jueves, 11 de enero de 2018

Muffins de turrón de Jijona

La Navidad llegó y pasó rauda y veloz. No hace ni una semana que Sus Majestades de Oriente pasaron (con mayor o menor fortuna) por nuestros hogares y parece que haya transcurrido muchísimo tiempo y casi, casi te miran con malos ojos si sacas el tema de la navidad aún.

Sin duda alguna somos una sociedad abocada al olvido y a vivir el día a día y cuando algo ha pasado pasado está y no le damos más vueltas. Y no digo que esté mal vivir el presente pero tengo la sensación de que a veces también tendríamos que mirar un poquito más al pasado y aprender de él.

Lo que tengo clarísimo es que en cualquier hogar español que se precie abres un armario o un cajón y te encuentras dulces de navidad dentro. Ya sean turrones, polvorones, mantecados, bombones y hasta si me apuráis algún trozo de roscón quedará por ahí dando vueltas (espero sinceramente que los panettones hayan desaparecido ya o estarán como armas arrojadizas)

Me niego a creer que soy la única que compra sin mesura o más bien con la intención (casi) oculta de que sobre para después hacer recetas. Mi amiga Olga que comparte conmigo desde 2017 el reto de vaciar armarios estoy segura de que sabrá perdonarme esta pequeña debilidad e incluso se sienta identificada con lo que cuento porque queridos míos el atesoramiento de productos es una forma de vida y una actitud que no se cambia de la noche a la mañana.

Es más, yo creo que me está costando más sacar todo lo que tengo sin ir comprando por el camino que lo que me costó dejar de fumar.

Pero la pasada Navidad me he portado más que bien y he comprado mucho menos de lo que es habitual en mí. También tiene que ver que solamente he ido una vez al supermercado (el resto le ha tocado a mi costillo) y así no puedo ver las ofertas de los "restos navideños" y echarlos en mi carrito por pena.

En el primer intento del año de reciclar esos productos navideños que pueblan uno de los armarios de mi cocina os traigo estos muffins de turrón de Jijona ¡que están para ponerles un piso! Sí,sí, 2018 va a estar lleno de postres de esos a los que hay que ponerles un piso y yo solita voy a terminar con la crisis inmobiliaria.

Además saco por fin de borradores esta receta que lleva dos navidades esperando su turno ¡que estaba embarazada de Lara cuando los hice! Y mira que están buenos pero por una u otra cosa los pobres se han ido quedando sin publicar. También quiero hacer limpieza de recetas y sacar a la luz aquellas que aunque no tengan las mejores fotos del mundo están muy buenas y merecen ser compartidas.

Igual alguno ha notado mi debilidad por los muffins aunque os aseguro que yo he intentado disimularla con todas mis fuerzas ¿eh? De hecho después de que mi amiga Concha fundara el Club de la Tortilla Perfecta y mi amiga Marina abriera el Club del Brownie Perfecto y más tarde el Club del Bizcocho Perfecto me estoy planteando seriamente hacer honor a mi puesto como miembro honorífico del Club Culo Veo Culo Quiero y crear el Club del Muffin Perfecto para atesorar recetas de estos pastelitos ¡todo se andará! A ver si soy capaz de reorganizar mi tiempo y me pongo a ello que la vida no me da para más.

¿Qué os digo de estos muffins si sólo con verlos ya te entran ganas de comerte uno? Vale, ligeros, ligeros no son, pero si nos tomamos uno por la mañana tenemos energía hasta la hora de comer y con las carreras que nos damos a lo largo de la jornada yo creo que quemamos más que de sobra el aporte calórico que suponen.

Ni os imagináis lo bien que huelen mientras se hornean y lo tiernos y jugosos que se quedan...Mmmm es que merece la pena prepararlos porque además los tenemos a punto para hornear en cuestión de minutos ¡y lo que se agradece tenerlos listos para el desayuno o la merienda!

Soy consciente de que la mitad del país está a dieta post navideña y la otra mitad no lo está porque no se ha atrevido aún a subirse en la báscula (entre los que me incluyo porque me venía comportando muy bien hasta que caí en garras de la gripe y empecé a comer lo que me apetecía con la excusa de que estaba malita y había que reponer fuerzas...) y quiere portarse muy bien para no llevarse el susto de su vida cuando lo haga.

Pero ¿qué tiene más peligro? ¿un muffin o una tableta de turrón llamándote desde el armario y acabando con ella a pellizco limpio? Igual es una pregunta retórica porque todo tiene peligro y más cuando se supone que estás a dieta, porque no sé a vosotros pero a mí cuando decido comer más sano es cuando más cosas prohibitivas se me antojan ¡incluso aquellas que no como nunca!

Y si no os ha sobrado ninguna tableta de turrón es el momento de guardar la receta en pendientes hasta la próxima navidad. Que sí, que le falta mucho, pero en esta vida ¡todo llega! y antes de que queramos darnos cuenta ¡ya estamos de nuevo con la cantinela de los villancicos de fondo!

Como sé que sois de caer en la tentación no os intento convencer más y os dejo con esta sencilla y deliciosa receta ¡coged un muffin para entrar en calor cuando paséis por mi cocina!


Ingredientes:

* Una tableta de turrón de Jijona (la mía tenía 300 gramos pero valdrá lo mismo una de 200 o de 250 o el resto que tengáis en casa)
* 200 ml de nata para montar
* 200 gramos de harina
* 100 gramos de azúcar moreno
* 60 gramos de mantequilla
* 2 huevos
* 1 sobre de levadura química

Elaboración:

1. En un bol ponemos los huevos, la mantequilla, el azúcar y la nata y batimos hasta obtener una masa homogénea.

2. Desmenuzamos el turrón de Jijona e incorporamos al bol. Mezclamos hasta que esté integrado. No pasa nada si queda algún trozo más grande. Es agradable encontrarlo en los muffins, aunque este turrón es tan frágil y pringoso que se deshace con mucha facilidad.

3. Por último añadimos la harina y la levadura e integramos sin sobrebatir la masa. Si quedara muy líquida añadiríamos más harina y si queda muy espesa un poquito de leche. Todo dependerá de la cantidad de turrón que le pongamos y de la grasa que suelte.

4. Ponemos nuestras cápsulas en la bandeja para muffins y con ayuda de una cuchara para helados las llenamos.

5. Introducimos en el horno precalentado a 200º C y horneamos durante 10-12 minutos. A continuación bajamos la temperatura y horneamos aproximadamente 15-20 minutos más hasta que los muffins estén hechos. 

6. Dejamos templar con la puerta del horno entreabierta de cinco a diez minutos y a continuación sacamos de la bandeja y dejamos enfriar sobre una rejilla.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/muffins-de-turron-de-jijona

Con estas cantidades obtendréis una docena de muffins que se conservarán perfectamente en una lata ¡bien cerrados! Ojo con los ratoncillos que van abriendo latas a hurtadillas y las dejan a medio tapar para salir corriendo de la escena del crimen...


También se pueden congelar dentro de una bolsa con cierre hermético o bien cerrada e irlos sacando a medida que los vayamos a consumir. Espero que os animéis con ellos porque están verdaderamente deliciosos.

La receta de hoy va dedicada a mi padre porque es su cumpleaños. Él no se prodiga para nada por mi blog porque el tema de internet le ha pillado algo mayor pero os aseguro que dio en su día buena cuenta de alguno de estos muffins y aunque es muy parco en palabras (todo lo contrario a su amantísima hija que en el resto es un calco a él) sé que le gustaron porque arrasó con los que le dejé en pocas mañanas ¡y eso que mi padre no es muy de dulce! 

Los que me seguís por redes sociales habréis visto que los Reyes nos dejaron una copiosa nevada el pasado sábado. Yo no soy para nada de nieve así que ni Lara ni yo salimos de casa en todo el fin de semana aunque a ella le llamaba la atención si la asomábamos (fundamentalmente su padre) al balcón (que está cerrado con una cristalera, que nadie se lleve las manos a la cabeza) y quería irse a los columpios del parte que hay delante de casa ¡¿qué sabrá ella?!

Este año se enteró un poco más del tema de la Cabalgata y algún caramelo cayó en su carro y ella sigilosa se lo guardó ¡no sabe nada! Es muy graciosa porque le preguntas qué hacían con los caramelos en la Cabalgata y hace el gesto de lanzar (pero con mucha saña y muchas ganas, conste) caramelos al suelo, y con su media lengua de trapo, que algunas palabras ya sí va diciendo, te explica que cogían muchos caramelos el abuelo y la abuela (mentira que la abuela con la escayola recién quitada ni se agachó la mujer por motivos obvios) 

En fin, cosas de niños ¿no? 

Por esta semana os dejo ya, que en mi trabajo empieza la cuenta atrás y Hacienda no perdona, así que si no me veis por vuestras cocinas no es por falta de ganas ni porque esté de Rebajas, sino porque el mes de enero es de traca para mí laboralmente hablando.

Eso sí, la semana próxima no faltéis que hay un postre muy especial que quiero compartir con todos vosotros ¡y no os olvidéis de contarme qué tal se han portado sus Majestades en vuestras casas!

Manos a la masa y ¡bon appétit!



jueves, 4 de enero de 2018

Roscón de Reyes Corona de bolitas

Enero es un mes que me gusta. No tiene nada que ver que sea el mes de mi cumpleaños ni que empiecen las rebajas de invierno (este año poco caerá porque la temporada ha sido más bien floja o yo estoy poco enamoradiza en lo que a trapitos y zapatos se refiere) sino más bien porque Enero es un mes que trae consigo la promesa de todo un año por llenar de cosas buenas.

Estos días invitan al balance del año que se fue y a marcarnos metas para el año que estrenamos. A mí me gusta marcarme pautas que sé que puedo conseguir y no los topicazos que la mayoría se marca (y de los que ya empiezan a hablar hasta en el teladiario) y de los que se han olvidado antes de arrancar la primera hoja del calendario.

No obstante tengo la sensación de que a medida que pasan los días vamos perdiendo la ilusión y acabamos abandonándonos un poco a la rutina y la comodidad y dejamos de lado esas propuestas que tan maravillosas y realistas nos parecen cuando empieza el año.

A veces tengo la sensación de que los años son como los cuadernos escolares. Cuando comenzabas uno te esmerabas en hacer una letra bonita y limpia, en evitar los tachones y por todos los medios que se doblase una sola esquina y si era de las cubiertas te creías morir... Sin embargo a medida que continuabas escribiendo surgían las primeras tachaduras, llegaba algún bolígrafo que soltaba pegotitos de tinta o bien algún día escribías con prisas o con desgana y a partir de ahí ese cuaderno que ibas a conservar tan primoroso empezaba a decaer hasta el punto de que estabas deseando terminarlo para comenzar uno nuevo que mantendrías primoroso de principio a fin.

Con los años nos pasa lo mismo. Los comenzamos con muchas ganas, con muchos proyectos en mente y metas por alcanzar y a medida que los días del calendario corren ese fuelle del estreno se va perdiendo y nos vemos deseando que acabe el año a ver si de una vez por todas nos tomamos algo nuevo con más interés.

A ver si este 2018 es el año en el que no caemos en la rutina y logramos llevar uno de nuestros proyectos hasta el final (o al menos hasta verano)

Para no perder las buenas costumbres año más inicio el mes de Enero en el blog compartiendo la receta del Roscón de Reyes y espero poder continuar mucho tiempo más con esta tradición.

 Si hay dos días que me gustan especialmente de las Navidades (y creo que esto ya os lo he contado en anteriores ocasiones) son el día del sorteo de la Lotería de Navidad y la tarde-noche de la víspera de Reyes cuando todos los pueblos y ciudades del país son visitados por sus Majestades y la ilusión y la alegría brilla en la cara de los más pequeños a la par que el sudor perla la frente de los mayores más rezagados que han dejado para última hora la compra de los regalos.

Sé que hay mucha gente que vive el día de los Reyes como el último empujón de las fiestas, como un día que hay que pasar y que pone final a las fiestas navideñas que a algunos tanto se les atragantan. Curiosamente suelen ser los mismos que están deseando que lleguen las fiestas ¡nunca jamás se deseó tanto la llegada como la finalización de una celebración! Sinceramente es algo que no puedo entender.

Somos libres de celebrar estos días como más nos apetezca. Está más que claro que para comer bien no hay que gastarse un dineral y somos mayorcitos para elegir la forma en la que queremos vivir o dejar de vivir la Navidad.

A mí me gusta mucho el día 5 y no entiendo las prisas que tiene nadie por hacerlo pasar. Son 24 horas que pasan igual de rápido que las 24 horas de un día cualquiera de un mes cualquiera así que aprovechémoslas y sigamos disfrutando como cuando éramos enanos.

Y todos sabemos que no hay Día de Reyes sin su tradicional roscón aunque en los últimos tiempos vamos innovando y tradicionales, lo que se dicen tradicionales, no todos lo son. Pero eso no quita que no estén buenísimos o que estéticamente entren los los ojos.

Recuerdo el miedo que le tenía al Roscón cuando horneé el primero y lo satisfecha que me sentí cuando salió del horno ¡y parecía un Roscón! Sinceramente no sé qué pensaba que iba a salir de ahí para justificar tremenda alegría al terminar de hornearlo.

Desde entonces lo preparo en casa y lo comparto en el blog para que todos los que se pasen por mi cocina disfruten conmigo de una estupenda merienda la Víspera o un majestuoso desayuno el Día de Reyes. Porque todos tenemos claro que el roscón tiene que estar en casa sí o sí estos días pero en algunos lugares es tradición tomarlo la tarde del día cinco después de la Cabalgata y en otros comerlo la mañana del día 6 después de abrir los regalos.

Este año he optado por un roscón de masa tradicional pero con un aspecto más moderno al hacerlo con bolitas de masa que se enganchan entre sí durante el último levado y el horneado. Hace años estos roscones llenaron la blogosfera y se hicieron un hueco en mi lista de pendientes.

Confieso que le tenía miedo porque creía que no iban a levarme bien las bolitas, que no se iban a enganchar o que al levar o durante el horneado unas se superpondrían a otras quedando un roscón de aspecto cuanto menos poco apetecible.

Leí (casi) todas las recetas que encontré por la red, me empapé de consejos para que el roscón saliera perfecto y me decidí por esta receta de Sara del blog La receta de la Felicidad que parecía uno de los mejores roscones del mundo.

La decoración la tenía clara, me apetecía un roscón bicolor, y el relleno esta vez iba a brillar por su ausencia ya que la masa parecía tan esponjosa que nadie iba a echar en falta un relleno que la hiciera más jugosa...

Esa es la teoría, porque la realidad fue otra muy distinta. A su favor esta masa tiene que leva muy rápido. La hice a última hora de la tarde para dejarla levando toda la noche y mi sorpresa es que cuando me iba a acostar ya estaba que se iba a desbordar del bol así que la guardé en la nevera por miedo (a no se qué en realidad) y la saqué a la mañana siguiente.

No le gustó mucho pasar la noche en frío porque le costó bastante el segundo levado.

Cuando salió del horno la pinta era estupenda y el roscón era blandito. No tanto como parecía por las fotos del blog en cuestión pero sí que era blandito. Sin embargo aquí llegó el siguiente inconveniente: se había pegado a la chimenea del molde que usé y no quería salir.

Para no romperlo opté por decorar con el chocolate y aquí creo que llegó mi error garrafal porque cuando lo pude desmoldar (que no se rompió como era mi miedo) la masa se había enfriado dentro del molde y es posible que eso contribuyera a que ya no fuera tan blandito como cabría esperar.

Al día siguiente ya empezó a endurecerse más y aunque nos duró cuatro días no se puso duro pero sí que es uno de los roscones que más secos se han quedado.

Ya os digo que de primeras prefiero no echarle la culpa a la receta y quiero pensar que no sacarlo del molde en cuanto salió del horno fue el detonante para que la masa no quedase blandita y tierna durante más tiempo. El sabor es bastante bueno y con un poquito de relleno (en nuestro caso fue crema de cacao y mermelada porque no había preparado ninguna) se solventó bastante bien el tema de la falta de esponjosidad.

No quería venderos el roscón como el más tierno del mundo porque al menos en mi caso no ha sido así aunque tiene cosas buenas como una masa madre sencilla de preparar y un levado más que rápido así como un buen comportamiento en el horno y un sabor muy rico.

Si lo vuestro es preparar el Roscón y que no quede nada os aseguro que esta es vuestra receta. Confieso que tengo la espinita clavada y que quiero repetirlo en un futuro para ver si es cosa de la receta o es el cúmulo de infortunios que rodearon la preparación de este Roscón.

Mientras tanto disfrutaremos de este que queda bien bonito y cruzaremos los dedos para que los Reyes nos dejen muchos regalos mañana por la noche. No os olvidéis de coger vuestro trocito y disfrutar de una merienda o un desayuno de reyes ¡y nunca mejor dicho!











Ingredientes:

Para la masa madre:

* 70 gramos de leche semidesnatada (o la que uséis en casa)
* 130 gramos de harina de fuerza
* 5 gramos de azúcar blanca (una cucharadita más o menos)
* 1 sobre de levadura seca de panadería (7 gramos)

Para la masa:

* 60 gramos de leche semidesnatada
* 30 gramos de agua de azahar
* 70 gramos de mantequilla
* 2 huevos 
* 450 gramos de harina de fuerza
* 1 pellizco de sal
* 1 sobre de levadura seca de panadería (7 gramos)

Para decorar:

* 1 cucharada de leche para pintar la superficie
* 100 gramos de chocolate negro de cobertura
* Azúcar perlado

Elaboración:

1. Para preparar la masa madre ponemos en un bol los ingredientes, mezclamos y hacemos una bola. Es una textura similar a la de la plastilina así que es la mar de sencilla hacerlo a mano. Podemos ayudarnos de un tenedor para no mancharnos al principio, pero se maneja muy bien con las manos después.

2. Llenamos un bol con agua templada y ponemos la bola en el fondo. Toca esperar hasta que la bola flote. También se hinchará ligeramente. Ya tendremos lista nuestra masa madre para ser usada. En cuanto a qué entendemos por agua templada es agua que al meter la mano no sentimos ni frío ni calor. Yo puse agua del grifo y dejé que se pusiera a temperatura ambiente. 

En cuanto al tiempo que tarda la bola en flotar depende de la temperatura que tenemos en casa. La mía tardó entre 40 minutos y una hora, es cuestión de ir echándole el ojo de vez en cuando.

3. Una vez ha flotado la bola de masa madre pasamos a preparar la masa del roscón. Yo lo hago con ayuda de mi panificadora. Para ello ponemos en la cubeta los ingredientes de la masa en el orden en el que aparecen escritos. La mantequilla la pongo derretida y los huevos batidos como para hacer tortilla. 

También añado la bola de masa madre hecha trocitos.

Pongo dos veces el programa de amasado de quince minutos que tiene mi panificadora.

También se puede amasar a mano o en otro robot de cocina que tengáis

4. Pintamos un bol amplio con un poquito de aceite de oliva y ponemos la masa hecha una bola. La giramos para que quede bien impregnada de aceite. Tapamos con film transparente y dejamos reposar en un lugar calentito para que leve y duplique su volumen.

5. Una vez levada la masa espolvoreamos con un poquito de harina la superficie de trabajo y amasamos ligeramente. 

6. Dividimos la masa en porciones de igual tamaño. Yo la he dividido en 8 bolas de 115-120 gramos cada una.

7. Para que quedara una corona perfecta y por miedo a que se movieran las bolitas al levar y/o al hornearse me he ayudado de un molde con chimenea que he untado bien de mantequilla y además he puesto papel de hornear en la base y los laterales para facilitar el desmoldado. Mi consejo es que también pongáis papel en la chimenea, especialmente en la base para evitar malos tragos al desmoldar.

También se puede hacer en un molde redondo normal poniendo en el centro un aro de emplatar, una lata forrada con papel de aluminio o de hornear o cualquier otra cosa apta para llevar al horno y que tengáis en casa.

8. Colocamos las bolitas en nuestro molde, con un poquito de separación y dejamos levar.

9. Cuando hayan doblado su tamaño pintamos con leche y llevamos al horno precalentado a 180º C

Si queréis adornar el roscón antes de hornearlo es ahora el momento. Yo le puse azúcar perlado a cuatro bolas alternas y el resto las dejé sin nada porque las iba a bañar en chocolate. 

Podéis poner azúcar perlado, crocanti de almendra, fruta escarchada, almendra en láminas ¡lo que os guste!

10. Horneamos durante unos 20 minutos.

11. Dejamos templar unos minutos y desmoldamos.

12. Ponemos sobre una rejilla y dejamos enfriar. Mientras podemos decorar el resto de las bolas con chocolate derretido y espolvoreamos con perlas de azúcar.

Anotaciones:

1. Por lo general preparo las masas para dejarlas levar toda la noche, especialmente en invierno, porque así no tengo que estar pendiente. Esta masa levó muy rápido así que la metí en el frigorífico por la noche y la saqué y dejé templar una hora antes de desgasificar y hacer las bolitas. Creo que no le gustó demasiado pernoctar en el frigorífico porque después le costó mucho levar.

2. Sacar el roscón del molde (si lo usáis) y dejar enfriar sobre una rejilla. La masa os lo agradecerá bastante en cuanto a esponjosidad. Yo le puse el chocolate antes de desmoldar y tuve que dejarlo enfriar en el molde y creo que contribuyó bastante a que aguantase poco tiempo blandita la masa. 

3. Sobre todo dejar levar la masa. Cuanto más leve más esponjoso será el roscón.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/roscon-de-reyes-corona-de-bolitas

Creo que si no cometéis los mismos fallos que cometí yo os quedará un Roscón muy tierno durante más días y podréis disfrutar de una deliciosa merienda o desayuno en familia.

Si lo preferís le podéis dar forma de roscón tradicional que también os quedará estupendo y os daréis menos trabajo, aunque las bolitas quedan tan monas y son tan prácticas a la hora de cortar porciones que bien merece la pena ese pequeño esfuerzo.

Por supuesto podéis rellenarlo, es más ¡os lo recomiendo! porque le aportará jugosidad y hará que sea un Roscón de diez.

Los que me seguís por redes sociales ya sabréis que la semana pasada estuve en cama desde el jueves con una gripe. Fue a raíz de que me la diagnosticaran a mí que entendimos que lo que aquejaba a Lara desde el 21 de diciembre lo era también. 

La semana pasada se quedó en casa cada día y cuando hemos vuelto esta semana a la guardería nos hemos enterado de que por allí ha asolado la gripe a casi todos los niños y casi todas las seños... No me consuela pero al menos entiendes la raíz del problema.

Ahora toca cruzar los dedos para que la próxima, que llegará y seguro que pronto con el frío que hace, sea llevadera y no nos golpee especialmente fuerte.

Para los que sigáis despistados os cuento que el día 19 de diciembre le quitaron la escayola a mi madre y aunque no le han dado sesiones de rehabilitación por la Seguridad Social porque lo han considerado innecesario nos hemos buscado un fisioterapeuta muy apañado con el que está muy contenta y progresa muchísimo. Si todo sigue bien la semana que viene retomaré mi vida con sus rutinas y horarios de siempre ¡ya os contaré! 

Me despido deseando que los Reyes os traigan muchísimas cosas buenas (más que cosas materiales de esas que importan de verdad) y espero que 2018 sea benevolente con nosotros ¡hasta la semana próxima!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 28 de diciembre de 2017

Crema de caramelo con profiteroles

Una vez más me enfrento a la última entrada del año y me paro durante unos minutos a valorar cómo ha sido, en este caso, 2017 y hacer un pequeño balance.

A grandes rasgos 2017 ha sido un buen año a nivel personal. Bien es cierto que los últimos dos meses la vida ha decidido darme una pequeña vuelta de tuerca pero siempre podría haber sido peor y prefiero no quejarme demasiado porque la luz empieza a verse al final del túnel. 

Además estas pequeñas pruebas de la vida sirven para probar la pasta de la que estamos hechos y demostrar que nos podemos crecer en las adversidades. También sirven para demostrar con quién podemos o no contar y aunque he de decir que no me he llevado ninguna sorpresa al respecto sí que agradezco que la cara oculta de más de uno haya quedado al descubierto en estas semanas.

A nivel del blog no puedo estar más feliz. Es impresionante la cantidad de personas que he conocido y seguido conociendo y estoy encantada de que las relaciones se estrechen llegando incluso a traspasar la pantalla. Aún sigue pareciéndome increíble que después de tanto tiempo sigáis por ahí, regreséis a mi cocina y os fiéis de mis recetas. 

Es una de las cosas buenas de la globalización y sinceramente me alegro muchísimo de haberme embarcado en este proyecto por todo lo que me ha supuesto a nivel personal y todo lo que llevo aprendido en estos tres años que ya tiene el blog.

Estoy muy contenta por haberme retado a realizar algunas recetas a las que tenía tanto miedo y espero seguir enfrentándome a mis barreras psicológicas y preparando esos postres a los que les tengo especial respeto.

También estoy satisfecha con el pequeño pasito que he dado con mis fotografías y sigo aprendiendo cada día de vosotros porque me queda un largo camino por delante.

Y por supuesto estoy muy orgullosa de mi propósito de vaciar los armarios y dejar de atesorar qeu comparto, sin haberlo premeditado, con mi amiga Olga. Ya os decía que iba a necesitar mucho tiempo para dar salida a todo y así está siendo. En 2018 continúo con esta idea y me consta que Olga me sigue acompañando porque a veces no podemos resistirnos y volvemos a cargarnos con cositas que nos llaman a gritos.


Para despedir el año con todos vosotros y daros las gracias por seguir acompañándome en esta aventura reposteril hoy traigo una crema de caramelo ¡que está para ponerle un piso! 

Lo sé. Hace muchas recetas que vengo diciendo lo mismo, pero ¡es que las últimas recetas están para ponerles un piso de ricas que están! 


Esta crema surgió del idilio que tuve el año pasado con el caramelo. Conste que lo sigo teniendo pero hubo una época en la que preparé un montón de recetas con él aunque en el blog lo disimulé intercalándolas con otras.

Fue la receta que preparé en 2016 para despedir el año y me ha parecido interesante y oportuno publicarla para cerrar también el 2017

Reconozco que soy una persona maniática y con ciertas supersticiones y tenía ganas de hacer algo para cerrar simbólicamente 2017 así que he pensado que si comenzó tras degustar esta crema en familia, ahora debe acabar tras degustarla virtualmente con mi familia bloguera. 


La idea de este postre vino a raíz de una tarta cuyo resultado no fue el esperado (más bien fue un desastre) y que sigue en pendientes para repetir y que aguante el tipo (tras ciertos ajustes de ingredientes). La espinita seguía clavada y en nochevieja decidí preparar algo similar pero servido en vasitos para no jugármela a última hora.

Además saqué unos profiteroles que tenía congelados y que empezaban a estorbar bastante en el congelador (iniciando mi propósito de terminar cosas) para darle más vistosidad porque la crema quedó del color de la galleta de la base y a simple vista cuesta bastante distinguirlas así que necesitaba algo que llamara la atención.


Vosotros, que sois todos muy apañados, podéis preparar los profiteroles en casa si no queréis comprarlos congelados. Yo últimamente voy a lo sencillo y rápido que con la niña... ¡ya se sabe! 

La combinación de sabores me encantó porque la crema tiene un toque a caramelo que me vuelve loca y la textura es muy agradable. Combina genial con la base de galleta y el profiterol es un interesante comienzo para el postre (o final porque alguno lo iba dejando de lado para zampárselo lo último)

Lo bueno es que es un postre que puedes ¡y debes!  preparar con algunas horas de antelación para que la crema se asiente bien y adquiera la textura adecuada.

Se tarda muy poco en tenerla lista y el montaje es rápido y sin complicaciones. Después te olvidas hasta la hora de servir el postre.

Además no es para nada empalagoso ni pesado y aunque estés lleno y quieras sólo probar un poquito estos vasitos te invitan a meter la cuchara una vez más ¡y te los acabas sin haberte dado cuenta siquiera!

A estas alturas supongo que todos habréis pensado el postre para Nochevieja, pero si algún despistado queda ¡aquí tiene una buena idea! y si no es para nochevieja ya os digo yo que cualquier día es bueno para disfrutar de estos vasitos ¡no os vais a arrepentir! 

Hoy no quiero extenderme mucho (y mira qué parrafada llevo) así que sólo os doy las gracias por seguir acompañándome y deseo que 2018 traiga todo lo bueno que os merecéis ¡sed felices y nos leemos el año próximo! ¡No os vayais sin vuestro vasito de crema! ¡hay uno para cada uno!


Ingredientes:

* 1 rulo de galletas maría
* 100 gramos de mantequilla
* 200 ml de nata para montar
* 300 ml de leche (semidesnatada para compensar)
* 150 gr de caramelo líquido
* 2 hojas de gelatina neutra
* 1 cucharadita de maicena
* Profiteroles (tantos como vasitos vayamos a rellenar)
* Azúcar glass para espolvorear

Elaboración:

1. Empezamos preparando la base de galleta. Para ello trituramos las galletas y les añadimos la mantequilla derretida. Mezclamos bien y vertemos en el fondo de los vasitos que vayamos a utilizar. Para compactar la base nos irá muy bien usar un vaso de chupito.

2. Ponemos a hidratar la gelatina en agua fría.

3. En una cacelora ponemos la nata, la leche y el caramelo y ponemos a fuego medio. Removemos con frecuencia para evitar que se pegue.

4. Cuando esté a punto de romper a hervir añadimos la cucharadita de maicena y las hojas de gelatina escurridas y movemos bien para que se disuelvan. Mantenemos al fuego hasta que esté de nuevo a punto de romper a hervir.

5. Vertemos en los vasitos y ponemos un profiterol en cada uno. Aunque la mezcla esté líquida no se hunden.

6. Dejamos enfriar y a continuación tapamos nuestros vasitos y los metemos en el frigorífico.

7. Para servir podemos espolvorear con azúcar glass.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/crema-de-caramelo-con-profiteroles

Fácil ¿verdad? Y no sabéis lo rica que está ¡no os la podéis perder! Si no tenéis profiteroles en casa podéis poner virutas de chocolate, un bombón, trocitos de galleta, un barquillo... ¡dejad volar vuestra imaginación!


Hoy también tenemos crónicas de Lara que está malita desde el día del sorteo de la Lotería de Navidad... Con los peques ya se sabe, cuando no es una cosa es otra, y esta vez vuelve a tocar garganta y mocos. Ha estado unos días con fiebre, ahora ya ha remitido, pero tiene mucha tos. La pobre no quiere casi comer, sólo tomar biberón y cuando le dan los ataques de tos acaba vomitando todo lo que tiene dentro...

Como regalo me ha pegado su resfriado, no podía ser menos después de llevar durmiendo con ella casi una semana, pero las mamis no podemos permitirnos el lujo de estar enfermas así que tengo que seguir al pie del cañón por y para ella. 

Para terminar os mando mis mejores deseos para el 2018. Espero que sea un año cargado de cosas buenas y que traiga estupendos momentos que compartir y mejores recetas que publicar y disfrutar entre amigos como hasta ahora.

Sed felices y nos leemos de nuevo para ultimar la carta a los Reyes Magos.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 21 de diciembre de 2017

Pudin navideño de pan

Mañana comienza para mi la Navidad y os aseguro que tengo ciertas mariposas ya revoloteando en el estómago.

Es iluso pensar que mañana la vida va a cambiarme porque uno de los niños de San Ildefonso tenga a bien sacar la bolita con el número que tenemos en casa pero me gusta conservar esa ilusión (porque tocar toca e igual algún día nos sonríe la fortuna) y escuchar el sorteo en la radio. 

Es increíble la cantidad de recuerdos que el soniquete del sorteo es capaz de despertar en mi y todos son agradables. Por lo general el día del sorteo era antes el primer día de las vacaciones de Navidad ¿acaso había algo más maravilloso cuando éramos pequeños? y me como me levantaba tarde (al menos más tarde que de costumbre)  me recibía el sonido de las bolas y los niños de San Ildefonso cantando los números y los premios. 

También me recuerda a mi abuelo Laureano, que se marchó cuando yo tenía sólo once años, y que cada Navidad seguía el sorteo con mucho interés, sobre todo en la radio, aunque a veces ni siquiera tenía un décimo ¡a él le bastaba con escucharlo aún a sabiendas de que no podía tocarle nada! 

Y siempre me emociona ver a los agraciados ese día en las noticias, repletos de felicidad, y alguna de las historias lacrimógenas de alguno de los agraciados que los reporteros rápidamente encuentran y más rápidamente exprimen.

Estoy casi segura de que mañana no será mi cara la que llene las televisiones de todo el país ni cope portadas en ningún periódico, pero aún así me hace ilusión pensar que tengo una pequeña posibilidad de ser la agraciada.

De lo que no cabe duda es de que el sorteo de Navidad nos recuerda que en dos días tenemos la cena de Nochebuena y quizá los más rezagados o los más indecisos aún están buscando alguna idea para llevar a su mesa.

Lo que está claro es que los blogs y programas de cocina llevan semanas sacando sus mejores propuestas para estos días y quizá un último vistazo a ellos logre disipar esa indecisión de última hora. 

Para no ser menos traigo hoy una propuesta muy navideña por un lado pero por el otro radicalmente opuesta a lo que esperamos encontrar estos días en cualquier mesa.

Estoy cansada de escuchar que la Navidad supone un gasto astronómico para las familias y que la cesta de la compra para estas fechas alcanza cantidades de al menos tres cifras por hogar... A mí a veces me cuesta asimilar este tipo de noticias porque hago cuentas (me viene de formación profesional) y sinceramente no sé quién asume la parte del gasto que correspondería a mi hogar o a los hogares que yo conozco.

Para comer bien no es necesario llenar un carro y dejarse 500 euros en el mercado. Es más, estoy casi segura de que aquellos que hacen eso acaban tirando a la basura al menos el 50% de lo que han comprado porque compran probablemente sin criterio y al final las cosas se quedan atrás hasta que se ponen malas y hay que tirarlas.

Para comer bien hay que tener voluntad de elegir, planificar y meterse en la cocina ¡nada más! Si nos damos una vuelta por los blogs que visitamos habitualmente encontraremos miles de recetas espectaculares y que no requieren tener que pedir un micro crédito para disfrutar de unas estupendas navidades. 

También estoy cansada de escuchar que en Navidad se tiran no sé cuantas toneladas de comida a la basura ¡¿qué nos pasa?! En casa hemos estado comiendo "restos"  de nochebuena hasta Nochevieja y los "restos" de Nochevieja hasta Reyes ¡y tan contentos! Es más yo encantada porque así me ahorro cocinar unos días y eso siempre se agradece ¿o no? Así que no me cabe en la cabeza que nadie se pueda permitir el (dudoso) lujo de comprar comida para después tirarla.

Para demostrar que todo se puede aprovechar y cocinar un plato que nada tiene que envidiar a ningún otro y que para comer de lujo no es necesario gastar mucho dinero he decidido compartir con vosotros, a las puertas de Navidad, un pudin navideño elaborado a base de restos de pan.
Sin duda no es la típica receta que vemos publicada estos días pero os aseguro que bien merece un hueco en vuestras casas esta Navidad porque pocas veces con tan poco se consigue tanto.

Este pudin lo tiene todo: es sencillo de preparar, aprovechamos restos de pan que tenemos dando vueltas por casa (que aún son mayores después de las reuniones familiares), lo tenemos listo para hornear en 15 minutos (y en menos) y una vez en el horno nos olvidamos de él. 

Y lo mejor de todo no es lo que os he dicho hasta ahora sino el delicioso olor que inunda la casa cuando empieza a hornearse y lo sumamente rico que está.

Pocas veces con tan pocos y tan humildes ingredientes se consigue una receta tan rica y con un marcado aroma y sabor a Navidad. No a las Navidades de ahora sino a las Navidades de nuestra infancia donde todo era más sencillo y nos conformábamos con menos cosas.

Este pudin es un homenaje a las abuelas, madres, tías y hermanas mayores que tantos años se desvivieron en la cocina para que disfrutásemos de una buena cena o comida en familia. A ellas que con ingredientes humildes vestían una mesa de fiesta y todo el mundo quedaba feliz y satisfecho. 

A esas reuniones donde cabía mucha gente en un piso minúsculo y no nos importaba estar apelotonados en una mesa ya que estábamos en familia y era lo que importaba.

A esas Navidades que recordamos por los olores y sabores junto con las risas y juegos compartidos y no por los regalos recibidos que han sentado las bases de lo que somos hoy día y queremos legar a nuestros hijos.

Mi receta de hoy sabe a canela y miel, a fruta escarchada, a agua de azahar y a chocolate. Esos son los olores y los sabores de las navidades de mi infancia y con ellos os quiero invitar a que paséis un ratito en mi cocina virtual a pesar de las prisas que estos días apuran a todo el mundo.

Quiero disfrutar de unos momentos de charla con todos y cada uno de los que habitualmente pasáis por aquí mientras desayunamos o merendamos (todo depende de la hora a la que lleguéis ya que las puertas de mi cocina están siempre abiertas para vosotros) para agradeceros todo el cariño recibido este año y desde que inicié esta aventura.

Mi cocina sin vosotros no sería lo mismo. Me gusta tener un blog humano y cercano en el que compartir y con el que aprender de todos los que me acompañáis cada semana. Me encanta que las relaciones traspasen pantallas y formar parte de esta pequeña-gran familia. 

Gracias a todos por seguir aquí cada semana y de corazón os deseo que tengáis una bonita Navidad ¡a vuestro estilo! que estos días son para vivirlos como nos venga en gana y no como nadie nos quiera imponer.

¡Ah! y por supuesto no os vayáis sin probar vuestro trozo de pudin que os tengo reservado uno a cada uno de vosotros ¡que esta receta es para compartir y repetir muchas veces en buena compañía!

Con esta entrada participo en el Reto de "Christmas Time" de la comunidad Cocineros del Mundo en Google + #RetoChristmasTimeSpecialCdM2017 y llego justa, justa de fecha.

 

Ingredientes:

* Unas dos barras de pan duro
* 1 litro y medio de leche de soja
* 100 gramos de miel
* 4 huevos
* 50 ml de agua de azahar
* 3 cucharaditas de canela en polvo
* 100 gramos de fruta escarchada variada en trocitos
* 120 gramos de arándanos desecados
* 75 gramos de pasas sultanas
* 75 gramos de ciruelas pasas
* 85 gramos de perlas de chocolate.
* Dos cucharaditas de azúcar de naranja y ron para espolvorear (opcional)  que puedes sustituir por azúcar moreno, azúcar de vainilla o suprimirla.

Elaboración:

1. Comenzamos partiendo el pan en trocitos. La cantidad es indicativa, dependerá del tamaño de tu fuente y del pan que tengas sobrado. Mi fuente es grande, unos 30 centímetros  mide el hueco interior para que te hagas una idea. 

2. En un bol ponemos la fruta escarchada (yo compro unos paquetes ya cortaditos de 100 gramos en LIDL pero puedes utilizar la que tengas en casa o la que más os guste), las pasas, los arándanos y el chocolate y además troceamos las ciruelas y las añadimos también.

3. Agitamos y mezclamos bien todos los trocitos y reservamos.

4. Ponemos a calentar un vaso grande de leche en el microondas y en una jarra grande ponemos la miel. Añadimos la leche caliente, esperamos un par de minutos y removemos. Así conseguimos que la miel se integre perfectamente.

5. Añadimos los huevos de uno en uno y vamos batiendo en cada adicción hasta integrar. 

6. Incorporamos la canela en polvo, el agua de azahar y el resto de la leche. Mezclamos bien.

7. En la fuente en la que vayamos a hornear ponemos una tanda de pan y cubrimos con la mezcla de fruta desecada y chocolate. Cubrimos con pan, repartimos más fruta y así hasta terminar con el pan y la fruta.

8. Con cuidado vamos vertiendo la leche sobre el pan procurando mojar bien toda la superficie. Dejamos reposar una media hora para que el pan se empape bien.

9. Espolvoreamos con azúcar de naranja y ron e introducimos en el horno precalentado a 190ºC y horneamos hasta que el pudin esté cuajado. Cuando lleve una media hora deberemos taparlo con papel de aluminio para evitar que la superficie se queme.

El tiempo de horneado dependerá del tamaño y la profundidad de la fuente. Para saber si está hecho, además de pinchando con la brocheta de madera en el centro podemos abrir el horno y mover la fuente ¡con las manoplas puestas! Cuando el centro tiemble sólo ligeramente ya estará listo.

10. Dejamos con la puerta del horno entreabierta hasta que se enfríe o bien dejamos enfriar sobre una rejilla.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/pudin-navideno-de-pan

Lo ideal es servir el pudin recién hecho o cuando haya pasado una media hora para que esté menos caliente. ¿Cuál es el problema? que si lo servimos al poco rato de salir del horno el corte no tiene nada de bonito porque se desparrama  (os lo digo yo que probé para las fotos y daba miedo ver lo que llegaba al plato)

Si bien es cierto lo que dice mi marido que aunque no sea una presentación de diez lo rico que está lo compensa.

Cuando el pudin se ha enfriado sí que se deja cortar y servir con dignidad y con un golpe de calor en el microondas será más que suficiente para disfrutar de un maravilloso desayuno o merienda. Prepararlo con antelación tiene dos cosas a su favor: la primera es que tiene un corte bonito y la segunda es que sigue estando igual de rico que recién hecho porque además le ha dado tiempo a asentarse y os aseguro que no le viene nada mal pasar un diíta en la nevera.

Dicho todo en vuestra mano queda prepararlo cuando mejor os venga en función de vuestro tiempo y de la disponibilidad de vuestro horno ¡que esa es otra a tener en cuenta en estas fechas!

Si alguien al mirar la fotos se ha parado en la mancha del centro y se ha preguntado qué es os confirmo que es lo que parece ¡es chocolate! En esas fortunas deliciosas y delirantes que tiene la vida en el centro del pudin quedaron varias gotitas de chocolate que al hornear se fundieron y al sacar el pudin del horno burbujeaba ese corazón de chocolate e invitaba a meter la cuchara directamente en el centro ¡si lo hubiera premeditado no me habría salido!






La pequeña Lara está un poco mejor de sus dolencias, pero con su edad, el frío que hace y estando en la guardería es cuestión de días que caiga con otra cosa. El martes celebraron su fiesta de navidad y llegó Papá Nöel cargadito de regalos para todos los niños ¡se lo pasó en grande!

Me despido de vosotros una semana más y aprovecho para enviaros mis mejores deseos para estas fiestas. Es un placer para mí seguir contando con vuestra compañía después de tanto tiempo y tantas cosas buenas y malas y espero seguir haciéndolo durante muchos años más. ¡Sed felices y si mañana os sonríe la fortuna Lara y yo estaremos encantados de ayudar a gastar!

Manos a la masa y bon appétit

jueves, 14 de diciembre de 2017

Galleta de mantequilla con chocolate y naranja

El mes de diciembre está pasando raudo y veloz como cada año. No sé si será por los días de fiesta o porque la mayoría del mundo anda con prisas con los preparativos de las navidades pero en un visto y no visto estamos a mediados y faltan diez días para nochebuena.

Que no sé cómo nos pilla el toro cuando en los supermercados desde el día del Pilar están todos los productos navideños relucientes y perfectamente colocados en los estantes ¡si hasta en el telediario hablan de las compras navideñas desde hace dos semanas! 

Nosotros este año estamos un poco desubicados con la fractura de mi madre y la semana que viene ¡al fin!  va a revisión. En un principio ya han pasado los 45 días de rigor y el hueso debería haber soldado y poder quitar la escayola. Sin embargo os confieso que tengo un nudo en el estómago y hasta que no salga del hospital y me llame para decirme que todo ha ido bien no me quedaré tranquila.

Se me ocurren mil cosas que hayan podido ir mal y complicar el asunto aunque yo a ella siempre le digo que todo estará perfecto, que ya queda muy poco para que le quiten la escayola y que pasará la navidad sin ese peso. Siempre soy muy positiva pero por otro lado no puedo evitar valorar todo lo que pueda ir mal.

Como podréis imaginar el panorama que reina en casa desde noviembre es un tanto atípico y así mismo está siendo la organización de las fiestas pero lo que está claro es que van a llegar y van a pasar como siempre ha ocurrido estemos más sanos o menos con más ganas o con menos...

En el blog tampoco estoy al 100% pero reconozco que gracias al empujón de dos amigas blogueras (de la propuesta de Angélica ya os hablé la pasada semana) me he puesto las pilas y estoy haciendo algunas cositas para estas fechas. Igual también ayuda a esta vagancia el hecho de que estoy a dieta desde finales de noviembre porque me niego rotundamente a llevar una vida de locos, comer mal, poco y a deshoras y encima haber hecho peso. Es hora de ponerse serios y regresar de verdad al peso que tenía antes del embarazo. Yo era feliz con aquel infrapeso y no quiero ni un gramo más ¡buenas fechas he elegido para hacerlo!

Pensar en Navidad y venir a la mente hacer galletas es todo uno. Cierto que en nuestro país los dulces típicos van más bien por otros derroteros pero no creo que haya alguien que no piense en una taza humeante y unas galletas caseras para compartir estos días.

Hace unas semanas mi amiga Maribel del blog Sweet Blessings me envió un mensaje contándome que iba a preparar un Calendario de Adviento virtual compartiendo recetas de galletas en su perfil de Facebook y me preguntaba si me apetecía participar. Era un correo muy escueto y no me explicaba si era con alguna receta ya publicada o una receta preparada para la ocasión y como estuvo enferma y tardó en responder unos días a mis mensajes yo ya tomé mi decisión de preparar esta receta, que es de Jamie Oliver, y matar dos pájaros de un tiro.


Por un lado participar en la iniciativa de Maribel que me pareció maravillosa y estoy encantadísima de que se acordara de mí y contara conmigo para ella (que por cierto hubiera valido con una receta ya publicada)

Por el otro preparar esta receta de la que caí total y absolutamente enamorada cuando lo vi prepararla en su nuevo programa de Canal Cocina y de paso hacer galletas de mantequilla (o shortbread) a las que ya tenía ganas desde hace tiempo.


Además con lo que me gusta hacer galletas ¡y llevo un montón de meses sin preparar ninguna! Cruzo los dedos para que 2018 me traiga un poquito de más tiempo libre los fines de semana para repostear con algo de tranquilidad y compartirlo con vosotros.

Quizá muchos conozcáis a Jamie por su incidente con la paella, pero os aseguro que es un cocinero increíble y que todas las recetas que he hecho suyas nos han encantado así que elegir esta galleta no es que fuera ningún riesgo.

Debo reconocer no obstante que había una cosa que me preocupaba y era el tiempo de horneado dado que alguna vez en lugar de galletas he sacado auténticas piedras del horno, pero decidí arriesgarme (aunque iba controlando muy bien la textura a partir de los diez primeros minutos) y seguir la indicación al pie de la letra y os aseguro que queda ¡para repetir y repetir si no fuera por la ingente cantidad de calorías que tiene!

Por lo demás sí que he hecho mía la receta (que es de las que tenía sólo cinco ingredientes pero yo he convertido en seis) al cambiar algunos ingredientes y añadir uno que él no ponía.

Si voy a hacer una galleta de navidad ¿qué mejor que poner naranja confitada? Sé que le prometí a mi amiga Olga vaciar los armarios pero hace un par de semanas llegaron los cacharritos de fruta confitada a LIDL y con un puñadito que me hice ¡es que sólo los venden en esta época! pero rápidamente le he dado salida al primero con esta galleta.

Particularmente me ha parecido un acierto sustituir la ralladura de naranja por trocitos porque tiene más protagonismo en la receta y queda una decoración mucho más vistosa.

También he puesto una cucharadita de canela ¿Navidad sin canela? ¡venga ya! ¡eso no existe! y mucho menos en mi casa donde somos de "canela fácil" Personalmente me parece otro acierto pero porque la canela me encanta y creo que combina muy bien con (casi) todo.

Además he cambiado el azúcar por miel por varias razones. La primera es que tiene menos calorías y es mucho más sana. La segunda es porque acabo de abrir un bote de miel de encina que no había probado nunca antes y que me ha encantado y me la comería a cucharadas si no fuera porque me empalaga y por el dichoso tema de los kilos. Además la combinación miel, canela y naranja me parece muy apropiada para Navidad.

Y por último he puesto más chocolate que el que indica Jamie en su receta porque así daba salida a una cobertura de chocolate que compré hace mil y ahí seguía ocupando sitio y con la fecha de caducidad la mar de próxima.

Así que al final he hecho una potentísima galleta con mantequilla, canela, naranaja, miel y chocolate ¡que está para ponerle un piso y yo sin poder dar cuenta de ella!

En realidad he renunciado casi por completo a una de mis cenas para poder probar un trozo ¡sólo uno de los que veis en las fotos! y poder contaros la maravillosa textura que tiene y el acierto de combinación de sabores.

El tema de la textura ya me sorprendió cuando la corté para las fotos. Se corta perfectamente con un cuchillo y sin hacer fuerza alguna y sin embargo la textura es la de una galleta ¡es una maravilla! Por mucho que os quiera contar seré incapaz de transmitiros lo maravillosa que es y sólo podréis saberlo si os animáis a prepararla.

Navidad queda mucha, de hecho queda absolutamente toda, y esta receta es una candidata muy buena para llevarla a vuestra mesa cualquier día porque os hará quedar como reyes en cualquier ocasión.

También me parece un regalo muy vistoso. Lo hecho en casa está más de moda que nunca y este tipo de obsequios se agradecen muchísimo. La poneís en una bandejita o una lata bonitas y triunfáis. Y si la cortáis en trozos (que se presta maravillosamente) y la guardáis en unos botes adornados con una cinta ¡os van a querer el resto de vuestra vida! ¡Dejad volar vuestra imaginación y seguro que se os ocurren un montón de ideas bonitas y originales!

¡Ah! y aún no os he dicho que en menos de cinco minutos estará la masa de la galleta lista para hornear ¿alguna vez habéis tenido lista la masa en menos tiempo? ¡porque yo no!

Ya sé que todos los blogs están publicando sus mejores propuestas para estas fechas y que todo se ve realmente delicioso y apetecible y es muy difícil elegir una receta sí y decir que no a un montón de ellas porque no tenemos tiempo ni estómago para tantas maravillas, pero si buscáis una receta rápida y sencilla y que esté buenísima ¡esta es vuetra galleta!

Como siempre, y antes de contaros los ingredientes, os dejo el trocito que guardé para vosotros.


Ingredientes:

* 200 gramos de harina para repostería
* 80 gramos de miel
* 150 gramos de mantequilla
* 1 cucharadita de canela en polvo
* 100 gramos de naranja escarchada
* 70 gramos de chocolate negro
* Un pellizco de bicarbonato sódico

Elaboración:

1. En un bol ponemos la mantequilla a temperatura ambiente o ligeramente ablandada en el microondas para que sea más fácil manejarla, la miel, la harina, el bicarbonato sódico y la canela y vamos mezclando los ingredientes hasta obtener una masa homogénea y ligeramente aceitosa gracias a la mantequilla.

2. Añadimos unos 80 gramos de naranja confitada y amasamos bien para que quede esparcida por toda la masa de galleta.

3. Forramos un molde de tamaño 20x20 con papel de hornear y ponemos dentro la masa. Con ayuda de las manos la vamos extendiendo sin presionar (porque la galleta se endurecería) para extenderla en todo el molde y procurando que quede con el mismo grosor (aproximadamente un centímetro)

4. Pinchamos la superficie de la galleta con un tenedor para que respire al hornearse.

5. Introducimos en el horno precalentado a 190ºC y honrneamos durante 20 minutos. Pasado el tiempo apagamos el horno, sacamos y dejamos enfriar sobre una rejilla.

6. Mientras derretirmos el chocolate y con ayuda de una cuchara vamos echándolo en forma de hilos sobre la galleta y decoramos como más nos guste.

7. Por último ponemos los trocitos de naranja confitada que habíamos reservado y esperamos a que el chocolate se endurezca para devorarla ¡está buenísima! 

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/galleta-de-mantequilla-con-chocolate-y-naranja

Si queremos que el chocolate cuaje más rápido podemos meter la galleta en el frigorífico, aunque os aconsejo dejarla en la cocina y esperar con paciencia porque no sé si el frío puede alterar la textura de la galleta y sería una pena porque es una maravilla.


Mi consejo es que la hagáis con antelación suficiente, a poder ser la noche previa y así evitais esperas inútiles porque al despertar estará lista para ser atacada. Se me ocurre que sería un desayuno ideal la mañana del sorteo que a mí tantísimo me gusta escuchar en la radio aún a sabiendas de que será como otro año más y a mediodía las caras felices que veré en televisión no serán precisamente las de mi familia o amigos ¡ni la mía propia! Si os lleváis esta galleta al trabajo os hacen un monumento seguro y tenéis excusa para pasar una mañana más relajada.

También creo que es una buena opción para el desayuno de la mañana de Navidad y abrir los regalos de Papa Nöel acompañados de esta galleta y un buen chocolate calentito. Es más, si la dejáis lista la víspera seguro que Papa Nöel no resiste la tentación y os deja algún regalito extra por el detalle.

No creáis que hoy nos quedamos sin Crónicas de Lara. La peque sigue igual, tenemos días mejores y días peores, pero ya nos comentó la pediatra la semana pasada que después de pasar por un proceso de mocos en el pecho es normal que la tos nos dure hasta dos semanas y tengamos mocos en las vías superiores (nariz y garganta) El problema de los mocos en la garganta es que a cada poco está vomitando ¡qué suplicio! pero una vez lo echa todo está tan feliz.

Con la comida llevamos una rachita buena, no quiere apenas comer y sólo quiere leche. Además se ha estreñido por si nos faltaba pasar por alguna cosa antes de que acabara el año pero yo me armo de paciencia y aguanto estoicamente con todo lo que haya de venir.

Y es que después de todas las cosas "malas"  vienen un montón de cosas buenas como su cara de pilla, su risa con cualquier monería que le haces y los abrazos y besos que ya te da porque sí y que tienen un valor incalculable.

Me despido ya por esta semana que no trae ningún festivo a la vista (la que viene sí que tiene uno local para mí) y que se está haciendo tan larga. La próxima semana estaremos más navideños que nunca ¡sed felices!

Manos a la masa y ¡bon appétit!