jueves, 16 de noviembre de 2017

Coca de calabaza con costra de azúcar y canela

¿Nunca os ha pasado que la vida, con ese peculiar sentido del humor que tiene, un día cualquiera decide darse un giro y os pone todo patas arriba? Y de repente te ves a ti misma preguntándote qué ha pasado porque no te cabe en la cabeza que sólo un día atrás todo estuviera bien y ¡zas! en un abrir y cerrar de ojos tienes que cambiarlo todo.

Pues bien, eso nos pasó a nosotros hace ya casi quince días, aunque la semana pasada no conté nada porque la entrada estaba dedicada a mi amiga Marisa y no me parecía oportuno empañar la ocasión con mis cuitas caseras. 

El primer domingo de noviembre mi madre tuvo una caída en casa de lo más tonta y se ha roto la muñeca, el cúbito y el radio. ¿Resultado? una bonita escayola que le llega a la axila y encima hay que dar las gracias porque no ha sido necesario entrar a quirófano y en unas horas se pudo marchar a casa.

No sólo está el inconveniente de tener a una madre "averiada" y que por tanto necesita que le echemos una mano (y nunca mejor dicho) en algunas tareas domésticas en las que no se apaña con mi padre (por ejemplo la plancha) sino que ella se quedaba por las tardes con Lara porque teníamos que recogerla de la guardería antes de las cinco y yo hasta las ocho de la tarde no salgo de trabajar. 

¿Qué se hace entonces cuando de la noche a la mañana te ves con que no puedes seguir con tus rutinas? Cabilar, idear y pedir favores. Mis jefes han sido muy benevolentes y me permiten trabajar de nueve a cuatro y media de forma continuada y así puedo recoger a la peque y nos vamos juntas a casa.
A mí me toca achuchar para que mi trabajo siga saliendo puntualmente (ellos no me lo han dicho, pero mi conciencia no estaría tranquila si no sacara el mismo trabajo) y si le miro el lado bueno al asunto tengo la suerte de poder disfrutar un montón de tardes con mi hija que de otra manera no hubiera sido posible. 

Ya sé que podía haber sido algo mucho peor, pero eso no quita que la vida se nos haya trastocado en un momento y estemos aún buscando un nuevo equilibrio para poder seguir haciendo todo lo que hacíamos. Si mis jefes no hubieran accedido a que hiciera este nuevo horario no sé qué hubiera hecho, pero mejor no lo pienso y doy gracias por la fortuna que hemos tenido dentro de nuestra "pequeña desgracia" 

He querido compartirlo con vosotros porque sois muy listos y el que más el que menos algo ha pillado en lo que he comentado en alguna publicación en mi perfil de Instagram y como aquí estamos para compartir lo bueno y lo malo hoy toca de lo segundo e intentaremos endulzar el trago con la receta que os traigo.

Siguiendo en mi línea de publicar postres típicamente otoñales (salvo la semana pasada por motivos más que justificados) hoy vuelvo a abrir mi cocina a mi adorada calabaza. Si hace unos años me dicen que iba a engancharme tanto a esta hortaliza creo que me hubiera carcajeado en la cara del que me lo hubiera dicho ¡si es que nunca sabemos las vueltas que nos va a dar la vida! y ahora no puedo pasar sin ella y sin los deliciosos postres que preparo (y preparáis vosotros que menuda lista de pendientes tengo por hacer)

Y como una no es de piedra y lleva algunos años paseándose por la blogosfera ¿cómo no iba a enamorarme de la coca de calabaza o coca de carabassa que mis amigos levantinos comparten otoño sí y otoño también?
Lo extraño es que la preparé el pasado otoño y no sé por qué no la compartí entonces porque os aseguro que está para ponerle un piso. ¿Veis que es grande? ¡pues nos supo a poco! y es que la combinación calabaza & aceite de oliva & canela es una apuesta ganadora siempre.

¡Ojo! que no digo que esta sea la receta tradicional ni mucho menos. Consulté distintas recetas y al ver que más o menos los ingredientes y las proporciones son las mismas o muy similares cogí ingredientes de aquí y allá y puse cantidades a mi gusto ¡et voilà! un resultado increíble.

La coca es jugosa, esponjosa, tierna y el sabor...¡mmm! indescriptible. Si os animáis a prepararla no le quitéis la costra de azúcar y canela. Que sí, que resta calorías, y yo soy la reina de quitar todas las calorías que se pueda, pero os aseguro que estas bien merecen la pena.






El molde que yo utilicé es de 26x26 (aproximadamente) y como os comentaba no nos sobró nada, ni llegó a ponerse dura ni nada ¡qué buen diente tenemos en casa! Pero si os parece mucho siempre podéis hacer la receta con la mitad de los ingredientes o incluso congelarla en trozos y sacarlos a medida que los vayáis a consumir ¡estará perfecta! 

Si tenéis calabazas en casa y os gustan los postres con ella no os perdáis esta coca que os aseguro está para repetirla una y otra vez ¿acaso no os convence este maravilloso corte tan esponjoso? ¡si os está llamando a gritos!


Os dejo la receta que además es sencillísima de preparar ¡espero que os animéis con ella!

Ingredientes:

* 500 gramos de puré de calabaza
* 5 huevos
* 100 ml de aceite de oliva virgen extra (AOVE)
* 250 gramos de azúcar blanca
* 3 sobres completos (uno azul o morado y otro blando) de gaseosillas 
* 500 gramos de harina de repostería
* 4 cucharadas soperas de azúcar y una de canela para espolvorear
* Mantequilla para untar el molde

Elaboración

1. En un bol muy amplio ponemos el puré, los huevos, el aceite y el azúcar y batimos hasta obtener una masa homogénea.

2. Añadimos los tres sobres de gaseosas y mezclamos. Veremos cómo nuestra masa sube y se esponja.

3. Incorporamos la harina y mezclamos con cuidado procurando que la masa no se baje en exceso

4. Untamos con mantequilla el molde que vayamos a usar o lo forramos con papel para hornear.

5. Vertemos la masa dentro del molde.

6. En un bol ponemos el azúcar y la canela en polvo, mezclamos bien y con ayuda de una cucharilla espolvoreamos por toda la superficie de la masa.

7. Introducimos el molde en el horno precalentado a 180ºC y horneamos durante unos 30 minutos o hasta que al pinchar con un palillo de madera en el centro de la coca este salga limpio.

8. Dejamos reposar con la puerta del horno entreabierta unos minutos, sacamos, desmoldamos y dejamos enfriar sobre una rejilla.


https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/coca-de-calabaza-con-costra-de-azucar-y-canela
Para conservarla, ahora que no hace calor, podemos envolverla en film transparente y dejarla en la encimera de la cocina o en algún armario (si no están tan saturados como los míos) y si tenéis hueco en el frigorífico ¡adentro con ella! Al estar envuelta va a conservar la jugosidad hasta el último día aunque os aseguro que en cuanto la probéis no vais a parar hasta verle el fin.


Cuando hago postres con calabaza me surge una duda ¿por qué me quedan menos naranjas que los de mis compañeras? Supongo que depende de la variedad de calabaza que utilicemos, y las calabazas que yo tengo son naranjas pero no tan naranjas como las típicas que vemos para Halloween por ejemplo. No obstante siempre me queda la duda de saber si hay algún truco para que las masas queden más naranjas ¡curiosa que es una! 

Hoy sí tenemos Crónicas de Lara que como es evidente echa de menos a su "Lela" pero que se está acostumbrando a la nueva situación. Mira a mi madre con recelo porque no quiere que tenga la escayola y por tanto no quiere acercarse mucho a ella. A mi madre le fastidia pero como adulta debería de entender que los niños son así, aunque está tan sensible que todo lo afecta el doble.

En la guardería les están haciendo hoy las fotos ¡a ver si no llora y sale medio guapa! ja ja ja Con la poca vergüenza que tiene a saber cómo sale porque los niños nos sorprenden e igual se echa a llorar cuando vea al fotógrafo o lo mismo saca toda su picardía.

Con la comida avanzamos pasito a pasito. Últimamente cuando nos ve comer pide algunas cosas (un trocito de pizza casera, una varita de merluza, una albóndiga...) se come algunos trocitos, otros los escupe y el resto lo amasa y lo planta en el suelo, el sofá, los juguetes...¡las cosas de los niños! Es complicado comer a la misma vez los fines de semana porque Lara tiene un horario en la guardería que mantenemos cuando no va y comer a las doce de la mañana ¡es poco habitual para los adultos! Si no se duerme sí que la sentamos a la mesa con nosotros, pero avanzamos muy lentamente aunque yo estoy contenta porque voluntariamente pide alimentos y los prueba (o juega con ellos, según le parezca)

Los que seguís mi Instagram ya sabéis que el fin de semana pasado visitamos el Belén de Chocolate de Rute y habéis visto alguna foto de la peque que hace prácticas de bailarina abriendo las piernas hasta que no puede más y tenemos que acudir a darle un punto de apoyo porque sola no sabe retornar.

Me despido ya hasta la próxima semana y ahora me voy corriendo a visitar vuestras cocinas.


Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 9 de noviembre de 2017

Tarta de chocolate blanco y cerezas

¿Y esto?

¿Tarta de cerezas? ¿En noviembre?

Suena raro ¿verdad? Llevo más de un mes pidiendo frío y otoño en las calles mientras en mi cocina comparto postres con ingredientes típicos de la estación y ahora que llega el frío y la lluvia parece que asoma por algunas zonas ¡zas! llego con las cerezas a la mesa cuando el resto del mundo está haciendo el (temido) cambio de armario.

Los que me seguís habitualmente sabéis que apuesto siempre por una cocina de temporada aprovechando las frutas y verduras típicas del tiempo que están mucho más ricas y a mejor precio. Por otro lado no tiene ningún sentido que en febrero me ponga a publicar una tarta con castañas o en agosto una mousse de mandarina ya que por mucho que os guste la idea no podéis salir corriendo en ese momento y haceros con un puñado de castañas o medio kilo de mandarinas. 

Sabéis que soy miembro honorífico del Club Culo Veo Culo Quiero (o Club C.V.C.Q manera más elegante que tiene mi amiga Patty de referirse a él) y por tanto no suelo publicar recetas que no podáis hacer sobre la marcha si os apetecen. Pero como todas las reglas tienen su excepción la mía surge en el mes de Noviembre de la mano de mi amiga Marisa del blog Thermofan y su reto Congelando el verano que este año celebra su segunda edición.

El año pasado ya tuve la fortuna de participar y este año no quería perdérmelo tampoco. Ya sabéis que desde que llegó Lara dejé los retos en los que participaba de manera periódica pero intento acudir a los que tienen un holgado tiempo de preparación y participación ¡así me da tiempo a organizarme!

Cuando Marisa publicó que este año iba a repetir experiencia acababan de regalarlos unas hermosas cerezas cuando ya dábamos por finalizada una temporada que no había sido especialmente buena. En realidad este año no será recordado por la abundancia de ninguna cosecha porque la falta de lluvias nos ha regalado un verano largo y yermo.

Lo tuve claro y rápidamente deshuesé unas cuantas hasta llegar a medio kilo, las puse en una bolsita para congelar y las metí en el congelador lo más horizontales y planas que pude para evitar que se congelaran haciendo una bola. No sé vosotros pero el congelador de mi casa además de pequeño siempre está lleno ¡y eso que no me gusta demasiado congelar! y es complicado darle el espacio suficiente a según qué cosas y que queden congeladas de manera bonita y no hechas una bola.

El resultado fue que algunas cerezas acabaron congelándose pegadas entre sí y haciendo por tanto bola aunque con las manos se podía deshacer (si la bola no era muy grande) Dada mi experiencia congelando moras el verano pasado tengo clarísimo que se pegan por el líquido o la humedad que tenga la fruta. Si las hubiera congelado sin deshuesar (cosa que me parecía poco práctica porque en primer lugar me obligaba a tener que descongelarlas sí o sí para usarlas y en segundo lugar porque estoy segura de que deshuesarlas después de descongeladas iba a ser más tedioso porque la fruta soltaría más jugo y probablemente estarían menos tersas así que acabaría manchándome más)  seguro que no se habían pegado entre sí.

La semana pasada ya publiqué en mis redes sociales una imagen de las cerezas recién salidas del congelador para preparar esta tarta cuya receta está incluída en el libro que hay en la imagen.

Mi idea cuando congelé las cerezas no era hacer una tarta. Esta vez iba a tirar (qué raro en mí) por unos muffins que me llevan rondando en la mente casi un par de años, pero cuando este librito cayó en mis manos y vi la tarta de chocolate blanco y cerezas fue un flechazo  y supe que las cerezas que había en el congelador eran perfectas para prepararla y presentarla en este reto.

Soy muy chocolatera pero tengo que confesar que el chocolate blanco no está entre mis predilectos. Me resulta muy graso, muy dulce y me empalaga fácilmente. En repostería no lo había utilizado mucho hasta que me hice con una caja de un kilo de perlas de chocolate para fundir y llegó el momento de darles salida porque no se puede atesorar en casa que el espacio es limitado y a veces pienso que tengo más género que algunas tiendas de barrio.

La masa de la tarta me recordó mucho al cafloutis cuya receta fue la primera que compartí en el blog (y ya entonces hacía toda una declaración de intenciones acerca de cocinar con fruta de temporada) pero me intrigaba mucho qué podría aportar el chocolate en la mezcla y sólo podría saberlo si la preparaba. En realidad no he seguido la receta al pie de la letra ya que he reducido un poco la cantidad de nata y he aumentado la de leche y también he puesto más cerezas, pero el resto no lo he tocado.


Es una receta sencilla, muy simple, con la que casi no se ensucia nada y que por tanto es apta para que cualquiera la elabore en casa. El resultado a simple vista no es nada espectacular y en la primera cata (que fue en la sesión de fotos, de un trocito que se rompió, no más de una cucharada) no me estuvo especialmente buena. No fue hasta el día siguente, cuando me comí un trozo con todas las de la ley cuando pude apreciar los matices y la combinación de sabores.

El chocolate blanco se deja notar al final, hace una aparición tardía en el paladar, pero se nota. Me ha gustado comprobar que no predomina en el postre ni lo convierte en excesivamente dulce o pesado, por el contrario es fresco y apetece comerlo gracias al contraste y la frescura de las cerezas.


Que por cierto yo las descongelé previamente pero estoy segura de que para hacer esta tarta podría haberlas puesto congeladas (como hago cuando preparo muffins o bizcochos con fruta congelada) que no habría supuesto problema alguno. Os lo comento para que lo tengáis en cuenta.

La textura es similar al cafloutis, un poco más densa que un flan o un pudin, así que se puede cortar y servir perfectamente.

Quizá el aspecto más negativo que le veo al uso de chocolate blanco es el exceso de grasa que tiene y que en lugar que facilitar el desmoldado de la tarta lo dificulta. No es la primera vez que unto un molde con mantequilla ni la primera vez que utilizo este molde, pues os aseguro que sacar el primer trozo de manera decente fue misión más que imposible. Y le hecho la culpa al chocolate blanco porque también preparé hace unos meses unos muffins con él y costaba la vida sacarlos de las cápsulas cuando con otras elaboraciones esas mismas cápsulas se han desprendido perfectamente.

Además creo que la grasa del chocolate al enfriarse la tarta es la que ha hecho una especie de bolitas en la superficie que no es que conviertan la tarta en el postre más feo del mundo pero no tenían que estar ahí.

Y después de sacarle todos los defectos del mundo mundial porque ya sabéis que a mí me gusta contarlo todo muy claro ¡a ver cómo os convenzo para que la hagáis! Creo que es una tarta ideal para reuniones donde hay mucha gente y cada cual con su gusto. El sabor es sutil, no es nada dulce (advertidos quedáis los dulceros), es fresquita y entra bien después de una buena comida, incluye chocolate y también fruta ¡tiene un poco de todo! Como bien sabéis contentar a todo el mundo es complicado pero con este postre creo que llegáis a una gran mayoría.

Esta vez también tuve problemas con las fotos porque la tarde avanzaba y avanzaba y mi niña no estaba dispuesta a dormirse y con ella montar este circo es complicado. Al final el sueño la venció a las cuatro y cuarto de la tarde y yo deprisa y corriendo para aprovechar el último rato de luz medio decente ¡y soy afortunada porque a mi casa le da la luz todo el día!


Me gusta mucho el contraste entre las cerezas que siempre anuncian la llegada del verano y las hojas y las semillas de otoño (por si faltaba algo ya estoy recogiendo "mierdas" de la calle bajo la mirada horrorizada de mi señor marido) Quería plasmar en las fotos que había congelado un trocito de verano para sacarlo en pleno otoño y disfrutar de él (aunque casi no se había ido cuando he preparado esta tarta) y es posible que esa luz de final de la tarde ayudase a crear esa atmósfera.

Me dejo por fin de rollos y os invito a un trozo mientras os cuento cómo prepararla.


Ingredientes: 

* 500 gramos de cerezas
* 200 gramos de chocolate blanco
* 200 ml de nata para montar 
* 250 ml de leche
* 75 gramos de azúcar
* 100 gramos de harina de repostería
* 75 gramos de mantequilla + 1 nuez de mantequilla para untar el molde (salvo que sea de silicona)
* 3 huevos
* 2 cucharaditas de azúcar de vainilla y ron.

Elaboración:

1. Ponemos la leche a calentar y la retiramos cuando esté a punto de romper a hervir. Yo lo hice en el microondas que tarda menos de dos minutos.

2. En un bol amplio ponemos el chocolate blanco en trozos y la mantequilla y vertemos la leche caliente sobre ellos. Dejamos reposar unos minutos y el calor los derretirá.

3. Mientras podemos untar  el molde que vayamos a utilizar con mantequilla por el fondo y los laterales para que sea más sencillo desmoldar la tarta.

4. Colocamos las cerezas en la base del molde y reservamos. Yo las descongelé previamente (en cuyo caso tendremos que escurrir el jugo que hayan soltado) pero no creo que haya problema alguno en ponerlas congeladas. Si preparas la tarta en verano, en época de cerezas, tendrás que deshuesarlas previamente.

5. Removemos la leche, la mantequilla y el chocolate con unas varillas (a estas alturas ya tienen que estar líquidos) y añadimos la nata y el azúcar. Mezclamos.

6. A continuación vamos añadiendo los huevos de uno en uno y mezclamos bien en cada adicción. No incoroporamos el siguiente hasta que el anterior no está bien integrado.

7. Por último añadimos la harina y mezclamos hasta obtener una masa homogénea que vertemos en nuestro molde, sobre las cerezas, con mucho cuidado para que se desplacen las menos posibles. Tampoco os frustréis mucho si  se mueven (que lo harán) ya que con una espátula podemos intentar recolocarlas (aunque al hornearse, cuando la tarta comienza a cuajar, también se van a desplazar ligeramente) 

8. Introducimos el molde en el horno precalentado a 180 º C y horneamos hasta que la tarta esté cuajada, lo que tardará aproximadamente, y según el diámetro de vuestro molde (el mío es de 26 centímetros) de 35 a 45 minutos. Siempre comprobamos que esté cuajada pinchando con una brocheta de madera antes de apagar el horno.

9. Dejamos templar con la puerta del horno entreabierta (bajará ligeramente) y cuando pase un rato sacamos y dejamos sobre una rejilla hasta que se enfríe por completo. Tapamos con film transparente y pasamos al frigorífico para que termine de asentarse.

10. Antes de servir espolvoreamos un par de cucharaditas de azúcar con vanilla y ron . Si no tienes utiliza azúcar de vainilla o lo que tengas en casa.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/tarta-de-chocolate-blanco-y-cerezas

Cuando la tarta lleve unos 15-20 minutos en el horno es posible que tenga la superficie ya dorada porque el chocolate blanco es muy delicado y se quema con mucha facilidad. Para que no acabe negra tápala con un trozo de papel de aluminio ¡pero ten cuidado al retirarlo para que no se pegue a la superficie y acabe arrastrando la capa superior!


No dejéis la tarta rato y rato en el horno porque acabará endureciéndose y la textura será más de goma que otra cosa. Entiendo el miedo a que se quede sin cuajar, pero pasado el tiempo que os indico, salvo que el molde sea muy alto la podéis apagar que con el calor residual y el posterior reposo en el frigorífico estará perfecta.

Las cerezas como os comenté se mueven durante el horneado. Unas suben a la superficie, otras se quedan en el fondo... El corte se ve estupendo, os lo aseguro.




Es más que probable que muchos de vosotros participéis en este reto (si es que no habéis publicado vuestras recetas ya). Los que no lo conociérais pinchad en la imagen que hay más abajo y os llevará directo a él, allí podréis ver todas las receta que estamos elaborando y os invito a que lo tengáis en cuenta para el verano que viene y os animéis a uniros a nosotros ¡se aprende muchísimo!

http://thermofan.blogspot.com.es/2017/06/congelando-el-verano-ii.html

Aunque suene pretencioso os aseguro que ya tengo pensada la fruta que quiero congelar el verano próximo. Este año me he quedado con todas las ganas porque las pocas que han caído en mis manos me las he zampado alegremente ¡ni para repostear he tenido! pero el verano próximo intentaré congelar. Espero que a alguien se le haya ocurrido este verano y no ir a ciegas porque el pasado no se congelaron y no sé si se podrá o no. Y no digo más que no se pueden adelantar acontecimientos (soy muy maniática y creo que se gafan...)

Me despido hasta la próxima semana, donde tendremos Crónicas de Lara de nuevo que hoy me he enrollado como sólo yo sé hacerlo.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 2 de noviembre de 2017

Tarta de castañas y chocolate

Después de la noche de Halloween y de vivir el día de Todos los Santos retomamos la rutina y seguimos nuestras vidas a una velocidad de vértigo dirección terminar el año que da miedo sólo pensarlo.

En mi zona lo tradicional el día de Todos los Santos es visitar el cementerio y la víspera encender una vela para recordar a nuestros difuntos. Gastronómicamente no hay grandes tradiciones para esta jornada y las que comienzan a verse en los obradores de pastelería del pueblo como los buñuelos o los huesos de santo son de "moderna" aceptación.

Mi abuela para este día preparaba gachas y también castañas asadas. Las batatas asadas al horno (cuya receta os enseñaba aquí hace pocas semanas) no sé si para ella serían típicas o no de este día ya que en su casa las había para el postre desde que llegaban al mercado hasta que se terminaban.

Como la semana pasada publiqué un postre relacionado con Halloween esta semana quería preparar algo que tuviera relación con la festividad de Todos los Santos y que me trajera recuerdos de mi infancia. Como gachas no he preparado nunca (y no recuerdo muy bien su sabor si en su momento me digné a probarlas) y no he tenido tiempo de ponerme con mi madre a prepararlas he optado por tirar por la calle de en medio y hacer una tarta con castañas, muy típicas del otoño y que va que ni pintada para estos días.

En realidad la decisión también se ha ajustado a seguir cumpliendo el propósito que arrastro desde principios de año y que comparto con mi amiga Olga de dar salida a  todo lo que tengo acumulado en los armarios ¡que en las tiendas no se agotan los productos! En este caso tenía por casa un bote (en realidad dos) de crema de Marrón Glacé desde el invierno que estaba embarazada de Lara (un antojo como otro cualquiera) y al que ya era hora de darle salida (aunque la fecha de caducidad sea 2019)

Por otro lado ya me dolía no tener ninguna receta con castañas en el blog, porque me gustan mucho y porque son tan típicas del otoño que parecía más que irónico que una Autumn Divine como yo no tuviera al menos un postre con ellas en su cocina virtual.

Aunque utilizar la crema no sea exactamente lo mismo que usar las castañas directamente me vais a permitir esta licencia con la promesa de publicar un postre usando castañas acompañando un trocito de esta tarta de hoy (que creo es bastante apta para el soborno)



Con las castañas tengo un problema. Me gustan mucho pero soy tremendamente perezosa para pelarlas. ¿Resultado? Aquella que pelo aquella que me la como. No hay más. Mi Señor Costillo sí que suele hacer un puñadito en el microondas y le pongo tantos ojitos de pena que al final me pela tres o cuatro para que quite esa carita. Sin embargo alguna vez he dejado caer la posibilidad de asar en el horno un kilo para hacer mermelada o un puré para un postre y me ha dicho que las pele yo si quiero repostear. Algo tremendamente injunsto cuando los postres que yo preparo se toma él en una proporción mínima del 65 %

Es posible que en unos años pueda sobornar a Lara para que me ayude a pelar castañas igual que hace muchos años mi madre nos ponía a mi hermano y a mí a limpiar lentejas para cocinarlas al día siguiente, pero esta historia os la cuento en otra ocasión.


Estuve chafardeando un rato por internet y buscando recetas de tartas con castañas y también eché un vistazo a los libros que tengo en casa y al final decidí hacer lo que me dictaba la razón y utilizar además unos yogures que tenía en la nevera y que parecia que iban a comprarse una parcela en la balda en la que estaban colocados.

Total que la receta en mi mente comenzaba a coger forma y sinceramente me gusta más la idea de poner yogur a poner mantequilla. Cuento calorías y nos ahorramos un buen puñado ¿eh? Estaba indecisa en cuanto a usar sólo la crema de castañas (en cuyo caso las cuentas sólo me salían si ponía los dos botes en la tarta y tenía mis dudas de que fuera demasiado) o combinarla con chocolate (y es que poner chocolate es casi siempre un triunfo) y al final ganó la idea del chocolate y como no podía ser de otra manera el elegido fue el chocolate negro.

¿El resultado? Una tarta cremosa y muy rica que combina el sabor de las castañas y el chocolate ¡todo un acierto! Evidentemente azúcar no hay que añadirle al relleno ¡sólo faltaba! y aún así resulta un postre contundente del que mejor servir trocitos pequeños para no saturarnos y evitar el espesamiento de la sangre.

Si no tenéis crema de marrón glacé no es problema alguno. Puré de castañas o mermelada os darán el mismo resultado, e incluso mejor porque contienen menos cantidad de azúcar. Queda en mis pendientes repetirla con puré de castañas porque estoy segura de que quedará aún más buena al rebajar la cantidad de azúcar.

Y en cuanto a la elaboración la tendréis lista para meter en el horno en menos de quince minutos y el resto... ¡el resto es cosa de nuestro amadísimo horno! Así que no hay excusa para no hacerla. Yo os dejo la receta y lo demás queda de vuestra mano.


Ingredientes:

* 1 lámina de masa quebrada
* 1 bote de crema de marron glacé (285 gramos)
* 200 gramos de chocolate negro para postres
* 3 yogures griegos (375 gramos) (yo usé yogur griego con stracciatella que era el que tenía en casa)

* 3 huevos

Elaboración.

1. Ponemos el chocolate a derretir. Yo lo hice al baño maría, pero lo podéis hacer en el microondas en cortas tandas de tiempo para evitar que el chocolate se queme.

2. Cuando el chocolate esté derretido añadimos la crema de Marrón glacé y removemos bien para que se mezcle. El calor del chocolate hará más manejable la crema. Si has derretido el chocolate al baño maría mantén el bol sobre el agua caliente ya que así la crema se reblandecerá rápidamente.

3. A continuación añadimos los yogures de uno en uno (y retiramos el bol del agua caliente en caso de haber derretido el chocolate al baño maría) y mezclamos hasta integrar. Como los yogures los habremos tenido en la nevera ayudarán a bajar la temperatura de la mezcla y si los tenemos a temperatura ambiente tendremos que esperar unos minutos a que la mezcla se temple antes de continuar.

4. Una vez templada la mezcla añadimos los huevos de uno en uno. Es importante que no esté muy caliente o los huevos podrían cuajarse y estropear el relleno. No añadimos el siguiente hasta que el anterior no esté bien integrado.

5. Desenrollamos la lámina de masa quebrada y si es necesario estiramos con el rodillo. La colocamos sobre el molde (yo suelo dejar el papel de hornear que la envuelve en la base para que sea muy sencillo desmoldar la tarta) y vertemos el relleno.

6. Introducimos en el horno precalentado a 180ºC y horneamos 30 minutos. Pasado ese tiempo bajamos la temperatura a 170º C y horneamos hasta que esté cuajada. Iremos pinchando con una brocheta de madera y apagaremos el horno cuando esta salga  limpia. Dependerá un poco del diámetro del molde (el mío es de 24 centímetros) pero serán aproximadamente de 15 a 25 minutos más una vez bajemos la temperatura.

7. Dejamos templar en el horno, con la puerta entreabierta y pasados 15 minutos sacamos y dejamos enfriar por completo sobre una rejilla. Tapamos con film transparente y guardamos en el frigorífico.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/tarta-de-castanas-y-chocolate

Lo mejor es dejarla reposar de un día para otro para que el relleno asiente y tome textura

Tendremos que gastar cuidado y no hornearla en exceso o la superficie se puede agrietar.

Durante el horneado el relleno crece un poquito, pero al apagar el horno y perder temperatura baja y queda una superficie lisa y homogénea ¡no la toquéis en caliente para intentar bajarla o la estropearéis! 

Y aunque no lo parezca esta tarta es uno de los postres que más me ha costado fotografiar. Probé con tres escenarios distintos y la muy puñetera no quería salir en ninguno bien ¡lo que cuesta que el chocolate quiera salir en las fotos! Además quería esta tarta sí o sí para hoy así que no podía invertir más tiempo porque para más emoción estaba haciendo las fotos el pasado domingo ¡con el nuevo horario recién estrenado! y las horas de luz iban en mi contra.

Al final he quedado más o menos contenta con el resultado aunque tenía otra idea que ya intentaré más adelante con otro postre.

Seguro que más de uno ha visto el disfraz de Lara para celebrar Halloween en la guardería. Sí, será una moda importada, pero se lo pasan pipa. Y entiendo el razonamiento de más de uno que dice que España es un país de tradición católica, pero tenemos que entender que no todos los españoles son actualmente católicos e igual que pedimos respeto para las tradiciones y las creencias que profesamos respetar las que profesen otros. 

Está entrando en una fea fase de mamitis y no quiere que yo me vaya. Ella no tiene problema en estar en la guardería o en casa de mis padres, pero no puede ver que me voy... Un poco complicado sí. Especialmente cuando nos separamos por la mañana, porque como tengo jornada partida es mi madre la que la recoge en la guardería y se la lleva a casa así que hasta por la noche no nos vemos ¡cosas de madres trabajadoras!

Espero que hayáis disfrutado mucho de estos días y voy corriendo a vuestras cocinas para ver las cosas tan ricas que habéis compartido con nosotros ¡nos leemos la próxima semana!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 26 de octubre de 2017

Tumbas de Halloween


It's Halloween
It's Halloween
It's time for scares
It's time for screams
It's Halloween
It's Halloween

The ghosts will spook
The spooks will scare
Why, even Dracula will be there

It's time for games
It's time for fun
Not for just one
But for everyone

The jack-o-lanterns are all lit up
All the dummies are made and stuffed
By just looking you will see
It's this time of year again

It's Halloween
It's Halloween

All the kids are happy and gay
There doesn't seem to be a cloud in their way
But when it's over and they've had all their fun
They'll wish that Halloween had just begun

Oh, there are witches, goblins, vampires, devils, Frankensteins and zombies
And there are tramps, Cinderallas, pirates, angels and gypsies
So let's have lots of fun and give many cheers
For Halloween comes but once a year

It's time for games
It's time for fun
Not for just one
But for everyone

It's Halloween
It's Halloween
It's Halloween
It's Halloween

It's Halloween!


Lo más probable es que nadie se haya dado cuenta de que el final de octubre se acerca y con él Halloween que empieza a tener más defensores que detractores en nuestro país y es que gracias a los más pequeños de la casa esta fiesta ha ido ganando cada vez más adeptos y empezamos a no extrañarnos cuando la noche del 31 nos topamos con adorables brujas y vampiros por la calle que te asaltan al grito de ¡truco o trato! 

Yo sigo fiel a nuestras raíces y costumbres y prefiero el Día de Todos los Santos aunque dejo que algunas cositas de Halloween me pongan ojitos. Desde pequeña he tenido fijación por las brujas (y tengo una bonita colección de ellas), los gatos (negros a poder ser), los cáctus, las calabazas y los unicornios. Lo sé, es una mezcla un poco heterogénea en la que búhos y ranitas también tuvieron una breve cabida.

Desde que Halloween comenzó a festejarse en España los bazares (antiguos Todo a cien y populares actualmente como tiendas de chinos) empiezan a llenarse de cosas que a mí me llaman poderosamente pero que hasta ahora no se habían venido a casa porque a ver cómo explico que ando comprando calabazas de juguete... La llegada de Lara ha supuesto la excusa perfecta y este año han caído algunos juguetitos que en realidad me han gustado más a mí que a ella (y que por otro lado casi no quiero ni que toque porque tiene unas manitas para romper cosas...) Algunas ya he enseñado a través de Instagram y me han venido estupendamente para las fotos de la receta de hoy. Otras aún no las habéis visto pero ya os las enseñaré.

Como muchos blogs están haciendo propuestas estupendas para estos días he querido aportar mi granito de arena (esta vez la expresión nos viene bastante bien  ji ji ji) y preparar unas tumbas de Halloween que están terroríficamente deliciosas.

Yo valoro mucho la creatividad de las compañeras y compañeros a la hora de hacer postres espeluznantes pero reconozco que sólo los "tiernos y bonitos" me gustan. Hay recetas muy logradas pero que yo sería incapaz de comerme por el asquito y la repugnancia que dan a primera vista (y a segunda, a tercera, a cuarta...) así que prefiero una versión más light de Halloween en lo que a comida se refiere.

Mi propuesta no es nada novedosa pero la he preparado a mi manera y creo que es una opción simpática a tener en cuenta para preparar un postre rico y llamativo que ponga un tono divertido a nuestra fiesta de Halloween o a la comida de cualquier día ¡no hay fecha para disfrutar de un postre rico ¿verdad?! 

Mis tumbas de Halloween no son más que natillas de chocolate con "tierra" de galletas Oreo y unos gusanos de gominola para dar ambiente ¡más fácil imposible! 

Si no te gusta Halloween puedes suprimir las gominolas ¡e incluso las galletas! (aunque hacen un contraste bastante rico) y disfrutar de unas deliciosas y tradicionales natillas de chocolate que nada tienen que envidiar a las comerciales.

Estoy segura de que muchos de nosotros hemos comido en la infancia (e incluso más grandes) natillas hechas a base de los sobres de Flanín el Niño, Potax o Flan Chino Mandarín que igual valían para hacer natillas, flan o crema pastelera en función de la cantidad de leche que se les ponía. Mi intención no es criticar estos preparados porque en algunas casas es lo más "casero" que se hacía y también es cierto que sacan de más de un apuro para según qué recetas (como la tarta de la abuela) pero cuando haces natillas por primera vez en casa y te das cuenta de que es casi tan fácil como hacerlas de sobre decides que salvo fuerza mayor las vas a preparar siempre así.


El único "problema" que tienen las natillas es que no se corten, pero si dejas las prisas a un lado y les dedicas media hora de tu vida (que en realidad tardas menos) te van a salir unas natillas que ríete tú de las de Danone... 

El truco para hacer unas natillas perfectas es no subir ni bajar la intensidad del fuego mientras las haces y removerlas constantemente al final, si cumples con esta mínima pauta ¡no te saldrán mal en la vida! 

Preparar este postre es sencillísimo y queda muy vistoso. Deja volar tu imaginación y sorprende con la decoración y verás cómo más de uno muere del gusto con estas tumbas tan chocolateadas y divertidas. 

Soy partidaria de seguir manteniendo nuestras costumbres ¡eso ni por un momento se duda! pero igual que preparamos platos de procedencia italiana, , francesa, portuguesa... y que han entrado a formar parte de nuestro recetario habitual, vamos a no cerrarnos a las divertidas recetas que esta fiesta inspira ¿no os parece? ¡Venga! que os he guardado un vasito ¡muy bien custodiado!


¡Vamos con la receta!

Ingredientes:

* 1 litro de leche (a poder ser entera)
* 4 yemas de huevo
* 60 gramos de azúcar
* 60 gramos de harina de maíz (maicena)
* 200 gramos de chocolate negro
* 8 galletas Oreo
* Gusanos de gominola

Elaboración:

1. En una cazuela ponemos la leche y el chocolate troceado y la ponemos a fuego medio (5 en mi placa de inducción que llega hasta el nueve) y vamos removiendo de vez en cuando con ayuda de unas varillas manuales (o una espátula, lo que tengáis en casa, aunque os aconsejo las varillas para este postre) para ayudar a deshacer el chocolate y para evitar que se quede en el fondo y se pueda quemar.

2. Mientras en un bol ponemos la harina de maíz, el azúcar y las yemas de huevo y removemos hasta que quede una masa homogénea y sin grumos (especialmente de la harina de maiz). Puede parecer que es imposible pero os aseguro que antes de que os déis cuenta lo tendréis integrado. 

Si creéis que os puede costar reserváis unos 100 ml de la leche y en lugar de ponerla en la cazuela la ponéis junto con el azúcar y los huevos.

3. Cuando el chocolate esté derretido y la leche esté a punto de romper a hervir retiramos la cazuela del fuego y vamos añadiendo la mezcla de huevos, azúcar y harina poco a poco, en un hilo continuo, a la vez que vamos removiendo.

4. Cuando lo hayamos vertido todo ponemos de nuevo la cazuela en el fuego y le ponemos un fuego medio tirando a bajo ¡y constante! Es fundamental no someter las natillas a cambios de temperatura para cuajarlas porque acabarán cortadas. Yo le pongo también el 5 en mi placa que llega a 9 y nunca he tenido ningún problema.

5. Una vez en el fuego vamos removiendo continuamente (así evitamos que puedan romper a hervir porque se acabarían cortando y también que se puedan quemar) hasta que veamos que las natillas comienzan a espesar. El tiempo dependerá de cada placa y de cada cazuela (`porque distribuyen de diferente manera el calor) pero oscilará entre 5 y 15 minutos como mucho.

6. Vertemos en los vasitos o boles en los que vayamos a presentar, dejamos que se templen, tapamos y guardamos en la nevera.

7. Cuando vayamos a servir picamos las galletas Oreo (crema incluída) hasta reducirlas a polvo (con la picadora o con un rodillo) y espolvoreamos la superficie de manera irregular para que parezca tierra recién removida.

8. Adornamos con gusanos de gominola ¡y listo! 

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/tumbas-de-halloween

¡Más sencillas imposibles! Y ya sabéis que con un poco de maña y de imaginación le dais vuestro toque y quedarán más apetecibles aún.


Aunque os aseguro que al primer bocado de natillas y galleta caerán rendidos a vuestros pies ¡id preparando tumbas de más que os harán falta! 

Los que me seguís por Instagram ya sabréis que el pasado sábado, en uno de mis planes en familia, se me ocurrió llevar a Lara a la biblioteca. Yo hace casi 20 años que no iba, de hecho la han cambiado de edificio y no la había visto por dentro, aunque tuve una época en la que iba cada semana y sacaba tres libros que era el máximo entonces (de esto hablaremos otro día, que da para mucho). Cuando cumplí 18 años y me marché a estudiar fuera la biblioteca quedó aparcada y después no me fue necesario regresar porque podía comprarme todos los libros que me apetecía leer y más tarde llegó mi adorado Kindle.

Sin embargo creo que la biblioteca es un lugar fundamental para la educación y la formación de Lara (como persona y como lectora) y allá que nos fuimos el sábado. Hemos solicitado su inscripción como socia y su carné y mientras tanto sacamos libros con mi carné que sí que seguía en vigor a pesar del tiempo transcurrido. Aunque ya le he comprado muchos libros a Lara creo que es fundamental que vaya aprendiendo a cuidar los de la biblioteca, a visitarla con frecuencia y a interactuar con los demás niños en un entorno diferente al habitual (guardería y parque) aunque me dio un poco de pena ver que no había ninguno ese día en la biblioteca.

En casa me siento con ella, elegimos un libro, va pasando las hojas y se lo leo y le hago todas las gracias y tonterías que se me ocurren. Ella, que es curiosa por naturaleza, no para de repetir "más, más" para que repita todas las chorradas que en nada aprende y entonces las hace ella.

Por cierto, el día que Lara vio estas tumbas ¡se volvió loca! quería meter la cuchara en ellas a toda costa ¡pero para darle de comer a mamá! no consintió probar ni pizca, pero con la galleta la armó porque la tiró por todos lados al meter la mano para sacar los gusanos ¡al menos le apetecía jugar con el postre!

Esta semana estoy intentando ponerme al día de visitas después de haber terminado las liquidaciones trimestrales ¡en nada estoy en vuestras cocinas! ¡Nos leemos la semana próxima! 

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 19 de octubre de 2017

Gofres integrales de calabaza


Esta semana parece que el otoño ¡al fin!  ha decidido tomar posesión de las calles y hacerse notar hasta en el último rincón de pueblos y cuidades. Reconozco que estoy encantada porque estar en pleno mes de octubre trabajando en tirantes no es lo más común, ni lo más apropiado ni francamente lo que más me apeteciera después del largo verano. 

Además comenzaba a estar un poquito cansada del frío del inicio y el final del día y el calor agobiante de las horas centrales que convertía la tarea de vestirse en lo más complicado del mundo. Y no me quejo por mí sino por Lara porque estaba un pelín desesperada porque tengo sus cajones llenos de jerséis bonitos que era impensable estrenar y la ropa más ligera comenzaba a estarnos peligrosamente estrecha, por no mencionar el trastorno que supone la diferencia de temperatura cuando entra en la guardería y cuando sale de ella. Cruzo los dedos para que el frío se instale con nosotros y podamos disfrutar de un bonito y muy lluvioso otoño ¡que buena falta nos hacen esas lluvias en todo el país! 

Como en mi cocina no hay otoño sin calabaza ya estaba tardando en compartir con vosotros estos deliciosos gofres. ¡Y vaya si he tardado! ¡un año completito! Estas maravillas salieron de mi horno el otoño pasado pero se quedaron esperando doce largos meses hasta que ha llegado el momento de publicarlos.

Hace un par de años me hice, como si la vida me fuera en ello, con unos moldes para preparar gofres en el horno en LIDL. Creo que si mi marido no aparece con ellos el día que los pusieron a la venta (porque LIDL le pilla al lado de su trabajo) me da algo y desde entonces han salido del armario las veces contadas (seguro que esto que estoy contando os suena a más de uno) ¡pero al menos han dado momentos bastante gloriosos! 

Ideas no me faltan, pero son tantísimas las cosas que quiero hacer que tengo dos opciones: hacer dos o tres postres por semana y acabar redonda (porque es un sacrilegio en casa tirar comida) o bien seguir con un postre (o dos si son más pequeños) por semana e ir pasito a pasito. Ser sólo dos en casa para atacar la repostería es lo que tiene. Además Lara no deja mucho tiempo libre y si es complicado reposterar no os quiero contar el proceso de fotografiar porque todo lo quiere, a todo le quiere meter mano y si no tira por un lado empuja por el otro...Si a esto le sumamos que empiezan los días grises y menos horas de luz ¡aqui tenemos a una madre trabajadora, repostera y bloguera! 

Con todo ya he publicado en el blog dos recetas de gofres en el horno. Los primeros fueron unos gofres básicos y sencillos que estaban buenos y a los que cualquier acompañamiento iba estupendamente. Después llegaron unos gofres de calabacín y chocolate un poco más sanos pero no por ello menos ricos que los ojitos se van detrás de ellos. Y hoy les toca el turno a estos hechos a base de calabaza... Es casi una secuencia lógica porque con lo que me gusta y el montón de recetas que ya tengo publicadas con ella ¡¿cómo no iba a intentar unos gofres?! 
 
El resultado del invento salta a la vista. Son unos gofres un poco más jugosos que los otros que he preparado en el horno y el olor que impregna la cocina al hornearse mezcla de calabaza y canela ¡es absolutamente brutal! 

Solos ya son una delicia pero combinados con caramelo (sí, sigo mi idilio con el caramelo) o con chocolate ¡son brutales! Templados y acompañadosde una bola de helado de vainilla ¡para ponerles un piso en plena Castellana! 

Si tenéis los moldes y os gusta la calabaza ¡estáis tardando en prepararlos y daros un homenaje otoñal en toda regla! y si no tenéis los moldes ya podéis estar atentas al folleto de LIDL para cuando los vuelvan a poner a la venta (también los venden otras marcas de repostería pero son  más caros) 

¡Vamos con la receta!


Ingredientes:

* 200 gramos de puré de calabaza
* 2 huevos
* 50 gramos de mantequilla
* 1 cucharadita de bicarbonato sódico
* 1 cucharadita de canela en polvo
* 180 gramos de harina integral 
* 50 gramos de miel
* 350 gramos de leche

Elaboración:

1. Derretimos la mantequilla en el microondas y la ponemos en la jarra de la batidora.

2. Añadimos el puré de calabaza, los huevos, la miel y la leche y batimos hasta obtener un líquido homogéneo y sin grumos.

3. Incorporamos la harina, el bicarbonato y la canela y volvemos a batir hasta que todo esté integrado.

4. Ponemos los moldes en la bandeja del horno y con ayuda de la jarra vertemos la masa e introducimos en el horno precalentado a 220º C y horneamos durante diez minutos.

5. Sacamos la bandeja y retiramos los moldes. La cubrimos con un papel sulfurizado. Desmoldamos los gofres (imprescindible guantes de cocina) y los colocamos en la bandeja con el dibujo hacia arriba. Bajamos la temperatura a 180ºC y los volvemos a introducir en el horno hasta que se dore un poquito la superficie. 

6. Cuando estén listos apagamos el horno, los sacamos y dejamos templar sobre una rejilla ¡y ya podemos disfrutar de ellos! 

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/gofres-integrales-de-calabaza

Los que sobren, que igual no son muchos, los guardáis en una lata o un tupper que cierre bien y los metéis en el frigorífico, que con las masas con frutas y verduras mejor no jugársela ¿verdad?

Antes de tomarlos un golpe de calor en el microondas y tendremos una merienda o un desayuno de lujo para afrontar todo lo que venga después con ganas y energía.

Os agradezco a todas vuestros comentarios y sugerencias para conseguir que Lara vaya saliendo de los purés y empiece a comer cosas sólidas. El método BLW o alimentación autorregulada por el bebé sí que lo conozco desde que estaba embarazada pero en primer lugar me daba miedo que la niña empezara a comer trozos tan pequeñita (le tengo pánico a que se atragante) y en segundo lugar para aplicar este método hay que tener mucho tiempo para preparar distintos alimentos con distintas técnicas cada día y por supuesto para ponérselo delante al bebé y esperar que coma y yo por desgracia no lo tengo (y en la guardería no lo aplican tampoco) 

La pediatra me ha dicho que le dé trozos de tortilla, de croquetas... para ver si así come. Y mi niña que es muy generosa cuando le damos trocitos de comida me los mete a mí en la boca. Igual piensa que mamá necesita comer más porque a mi marido no le da comida nunca ¡y se rebota un montón por eso! 

En lo que sí hemos avanzado es en el tema de comer solita. Se ha pasado casi desde que cumplió el año sin querer probar los yogures y ahora los pide pero quiere que se los pongas en la bandeja de la trona, le des una cuchara y se los come ella. El domingo pasado iba muy bien la cosa hasta que se cansó y antes de que pudiera reaccionar lo lanzó al suelo y pegó el yogur que quedaba (no mucho en realidad) dentro de su zapatilla de estar en casa (que se la había quitado a patadas) y por supuesto también esparcido por el suelo.

Tengo la esperanza de que poco a poco pida más cosas porque también se come trocitos de fruta (una cantidad igual o inferior al tamaño de un dedal, que abusar no abusa) cuando ve que yo como. Con todo cumplió 20 meses el martes y pesa más de 14 kilos y medio, que mal nutrida no está ¿eh? pero es muy cómoda para comer.

A ver si en breve os puedo contar más avances. Me despido por esta semana, que seguimos en plena liquidación de impuestos y voy un poco justa con las visitas a vuestros blogs.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 12 de octubre de 2017

Batatas asadas con azúcar y canela

A estas alturas creo que nadie que siga con cierta asiduidad mi blog ignora que el otoño me encanta. Soy una Autumn Divine como me gusta llamarme desde hace ya algunos años y si fuera posible mi calendario detendría sus páginas en estos días.

Disfruto muchísimo con la llegada de temperaturas más bajas, cielos plomizos, las primeras lluvias (que este año por desgracia se están haciendo de rogar de nuevo) y sobre todo con el cambio de color de las hojas de los árboles y su caída. Para mí es un auténtico lujo poder pisar una alfombra de hojas al salir de casa o cuando voy al parque con Lara. Si pudiera las metería todas en bolsas y me las llevaría a casa aunque sospecho en primer lugar que a mi marido no le iba a hacer gracia y en segundo lugar que podría acabar en un síndrome de Diógenes, muy otoñal eso sí, pero bastante poco higiénico. 

También me encantan todas las frutas y frutos que nos regala esta estación desde las calabazas a las castañas, chirimoyas, setas, membrillos, caquis, nueces, moras, manzanas... es una época llena de olores intensos y colores para disfrutar.


Hoy dejo que el otoño se cuele con sus colores y sus frutos en mi blog y a pesar de ser festivo y probablemente los más afortunados disfrutéis de puente (yo mañana estaré en la oficina liquidando impuestos como si el mundo terminase en unas horas) no podía faltar a nuestra cita de los jueves y comparto una receta que ni sé siquiera si podemos llamar receta porque no tiene misterio alguno pero quería que estuviera en mi cocina no sólo porque evoca esta estación sino porque alberga muchos gratos recuerdos para mí.

La primera receta con batatas que publiqué en el blog fue en 2015 estando embarazada de Lara. Hasta ese año las batatas (o boniatos) no eran algo que me llamasen especialmente la atención a pesar de haber formado parte de mi vida desde siempre.

En cuanto los días empezaban a acortar mi madre y mi abuela Magdalena (su madre) compraban batatas y las cocían en la olla expres. Después las pelaban y las espolvoreaban con azúcar y canela. Ese era el postre de las comidas y las cenas de los otoños de mi infancia. 

Aunque alguna vez las probé porque yo siempre he sido de abrir estupendamente la boca pero no fue algo que me gustase y nunca las comía. Estando embarazada se me ocurrió que quería repostear con batatas (mi marido decía que eso era un antojo) y el idilio con estos tubérculos llega hasta hoy ¡y por mucho tiempo más! 

La única diferencia con las batatas de mi infancia es que en lugar de hacerlas cocidas yo las hago asadas. Hay gente que las lleva a los hornos de las panaderías para asarlas o bien las compra ya asadas en la frutería y están igual de buenas pero yo prefiero comprar unas cuantas y asarlas en casa. De acuerdo que el precio de la luz no está para tirar cohetes pero para asar una vez al año aún nos llega (además de que me encanta aprovechar las horas de la tarifa nocturna para tales menesteres)

Una vez asadas podemos comerlas (tras pelarlas previamente) o bien chafarlas con un tenedor y hacerlas puré con el que preparar otras recetas y que además se puede congelar perfectamente. Por eso merece la pena asar varias batatas a la vez porque así nos aprovisionamos para todo el otoño o para disfrutar de estos tubérculos cuando ya no es temporada.

Si necesitáis ideas para dar salida al puré podéis echar un vistazo a las recetas de la crema, el bizcocho o los muffins o tirar de recetas con calabaza y sustituir esta por batata ¡será un acierto seguro!

Como es día de fiesta no me lío más que seguro tenéis planes para disfrutar en familia o con amigos o en todo caso en la compañía de un buen libro o una buena película. Y si no siempre es un buen momento para meterse en la cocina y preparar algo rico.

Os dejo con la receta, que es tan sencilla que ni receta se puede llamar pero siempre viene bien tener a mano cómo asar batatas ¿no?

Ingredientes:

* Batatas
* Azúcar
* Canela en polvo

Elaboración:

1. Lavamos las batatas si tienen restos de tierra (por lo general suelen venderlas ya lavadas pero igual alguna disfrutáis de batatas de vuestro huerto o de un huerto vecino) y las secamos.

2. Las envolvemos en papel de aluminio y las colocamos en la bandeja del horno. Yo os aconsejo asar varias batatas a la vez porque si no el gasto energético no compensa.

3. Introducimos la bandeja en el horno precalentado a 200º C y horneamos hasta que al clavar un cuchillo en la batata este la atraviese con facilidad. 

El tiempo depende fundamentalmente del grosor de las batatas por lo que os aconsejo comprarlas de un tamaño y grosor similar, pero aproximadamente oscilará entre una hora y hora y media ¡por eso os decía que no merece la pena asar una única batata! 

4. Cuando se enfríen les quitamos el papel de aluminio y las pelamos. No lo hagáis mientras están calientes porque os vais a abrasar los dedos y no merece la pena ya que frías también pelan muy bien. Ayudaos con un cuchillo para levantar la piel y tirar ¡tardaréis muy poco!

No olvidéis eliminar cualquier nudo que puedan tener estos tubérculos.

5. Una vez frías y peladas partimos las batatas en rodajas de aproximadamente un centímetro de grosor y las espolvoreamos con azúcar y canela por encima.

Esperamos unos minutos antes de comer para que el azúcar se disuelva un poquito ¡una delicia!

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/batatas-asadas-con-azucar-y-canela

Mi consejo es que las que no vayáis a consumir no las espolvoreéis porque el azúcar acabará disolviéndose, pero tampoco pasa nada porque se hace un almíbar.


Las podéis conservar en el frigorífico unos cuantos días partidas dentro de un cacharro que tape bien.

Evidentemente si las dejáis enteras, con la piel y envueltas en el papel de aluminio os van a aguantar más que si las peláis y las partís ¡tenedlo en cuenta!

Con esta receta participo en el reto Recetas de aquí y de allá que promueve mi gran amiga Marisa del blog Thermofan junto con Sergio del blog SergioRecetas. Una estupenda iniciativa de la que formar parte para que no se pierdan las recetas de toda la vida.


Lara por supuesto no las ha probado y les pone cara extraña si se las ofreces. En contra de lo que pueda parecer al ver sus fotos no es en absoluto buena para comer, lo que pasa es que yo soy muy buena para insistir y si tenemos que estar una hora para que se coma el puré la estamos.

Además no quiere nada sólido. Salvo gusanitos no consiente llevarse otra cosa a la boca y mira que yo lo intento desde que empezó a comer que ya le daba trocitos de fruta hace dos veranos que ni dientes tenía pero se niega en redondo. Me veo haciéndole puré durante muchos años más ¡qué aburrimiento!

Si se os ocurre algo para avanzar en el tema de la comida estoy abierta a todas las sugerencias posibles ¡nos leemos la próxima semana!

Manos a la masa y ¡bon appétit!