sofía me ha venido de perlas para seguir dando salida a lo que tengo en casa y para probar una receta nueva que está de muerte.


El interior es una maravilla, muy suave y húmedo plagado de manchitas moradas gracias a las moras... ¡tan apetecible!

Poco más me queda que contaros. Estoy segura de que estáis convencidos así que os dejo la receta que aunque parece larga ¡no lo es! Os aseguro que estoy tardando mucho más en redactar el paso a paso de lo que realmente tardé en tener lista la masa.

¡Casi se me olvida! Hoy estreno botón para imprimir receta. Lo encontraréis al final del paso a paso ¡espero que os guste y os resulte útil! 

¿Os animáis?

Ingredientes:

* 370 gramos de leche condensada
* 50 gramos de mantequilla
* 75 gramos de chocolate blanco
* 4 huevos
* Un sobre completo de gaseosillas (los dos sobres, el blanco y el azul)
* 250 gramos de harina para repostería (creo que con 200 quedarán más húmedos)
* 50 gramos de perlas de chocolate blanco (o chocolate blanco en trozos)
* 150 gramos de moras 

Elaboración:

1. En un bol apto para el microondas ponemos la mantequilla y la derretimos en el microondas. 

2. Le añadimos el chocolate blanco troceado, removemos y volvemos a meter en el microondas en tandas de 10 segundos hasta que esté derretido. Hacedlo en tandas cortas porque el chocolate se quema facilmente en el microondas.

Movedlo en cada tanda porque igual no hace falta meterlo en el microondas más y se acaba de derretir con el calor de la mantequilla.

Yo he necesitado 20 segundos nada más, pero depende de cada microondas.

3. En un bol amplio ponemos la leche condensada y vamos añadiendo los huevos de uno en uno. No incoporamos el siguiente hasta que el anterior esté completamente integrado o parecerá que la masa se corta y costará un montón que quede homogénea.

4. Añadimos la mantequilla con el chocolate blanco y mezclamos hasta integrar.

5. Ponemos el sobre de gaseosillas y mezclamos (veremos que la masa esponja)

6. Por último incorporamos la harina y batimos lo justo para que la masa quede lisa y sin grumos. Como son muffins no queremos añadir aire a la masa.

7. Tapamos el bol y lo dejamos en el frigorífico al menos una hora. Este paso nos vendrá muy bien para que tengan un bonito copete. Si no podemos horneamos directamente que no pasa nada.

8. En un bol ponemos las moras y añadimos una cucharadita de harina. Removemos para que queden bien enharinadas y que no se vayan al fondo de cada muffin. Yo he usado moras congeladas, sin descongelar previamente, ya que se destrozarían al mezclarlas. Es un truco que aprendí de mi amiga Maribel del blog Bruni´s boulangerie.

9. Añadimos las moras y las gotas de chocolate a la masa y con ayuda de una espátula repartimos bien.

10. En nuestra bandeja para muffins ponemos las cápsulas que hayamos elegido. A mí me gusta usar la bandeja aunque las cápsulas sean rígidas.

11. Con ayuda de una cuchara para helados llenamos nuestras cápsulas sin llegar hasta el borde.

12. Introducimos en el horno previamente calentado a 210º C y horneamos durante diez minutos. Pasado este tiempo bajamos la temperatura a 180º C y seguimos horneando hasta que la masa esté cuajada. Lo comprobamos pinchando con un palillo de madera en el centro.


Los míos tardaron unos 25 minutos en estar listos pero dependerá del tamaño de las cápsulas elegidas.

13. Cuando estén horneados dejamos reposar dentro del horno unos minutos con la puerta entreabierta evitando así que el copete se pueda bajar.

14. Sacamos la bandeja y desmoldamos los muffins dejando sobre una rejilla para que se enfríen por completo!

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¡No seáis agonías que los trocitos de chocolate blanco calientes os pueden abrasar la lengua!

(Sé muy bien de lo que hablamos...)


Con estas cantidades me dio para 12 muffins y uno más que es el que en casa llamamos el de prueba.

¿Qué es el muffin de prueba? El que podemos comernos recién salido del horno sin esperar a que se hagan las fotos y casi siquiera a que se enfríen ¡habrá que hacer el control de calidad antes de montar la parafernalia de las fotos ¿o no?!

Y que mi maridín no suele tener mucha espera, así que cuando de galletas o pasteles individuales se trata para que no se impaciente le doy el de prueba y ya se queda contento.

Estoy viendo que en un pocos meses tengo que hacer otra prueba para la peque ¡que apunta maneras!

Los que sobren, que alguno sobrará aunque sea por vergüenza, los metéis en un tupper, lo cerráis bien ¡y al frigorífico! que empieza a hacer calor y no es cuestión de jugársela ¿verdad?


No sé si se podrían congelar. Al llevar las moras que ya han sido congeladas previamente no sé si es conveniente. A ver si alguien que maneje el tema de los congelados mejor que yo nos puede esclarecer esta duda.

Como viene siendo habitual en las últimas entradas toca dar el parte de salud de la pequeña Lara. El resfriado de la semana pasada fue más testimonial que otra cosa. Por suerte desde el mes de marzo cada vez que se ha resfriado no ha pasado de tener el moco colgando (a lo sumo alguna tos cansina) y se ha quedado en casa un día o dos más que nada por no contagiar a los compañeros de la guardería porque enferma, enferma (y toco madera) no es que haya estado.

Ayer le tocó la revisión de los 15 meses. Sí, sé lo que estáis pensando, que no puede tener 15 meses ya, que parece que fue ayer cuando os contaba que estaba embarazada, pero el tiempo se nos ha ido así. Y también vacuna...¡cada vez nos quedan menos! y cada vez presenta menos síntomas ¡y hace más monerías al ATS de turno!

Gracias a todos los que cada semana pasáis por aquí y además de aguantar la perorata de turno me preguntáis por ella ¡y también en las redes sociales!

Os deseo muy feliz y dulce fin de semana ¡os espero el jueves próximo!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 11 de mayo de 2017

Pudin de pan con canela


Mayo huele a verano.

Los días son cada vez más largos y la temperatura (al menos en la calle) alcanza cotas que nos advierte que el verano se acerca a pasos de gigante.

Casi sin darme cuenta los árboles que tengo en el parque que hay frente a mi casa están vestidos de verde y arrojan una sombra que es bastante agradable cuando regreso a la hora de comer. Tengo que ponerme las pilas y hacer el cambio de armario aunque en los últimos días nos acompañan lluvias esporádicas que me frenan a la hora de guardar chaquetas y botines hasta que llegue el próximo otoño.

Eso y que yo soy más de ropa de invierno que de ropa de verano. ¡Lo que adoro el frío! y se me va hasta el mes de octubre...

Estoy aprovechando al máximo estos fines de semana para hornear deliciosos postres y apuro hasta el último momento para publicarlos y que podáis prepararlos antes de que llegue el sopor del verano y nos haga (casi) imposible encender el horno. A pesar de vivir en plena Andalucía interior me resisto a mantenerlo apagado tres meses pero entiendo que haya gente que se eche a sudar sólo con pensar en ponerse a hornear en pleno mes de julio.


Es por eso que hoy os traigo este delicioso pudin de pan con canela que ha sido fruto de la improvisación para aprovechar un bollo de pan, de los que compramos para bocadillos, y parte de otro que llevaban rodando unos días en la cocina.

En casa no suele sobrar pan porque compramos muy poco y teniendo siempre en cuenta lo que vamos a comer. Sé que hay gente que no concibe una comida sin pan en la mesa y que cada día compran su barra de pan pero en casa  no somos de acompañar todas las comidas con pan y sólo lo compramos para acompañar determinados platos (los que llevan salsa para mojar muchas sopas por ejemplo) 

De todos modos, y ante cualquier imprevisto, solemos tener pan congelado por si de repente nos apetece un bocadillo o por si se nos olvida por la fuerza de la falta de costumbre comprar pan el día que sí lo necesitamos.


No obstante hay veces en los que descongelamos pan y surge algún imprevisto (como una invitación a cenar de última hora) que hace que se quede sin tocar y haya que buscarle un uso alternativo. Generalmente acaba convertido en tostadas sin menospreciar las torrijas pero esta vez me apetecía probar algo diferente sin necesidad de manchar demasiado la cocina y me acordé de preparar un pudin que tan sencillo es y tan buen resultado da siempre.

Como receta de aprovechamiento es de las mejores que conozco porque necesitas cuatro ingredientes de andar por casa (huevos, leche y azúcar) y tienes un postre delicioso. Humilde, sencillo, muy poco vistoso si lo comparas con recetas que llevan capas y capas de cremas de colores pero bastante más sano que estas que llevan cantidades ingentes de mantequilla y azúcar.

Además también puede quedar precioso y a las imágenes me remito.

De paso he aprovechado para estrenar una cazuela de barro que compré en invierno en Lidl (de hecho son tres) y que si no me llevo a casa me da algo porque hace mucho tiempo que la quería pero las que encontraba eran muy caras y cuando vi estas por menos de diez euros los ojos se me abrieron como platos. ¡Nunca acabo de enamorarme de cacharros de cocina! y os aseguro que el tema espacio empieza a ser preocupante.

La receta es sencillísima, no se ensucia más que un cacharro y la mayor complicación puede ser disponer el pan en el molde ¡con eso os lo digo todo! 

El sabor recuerda mucho a las torrijas (salvando las diferencias) y también me recordó al Bread and butter pudding que preparé hace unos años aunque me gusta más con este tipo de pan que con el pan de molde y prefiero que no lleve mantequilla que nos ahorramos unas cuantas calorías de cara al verano aunque a estas alturas nos podemos olvidar de milagros.

Como creo que ya estáis convencidos y que poco más se puede decir de esta maravilla ¿qué os parece si vamos con la receta? Os aseguro que tardo más en redactarla que en tenerla lista

¿Os apetece?



Ingredientes:

* 1 bollo para bocadillo y un tercio de otro
* 450 ml de leche
* 60 gramos de azúcar
* 2 huevos
* 1 cucharadita de canela
* Canela en polvo para espolvorear (opcional y al gusto)

Elaboración:

1. Partimos el pan en rodajas y lo colocamos en el molde que vayamos a utilizar

2. En una jarra ponemos la leche, los huevos, el azúcar y una cucharadita de canela en polvo y batimos hasta obtener una mezcla homogénea. Yo lo hice con una varilla manual pero se puede meter perfectamente la batidora si queréis aunque no es necesario ensuciarla porque no tiene ninguna complicación.

3. Con cuidado vertemos sobre el pan que hemos dispuesto en el molde y dejamos reposar unos 30 minutos para que el pan se empape bien.

4. Transcurrido el tiempo introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos hasta que esté cuajado. Dependerá mucho del molde y de cómo hayamos dispuesto el pan pero el tiempo estará en torno a los 40-60 minutos.

Apagamos el horno cuando lo veamos cuajado.

5. Antes de servir espolvoreamos con canela en polvo.


Lo podemos servir templado o frío (a mí me gusta de las dos maneras) sólo o acompañado (de lo que se os ocurra, desde fruta o mermelada pasando por nata o helado)

Si sobra lo tapamos con film transparente y a la nevera y al día siguiente está igual o más rico aún y si lo queremos templado ¡golpe de microondas y listo!

Si tenéis pan duro en casa os aseguro que es una manera deliciosa y muy sencilla de darle salida. 

En cuanto a Lara, que todos me preguntáis por ella y cada semana os cuento algo, para el día de la madre hizo una postal que la mayoría habéis visto en mi Instagram ¡es una artistaza de la pintura de dedos! El domingo transcurrió con más percances de los previstos porque se ha vuelto a resfriar (esto es un círculo vicioso estando en la guardería) y estuvo muy llorona y muy mocosa.

Ya vamos mejor, luchando para que se tome los medicamentos y para que desayune por las mañanas que le ha dado por no querer el biberón ¡lo que hay que porfiar! Pero nada que no se pueda salvar con toneladas de paciencia (y sin dormir, por supuesto)

Os deseo un feliz y dulce fin de semana, espero que disfrutéis mucho del buen tiempo y os espero la próxima semana de nuevo por mi cocina.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 4 de mayo de 2017

Charlota de fresas y mascarpone

¡Estamos en Mayo!

Mes de las flores y de las madres (y de las alergias, pero la entrada de hoy no va sobre este tema)

Soy la primera que reconoce que los "días de..." no me gustan en absoluto (y me ahorro el discurso de que son comerciales, de que a tu madre/padre/pareja... se le quiere todos los días y no sólo uno concreto marcado en el calendario... y el bla, bla, bla que todos sabemos) pero este año me hace especial ilusión el día de la madre porque Lara preparará alguna cosa en la guardería  y espero con impaciencia que llegue mañana y ver con qué aparece por casa.

Desde que Lara nació he aprendido a valorar aún más a mi madre. Siempre he sabido ver el esfuerzo que mis padres han hecho para criarnos, educarnos y darnos todo lo que estaba en su mano, además de apoyarnos en todo momento. Sin embargo no ha sido hasta que ha llegado la peque cuando he sabido ver cuánta falta me hacen y me van a seguir haciendo el resto de mi vida.

Parece que cuando acabas la carrera, encuentras trabajo y te independizas el "trabajo"  de los padres ha llegado a su fin y que estás listo para volar solo. Así es hasta cierto punto, pero llegan nuevas etapas de la vida en las que sus conocimientos y su inestimable ayuda y apoyo te son imprescindibles.

Seguro que la mayoría de vosotros sabéis perfectamente a qué me refiero porque vais al menos dos pasos por delante de mí en la vida y los que aún no hayáis llegado a este punto ¡paciencia! que todo se andará.

Es por ello que hoy quiero compartir con vosotros esta estupendísima receta, que es muy vistosa, muy rica ¡y más fácil de preparar de lo que parece a simple vista! ¡os van a hacer la ola en casa este fin de semana!

No sé si os pasa a vosotros pero hay recetas que no hago por miedo. ¿Miedo? Efectivamente. Miedo a que no salgan bien, miedo al fracaso, miedo a emplear tiempo e ingredientes y obtener un churro... Por mucho que de los errores se aprenda confieso que hay recetas con las que no me pongo porque preveo que me van a quedar mal y nunca me atrevo.

Lo curioso es que cuando me fuerzo a salir de mi zona de confort repostera e intento elaboraciones nuevas suelo quedar más o menos satisfecha con el resultado y me doy cuenta de que no es para tanto.

Es lo que me pasaba con las charlotas (también conocidas como carlotas o charlottes) que las veía y me quedaba enamoradita de ellas pero no me atrevía a prepararlas en casa porque pensaba que a mí los bizcochos de alrededor se me iban a caer todos en cuanto desmoldara, que no iba a saber darle el punto a los bizcochos y se iban a quedar duros o los iba a empapar demasiado aguando todo el relleno, que la crema del relleno no se iba a quedar lo suficientemente firme o por el contrario se iba a quedar tipo goma... Vamos que parecía que iba a preparar la tarta a oscuras o que era la primera vez que iba a hacer una tarta en mi vida...

Pero hace unas semanas vi varias por la blogosfera y como soy casi miembro honorífico del Club Culo Veo, Culo Quiero me dije que era hora de salir de mi zona de confort, echarle valor y preparar una.

Y como a valiente no me gana nadie (y a cabezona tampoco) ¡la preparo de mi invención! Lo que pasa es que había dos ingredientes que quería que llevase sí o sí (fresas porque tenía una caja buenísima ¡las estáis viendo! y mascarpone porque compré una tarrina en la "semana italiana" de LIDL y no quería que se quedara en el frigorífico por los tiempos de los tiempos) y las receta que encontraba o no los incluían o no acababan de convencerme por llevar mucha azúcar o mucha nata montada que no es demasiado de mi devoción.

Así que tomando ideas de aquí y allá y en base a mi experiencia repostera me lancé a prepararla con Lara recién dormida pero la tranquilidad me duró poco porque no estuvo ni una hora echando la siesta.


En realidad las charlotas no son complicadas de preparar pero requieren demasiada puesta en escena para su elaboración aunque una vez todo organizado a la hora de montar capas no tardas más de diez minutos en tenerla lista.

También tengo que confesar que todos los miedos de los que he hablado antes eran infundados y que sorprendentemente todo salió bien a la primera ¡ni un bizcocho del contorno se me resistió! ¡no podía creérmelo!

Y si dudáis acerca de si se mantienen o no una vez desmoldados ¡tengo la foto que lo demuestra! porque reconozco que me encantan estas tartas con su lacito alrededor ¡quedan monísimas! pero más de una vez me he preguntado si el lacito no era además para sujetar los bizcochos para la foto. Así que aquí podéis ver que se sujetan solitos ¡y os aseguro que desde el primer al último día.

El tema corte me daba también mucho respeto ¿y si se desmoronaba todo? pero afortunadamente se mantenía. Después de prepararla he aprendido dos cosas importantes:

1. La fresas en lugar de en láminas estarían mejor cortadas en trocitos porque sería más fácil cortar las porciones y sería más sencillo comerla con cucharita.

2. Al poner cada capa de bizcochos hay que presionar bien para que la tarta se vaya compactando y las capas se unan bien.

Por si os lo preguntáis los bizcochos de huevo de las capas, que son duros, se quedan blanditos, como una capa de bizcocho tradicional y los de alrededor por fuera siguen siendo rígidos pero están blanditos y se pueden cortar perfectamente con la cuchara. Que esa era otra de mis incógnitas.

Como véis era un mar de dudas y miedos antes de ponerme con este postre y os puedo decir que estoy contentísima, que está muy rico, que es muy vistoso y que no es tan complicado como desde fuera pueda parecer. Así que si os ocurre como a mí os animo a que os pongáis manos a la masa y le regaléis a vuestra madre o a vuestra familia este delicioso postre ya sea este domingo o cualquier otro día del año ¡os van a hacer la ola y vosotros os vais a sentir la mar de orgullosos!

Mientras os cuento los pasos ¿compartimos un trocito? porque parece un poco laborioso, pero en el fondo no tiene dificultad ninguna.



¡Vamos con la receta! 

Ingredientes:

* 42 bizcochos de huevo. Yo compré un paquete de la marca DIA que trae cuatro paquetes con 12 bizcochos cada paquete y me sobraron 6. La cantidad depende del tamaño del molde
* 200 ml de nata para montar 35% m.g.
* 500 gramos de queso mascarpone
* 100 gramos de azúcar glas
* 1 kilo de fresas (la cantidad también es aproximada porque depende del tamaño de las fresas la cantidad que se necesitan para decorar)
* 300 ml de leche
* 5 hojas de gelatina neutra

Elaboración:

1. Lavamos las fresas, las secamos, les cortamos las hojas y partimos unos 300 gramos para el relleno.Yo las partí en rodajas pero por la experiencia al comer la charlota aconsejo partirlas en trocitos, pero ya queda al gusto de cada cual. Las reservamos.

2. En un plato hondo o en una fuente pequeña ponemos la leche. Necesitamos que en este recipiente quepan bien los bizcochos.

En un bol ponemos agua fría y ponemos las hojas de gelatina a hidratar.

3. En primer lugar vamos a preparar los bizcochos del borde de la charlota. Para que asienten bien y se tengan de pie cortamos un poquito de la base para que se quede recta porque tienen los extremos redondeados. Procuramos cortar en todos un trozo similar para que no se queden disparejos. Si en alguno se nos va la mano no pasa nada porque lo usamos para la base o las capas intermedias. Los trocitos tampoco os los comáis mientras preparáis la receta que nos harán falta para cubrir los huecos.

4. Una vez cortada la base de los bizcochos que necesitamos para el contorno cogemos los bizcochos de uno en uno y lo ponemos en la leche por la base plana que es la que va a quedar en contacto con el relleno. La parte azucarada (que suele ser más redondeada) es la que va a quedar a la vista.

Contamos "un, dos, tres" sacamos el bizcocho de la leche y lo colocamos en el molde de pie. Así con todos los bizcochos que hagan falta para darle la vuelta a todo el contorno del molde elegido ¡que por supuesto ha de ser desmoldable!

Si alguno se resiste repasamos la base y se quedará de pie o lo descartamos y lo dejamos para las capas ¡no hay que sofocarse!

5. El siguiente paso es preparar la base de la charlota. Para ello vamos mojando los bizcochos en la leche pero en este caso por las dos caras. Ponemos en la leche el bizcocho, contamos hasta tres, le damos la vuelta, volvemos a contar, sacamos y ponemos en el molde.

Con los trocitos que tenemos vamos rellenando los huecos o vamos partiendo bizcochos según nos haga falta. Es necesario que la base quede bien cubierta y que no queden huecos.

Si al poner el contorno los bizcochos se nos cayeran y no se mantuvieran en pie podemos colocar la base, o parte de ella para ayudar a sujetarlos.

6. Ahora pasamos a preparar el relleno. En un bol ponemos el queso mascarpone y el azúcar glas (tamizado a poder ser para que no queden grumitos) y mezclamos con una espátula. Añadimos la nata que debe estar muy fría (yo la pongo al menos el día de antes en el frigorífico) y con ayuda de unas varillas eléctricas o un robot de cocina montamos la mezcla.

Cuidado con batir en exceso y hacer mantequilla.

7. Escurrimos las hojas de gelatina, las ponemos en un vaso y las metemos en el microondas. En unos segundos la gelatina estará líquida.

8. En este vaso añadimos dos o tres cucharadas de la mezcla de queso y nata, mezclamos bien e incorporamos al bol a la vez que seguimos batiendo un poco más para que se integre.

9. Llegado este momento sólo nos queda hacer capas y habremos acabado.

10. Sobre la base de bizcocho vertemos parte de la mezcla de queso y nata, esparcimos y nivelamos y colocamos una capa de fresas.

11. Cubrimos con una nueva capa de bizcochos mojados en la leche y presionamos para que las capas se asienten y queden bien unidas, ponemos una capa de nata y otra de fresas.

12. Ponemos una nueva capa de bizcochos (y volvemos a presionar ¡sin miedo!) y cubrimos con el resto de la crema. A mí me vino justa para las tres capas, aunque la última fue más generosa.

13. Tapamos con un film trasparente procurando que quede muy bien cubierto todo y metemos en el frigorífico para que cuaje bien y las capas se asienten. Como siempre aconsejo preparadla de un día para otro o al menos que repose toda una noche en el frigorífico.

14. Antes de servir quitamos el aro del molde ¡sin miedo que los bizcochos no se caen! y cubrimos la superficie con fresas enteras o como más os guste.

¡Y a disfrutar!

Lo que sobre ¡si es que sobra! lo envolvéis muy bien con film transparente y lo guardáis en la nevera.

Aguanta bastante bien, creo que en casa tuvimos postre durante cuatro días (somos de raciones chiquititas) y estaba como el primero, pero no la preparéis con demadiada antelación que lleva fruta natural y sabéis que se estropea pronto.

Quizá sí que las capas internas de queso y nata comienzan a teñirle un poco de rosa con el paso de los días, pero muy poco y casi al final, así que eso no supone problema.

Creo que nada más os tengo que contar sobre esta receta. Si os animáis me encantaría que me lo contáseis ¡y me mandarais alguna foto para ver vuestra versión!

Pediros disculpas a los que aún os debo alguna visita desde la semana pasada o incluso más pero estoy liadísima con el trabajo y en casa con Lara es muy complicado sacar tiempo para todo lo que me gusta ¡bastante me cuesta algunas semanas redactar la entrada!  Pero no os preocupéis que antes o después pasaré a visitaros.


Lara está un poco mejor de su resfriado, el tema mocos con el tiempo tan cambiante que estamos teniendo está a la orden del día en la guardería así que es inevitable que los coja. Y el tema dientes... pues la mayoría sabéis de qué hablo ¡vamos ya a por el octavo!  Y con el tema sueño ¡seguimos igual! pero yo ya estoy más que acostumbrada a dormir cinco horas diarias y darlo todo en la oficina, en casa y con la peque ¡nada que no hayan hecho millones de mujeres antes que yo!

Os deseo muy feliz y dulce fin de semana (esta vez sólo de dos días) y nos leemos la próxima semana.

Manos a la masa y ¡bon appétit!