jueves, 20 de abril de 2017

Gelo di cannella

 ¿Qué ta la resaca post vacacional?

No sé si os pasará lo mismo pero a mí las vacaciones siempre se me hacen muy cortas y la vuelta al trabajo se me hace infinitamente larga ¡a veces me planteo que es casi mejor no parar! aunque una no está tonta del todo (a pesar de que a veces lo pueda parecer) y rápidamente deshecha la idea que por muy dura que sea la vuelta a la rutina más duro es trabajar cada día.

Desde que nació Lara muchos días tengo la sensación de descansar en el trabajo más que descansar cuando llego a casa ¡esta niña tiene mucha energía! Cuando la veo me pregunto porqué no puede dormir como, en teoría, duermen el resto de bebés ¡y no me consuela que me digan que cuando tenga quince años dormirá hasta las cuatro de la tarde! yo quiero que ahora se duerma a las diez de la noche y que los fines de semana se eche hora y media de siesta por la tarde ¡creo que tampoco aspiro a tanto!

Con este panorama hago encaje de bolillos para meterme en la cocina y no penséis que es para repostear que en casa también comemos ¡y hasta cenamos! y hay que meterse entre fogones con Lara dando vueltas, abriendo armarios y tirándote de la ropa porque quiere que la tomes en brazos y ver muy bien lo que se cuece porque esta niña está obsesionada con cacerolas y sartenes y se ataca si estás preparando algo y no la dejas cotillear.

La niña promete, no sé si como cocinera , pero a cabezona ¡no le gana nadie! ¡menudo genio se gasta! (y aquí mi marido puntualizaría ¡como su madre! y es que a alguien ha tenido que salirle la chiquilla y le ha tocado a una servidora ¡y bien orgullosa que estoy!)

Ni qué decir tiene que ahora que corre tenemos más peligro pero también supone más desahogo para mí ya que la tengo entretenida a mi alrededor y yo puedo ir haciendo cosas y le puedo dedicar más tiempo a las recetas y a las fotografías.


El postre que os traigo hoy es bastante especial porque lo tenía en pendientes hace tiempo pero no me había puesto con él hasta que Marisa convocó el concurso para celebrar el sexto aniversario de su blog Thermofan del que ya os he hablado en otras entradas y que si no conocéis ¡estáis tardando en visitar!

Cada vez que Marisa organiza un "sarao" allá que procuro estar porque siempre es muy satisfactorio y enriquecedor colaborar con ella así que esta vez no iba a ser menos y he vuelto a acudir a su llamada. Marisa es de esas personas que la vida te pone en el camino y agradeces haber conocido y aunque en la distancia espero que siga en mi vida durante mucho más tiempo.


Aunque tenía varias recetas suyas pendientes de preparar (y algunas que ya he preparado pendientes de publicar) le di un nuevo vistazo a sus recetas y en cuanto llegué a la del Gelo di cannella paré de mirar y supe que iba a ser la elegida.

Los que lleváis un tiempo por mi cocina sabéis de mi amor por la canela así que esta receta tradicional de Sicilia parece que había sido inventada ex profeso para mí.

Es un postre sencillo, ligero, muy fácil de preparar pero con un gran sabor a canela. Si esta especia no es de tu gusto esta no es tu receta. Pero si te gusta ¡añádela a tus pendientes! ¡seguro que la repites!

Prepararla requiere más planificación que otra cosa porque necesita de ciertos tiempos de infusionado de la canela pero no tendréis que dedicarle más que diez minutos hasta verla terminada ¡se hace en un pispás! y el resultado os sorprenderá gratamente.


Os confieso que tenía curiosidad y dudas a partes iguales acerca de esta receta. Si miráis la lista de ingredientes se compone de agua, maicena, azúcar y canela  ¿con tan pocos y tan sencillos ingredientes se puede preparar un postre? ¿en serio? Comprenderéis que aunque la receta viniera de un blog de confianza tuviera cierto recelo sobre el resultado final, más que nada porque no soy muy amiga de las gelatinas (esas de sabores y colores que a la mayoría de los niños gustan tanto y que a mí me resultan insípidas y poco apetecibles)

A toro pasado os aseguro ¡que me ha encantado! Es un postre ligero pero con mucho sabor y me parece perfecto para culminar cualquier comida ya que entra muy bien y no es pesado o empalagoso como otros (y que también me encantan pero en según qué ocasiones).

Otro aspecto a su favor es el poco tiempo que requiere de dedicación para tenerlo listo aunque sí que necesita tiempo de infusionado y de reposo para terminar de cuajar y por supuesto es ideal para tenerlo preparado con antelación porque en el frigorífico aguanta bastantes días (seis nos duró a nosotros) y sigue igual de bueno que recién hecho.

Por ponerle un pero diré, porque ya sabéis que me encanta contarlo todo, que a veces puedes notar cierto regusto que mi marido calificó como picante y que yo creo que es amargo quizá por un exceso de infusionado o porque no lo colara bien y se me quedara alguna brizna de los palos de canela. No con todos los bocados se nota así que probablemente sea fallo mío y no de la receta en sí pero lo comento por si alguien más la ha preparado antes y le ha pasado lo mismo o por si os pasa a vosotros si os animáis con ella.


Lo tradicional es servirla con pistachos picados tal y como yo he hecho aunque Marisa presentó su receta con piñones. Yo creo que podéis acompañarla de los frutos secos que tengáis en casa. Me parece que con almendra tiene que combinar muy bien y también con nueces. A vuestra elección queda ¡que tampoco es que sean imprescindibles porque sola ya está muy rica!

Con las cantidades que os indico me dio para cinco boles como los que véis en las fotos ¡que con lo bonitos que son llevaban más de un año esperando ser estrenados! ¡no tengo perdón! pero prometo utilizarlos más a menudo. 

No se me ocurre qué más contaros para que os animéis con este postre que aunque sencillo ¡es muy rico!

Espero que a Marisa le guste la receta elegida y aunque hay compañeras que han participado con recetas más elaboradas y llamativas yo lo hago por el mero hecho de estar ahí, aunque sea haciendo bulto.


¡Vamos con la receta!

Ingredientes:

* Medio litro de agua
* 10 gramos de canela en rama (en mi caso fueron tres trocitos)
* 50 gramos de harina de maíz (maicena)
* 70 gramos de azúcar
* Pistachos para decorar

Elaboración:

1. En una cacerola ponemos el agua y la canela en rama por la mañana y dejamos todo el día.

2. Al día siguiente ponemos al fuego y cuando hierva retiramos y la dejamos bien tapada al menos hasta la tarde para que infusione bien.

3. Retiramos las ramas de canela y colamos para quitar cualquier trocito que se haya podido desprender.

4. En un bol mezclamos la harina de maiz y el azúcar.

5. Los incorporamos al agua infusionada, disolvemos con ayuda de una varilla manual (no se deben formar grumos porque el agua estará fría) y ponemos de nuevo al fuego sin dejar de remover hasta que espese. Tardaremos menos de cinco minutos.

6. Vertemos en los cuencos o moldes elegidos, dejamos enfriar, tapamos y metemos en la nevera.

7. Antes de servir troceamos unos pistachos y espolvoreamos con trocitos de pistacho.

La presentación puede ser en cuencos o podemos desmoldarlos y servirlos en plato espolvoreados con pistachos, cualquier otro fruto seco o incluso canela en polvo.

Yo he usado los cuencos pero os aseguro que hice la prueba y que desmoldan perfectamente ¡quedan como una gelatina! así que la decisión está en vuestra mano.

Espolvoread con los pistachos (o el fruto seco que más os guste) sólo los que vayáis a consumir justo antes de servir porque se reblandecen y pierden gracia.


Si los preparáis con bastante antelación tened en cuenta que sueltan líquido y que deberéis escurrirlo antes de servir.


Si preparáis esta receta  me encantará saber vuestra opinión y si os animáis aún podéis participar en el concurso ¡pinchad en la imagen que tenéis toda la información!

http://thermofan.blogspot.com.es/2017/03/concurso-6-aniversario-thermofan.html


Si más me despido hasta la semana próxima. Y si esta se está haciendo difícil ¡no os agobiéis! ¡a la vuelta de la esquina está el puente del uno de mayo! 

Manos a la masa y  ¡bon appétit!

jueves, 13 de abril de 2017

Capricho de café, lacasitos y Oreo

¡Eco! ¡eco...!

¿Queda alguien por aquí?

Estamos en plena Semana Santa y al igual que en las ciudades en la blogosfera los que más han hecho las maletas virtuales y se han despedido durante unos días. Yo sigo al pie del cañón en mi oficina y bastante cargada de trabajo con las liquidaciones trimestrales así que también sigo con la cocina abierta para alimentar a todos los que necesitáis recuperar fuerzas tras una jornada maratoniana de procesiones, de playa, de senderismo o de patear ciudades en busca de rincones con encanto.

Y para ello ¿qué mejor que un cachito de este capricho de café, lacasitos y galletas Oreo? Inspirada en la receta de Oreo & Lacasitos Temptation os traigo esta maravilla que no tiene mantequilla ni azúcar. No voy a decir que sea light ni mucho menos que vayáis a adelgazar pero tiene bastantes menos calorías que la receta original y no pierde ni en sabor ni en textura.

¡En casa fue un visto y no visto! Igual influye mucho que llevara un tiempo sin repostear porque esta maravilla se me ocurrió la primavera pasada, con Lara muy chiquitita, y después de tanto tiempo sin nada casero sacarlo del horno y atacarlo fue todo uno ¡y qué bien nos supo!

Así que he pensado que es la receta ideal para estos días ¡que da mucho gusto llegar rendido a casa y tener uno de estos trocitos esperando en la cocina! y si no "semanasanteamos" ni nos vamos de vacaciones a ningún lugar como es mi caso también nos merecemos algo rico para celebrar estos cuatro días sin ir al trabajo que no son ni mucho menos sin trabajar porque con la casa y la niña ya me diréis...

Seguro que alguno está diciendo "esta receta no es para mí porque el café no me gusta" ¡se cambia el sabor del yogur! ¡todos los problemas sean como ese! A mí el café me encanta y cuando vi este yogur en LIDL me lo traje sin pensarlo. Sólo tiene un fallo ¡que cogí uno! y cuando quise comprar más ya no quedaban, pero hay más yogures de café que siempre hay en el supermercado, así que tampoco supone un problema.

Si no lo encuentras también se puede sustituir por yogur y un par de cucharadas de café soluble. Y si los lacasitos o las galletas Oreo no son de tu gusto puedes ponerle los "tropezones" que más te gusten o que tengas por los armarios de la cocina ¡esta receta admite de todo!

Lo que no admite ¡es que no la prepares en casa! Anímate que tienes cuatro días de vacaciones (como mínimo) y esto está listo en cuarenta minutos ¡horneado incluído! y es que la masa se hace en menos de diez minutos ¡y a mano! si sólo se ensucia un bol y unas varillas para hacerla...

Os aseguro que si no fuera tan pecaminosa la haría todas las semanas pero ¡quiero seguir entrando en mis pantalones! ¡y de manera digna! ¡nada de ir embutida!

Así que ya sabéis, si las torrijas y pestiños os salen por las orejas ¡esta receta es la vuestra! ¿Os apetece un trocito?
¡Vamos con los ingredientes!

Ingredientes:

* 450 gramos de yogur de café cremoso (XXL de Milbona)
* 110 gramos de miel (se puede sustituir por azúcar)
* 3 huevos
* Media cucharadita de bicarbonato
* 1 pellizco de sal
* 320 gramos de harina
* 10 galletas Oreo (o de otra marca)
* Una bolsa de Lacasitos (creo que tiene unos 190 gramos)

Elaboración:

1. En un bol amplio ponemos el yogur, la miel y los huevos y batimos hasta obtener una mezcla homogénea.

2. A continuación incorporamos el bicarbonato, la sal y la harina y mezclamos hasta integrar.

3. Troceamos las galletas y las incorporamos a la masa junto con los Lacasitos. Con ayuda de una espátula esparcimos bien por la masa.

4. Untamos con mantequilla el molde que vayamos a utilizar o cubrimos el fondo con un papel de hornear. El mío es bastante amplio, de unos 30x30 centímetros

5. Vertemos la mezcla e introducimos en el horno precalentado a 180º C

6. Horneamos durante 25 minutos o hasta que al pinchar con una brocheta de madera salga limpia.

7. Sacamos, desmoldamos pasados diez o quince minutos y dejamos enfriar sobre una rejilla por completo.

8. Antes de servir cortamos en porciones. Yo lo divido en 16 porciones ¡bien hermosas! pero perfectamente da para 25 o 36 más pequeñas ¡es que en casa no tenemos mesura!

Si teméis por vuestra dieta os aconsejo prepararlo para compartir. Si no tenéis eventos a la vista ¡es una receta muy peligrosa!  Porque está realmente rico y cae un trozo tras otro sin darte cuenta y casi sin remordimientos de conciencia.

Los trozos que sobren, si es que sobran, los guardáis en un tupper o una lata muy bien cerrados y se conservan perfectamente.


Si empieza a hacer calorcito casi mejor que los guardéis en el frigorífico y así evitamos sorpresas desagradables ¿verdad?

No me enrollo más por hoy. Disfrutad mucho de estos días y hagáis lo que hagáis sed felices ¡nos leemos la semana próxima!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 6 de abril de 2017

Crumble de fresas y moras con avena y almendras

Llega el buen tiempo (al menos los días de más horas de luz) y parece que cuidarse sea de obligado cumplimiento. 

No sé qué pasa que de repente veo al mundo enfundado en mallas (perdón, leggins que son más sofisticados) y contándote las bondades de tal o cual super alimento que parece que si no tomas vas a morir de un momento a otro por falta de no se cuántos nutrientes aunque lleves taitantas primaveras a tus espaldas sin haberlo tomado ni una sóla vez. 

Y nos ponemos a utilizar los términos healthy y fit que lo hacen todo más saludable (al menos en apariencia) y algunos hasta caen en el engaño de creer que por ir en mallas y zapatillas y tomar cosas fit por arte de birlibirloque nos vamos a enfundar en el traje de baño (bañador o biquini según el gusto de cada cual) no del verano pasado ¡sino de hace diez veranos! 

Si fuéramos capaces de entender que el hecho de ponernos el jersey no abre la veda de comer todo lo que nos apetezca ya que la lorza está a buen recaudo bajo la capa de lana sino que llevar una dieta sana y equilibrada además de ayudarnos a mantener nuestro peso va a conseguir que nos sintamos mejor cada día no tendríamos que hablar de operaciones biquini o de operaciones post navideñas.

Bien es cierto que es más sencillo de decir que de hacer y que a mí me costó muchísimos años ser capaz de cambiar el chip así que sé perfectamente lo que cuesta y no andaré poniéndome medallas de más que todos sabéis que después del parto se me quedaron cuatro kilos que me ha costado casi dos meses y medio quitarme de encima aunque confesaré que ponerme a dieta estricta (sin postre) no lo he conseguido ¡es imposible si pretendes alimentar un blog de nuevas recetas! así que puedo estar más que contenta.
Sea por la razón que sea que el mundo quiera cuidarse yo vengo a aportar mi granito de arena con este delicioso crumble que es muy diferente a los que hasta ahora he compartido con vosotros (y que podéis ver pinchando aqui, aquí, aquí, aquí y aquí) pero mucho más sano y que a mí me tiene loca desde que lo probé.

La receta es de la cocinera Lorraine Pascale y surgió el amor a primera vista en cuanto la vi en su página ¡tenía que hacerla sí o sí! No sé qué tiene esta mujer que todas las recetas suyas que preparo me encantan ¡no hay ni una hasta el momento que no me haya gustado!

Esta vez tuve la suerte de contar con unas fresas estupendas ¡nada que ver con las que usé en los muffins de la semana pasada!  y que ya os enseñé por Instagram hace unos días ¡no podía guardarme más esta maravilla de receta! ¡os tiene que dar tiempo a prepararla con fresas de las buenas! aunque en realidad Lorraine la prepara con una mezcla de frutos rojos (berries) así que la hagáis con la fruta que la hagáis os va a salir un crumble estupendo.

¡Mirad qué color! 

Es un crumble increíble que me enamoró a primera vista y me conquistó al primer bocado. Es muy saciante y además te hace sentir bien porque estás disfrutando con un postre relativamente sano en comparación con cualquier otro postre.

Me parece perfecto para postre, desayuno o incluso una cena ligera. ¡Nos duró un suspiro! y lo mejor es que el crumble no lleva azúcar ¡pero no la váis a echar en falta! ¡y tampoco la fruta! aunque yo le añadí un poquito de miel, no por falta de madurez de la fruta, sino porque últimamente la pongo en todas las preparaciones que puedo porque me viene genial para cuidarme la garganta.

También añadí unas moras que tenía en el congelador desde finales del pasado verano pero podéis poner lo que tengáis en casa o lo que más os apetezca.

Me ha sorprendido mucho que Lorraine utilice dátiles como sustitutos del azúcar (no sólo en esta sino en más recetas algunas de las cuales tengo recién horneadas y listas para ser mostradas al mundo) ¡van genial! y por supuesto la receta es más sana teniendo en cuenta los beneficios que los dátiles aportan a nuestra dieta.


Este crumble es delicioso si lo tomáis tibio, pero frío no tiene nada que envidiarle ¡os lo aseguro!

Después de reposar en el frigorífico el jugo que suelta la fruta durante el horneado está un poquito más denso, tipo sirope ¡una delicia!

Y por supuesto podéis acompañarlo de lo que os apetezca. Yo lo he tomado solo y también acompañado de yogur natural ¡una maravilla en ambos casos! pero os garantizo que sólo está brutal ¡no váis a echar de menos ningún acompañamiento!

Está tan rico y sienta tan bien que no sé qué deciros para que os hagáis una idea de lo fantástica de esta receta y de que tenéis que prepararla sí o sí. Y del olor... ¡del olor no os digo nada! El aroma que desprende el horno a canela, fresas, jengibre... ¡eso tenéis que descubrirlo por vosotros mismos! ¡Es indescriptible!

Entiendo que estamos a las puertas de Semana Santa y que son otro tipo de dulces los que llenan la blogosfera pero he sido incapaz de resistir la tentación de compartir con vosotros esta receta ya. Miradlo por otro lado, es la receta ideal para empezar a expiar los excesos de los dulces tradicionales de estas fechas ¿a que es buena idea?

Pues si no tenéis los armarios de la cocina tan nutridos como los míos (que es lo habitual en las casas de gente normal) id apuntando los ingredientes para la próxima compra que no os vais a arrepentir de preparar este crumble ¡si está para ponerle un piso, oiga!

Con esta receta participo en el II Concurso de Fresas de Europa 

Ingredientes:

Para el crumble

* 195 gramos de copos de avena
* 80 gramos de almendra troceada. Yo usé un resto de crocanti de almendra que tenía en casa.
* 10 dátiles sin hueso
* 100 gramos de mantequilla
* Una cucharadita generosa de canela en polvo
* Una cucharadita de jengibre molido

Para el relleno

* 700 gramos de fresas o fresones de Huelva maduros
* 170 gramos de moras (yo las tenía congeladas del verano pasado)
* 5 dátiles sin hueso
* 1 cucharadita generosa de canela en polvo
* Media cucharadita de nuez moscada
* Dos cucharadas soperas de miel (de la que más te guste y de la mejor calidad posible)

Elaboración:

1. Lavamos y cortamos en trocitos las fresas. Las ponemos en un bol amplio junto con las moras, la canela, la nuez moscada, la miel y los dátiles cortados en trocitos muy chiquititos. Dejamos reposar.

2. En otro bol ponemos los ingredientes del crumble. La mantequilla la ponemos cortada en trocitos y a temperatura ambiente. Los dátiles los ponemos troceados en cuadraditos pequeños.

3. Para hacer el crumble podemos meter directamente las manos e ir amasando o bien hacerlo con ayuda de dos cuchillos o una cuchara y un cuchillo (lo que os sea más cómodo) con los que iremos mezclando los ingredientes hasta que tengan la consistencia de migas.

4. Elegimos una bonita bandeja apta para horno y vertemos nuestra mezcla de fruta. Esparcimos y nivelamos bien.

5. A continuación vertemos la mezcla del crumble de manera que cubra muy bien la fruta.

6. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante 30 minutos aproximadamente hasta que la superficie esté dorada y la casa huela maravillosamente bien a canela y frutos rojos.

7. Esperamos a que se temple para servir.


Como sale una buena cantidad (la fuente que véis en la imagen mide 32 centímetros aproximadamente en su interior) para conservarlo lo tapáis con film transparente una vez esté completamente frío y al frigorífico con él.

Si después lo queréis tomar templado bastará con ponerlo unos segundos en el microondas ¡ya veréis que bien huele! 


Gracias a todos por preguntar por Lara. La vacuna se la pusimos ¡al fin! el jueves por la tarde y le fue genial. El viernes le costaba un poco caminar (¡qué cuqui estaba en plan cojita!) y ha sido la primera vez que no ha tenido ni unas décimas de fiebre siquiera tras vacunarse. Toquemos madera y que siga así.

Con los cambios de temperatura se ha resfriado un poco, pero nada grave y sólo tiene un poco de tos que la despierta por la noche (así estamos más entretenidos) y algunos mocos ¡a estas alturas no nos vamos a asustar de eso! 

El cambio de hora... uf! eso nos está costando más ¡qué nocturna nos ha salido esta niña! y sólo espero que retome un horario más acorde a un bebé o mamá va a terminar con ojeras por cara.

Os deseo a todos un feliz y dulce fin de semana y a los que tenéis vacaciones la próxima semana espero que las disfrutéis muchísimo ¡yo sigo al pie del cañón hasta el miércoles! ¡Así que intentaré seguir visitando vuestras cocinas si las liquidaciones trimestrales de impuestos me lo permiten!

Manos a la masa y ¡bon appétit! 

jueves, 30 de marzo de 2017

Muffins de cava y fresas con chocolate blanco

Menuda semana. No sé qué opinaréis vosotros pero para mí es la semana más fea del año.

Odio con todas mis fuerzas este cambio de hora ¡¿a quién se le ha ocurrido?! una hora puede parecer poco, pero si se tienen niños en casa ¡es toda una odisea! Lara nunca ha sido muy buena para dormir. Se duerme tarde y se despierta temprano, pero con este cambio... ¡la tienes corriendo por casa hasta la medianoche! y yo deseando meterme en la cama... mejor ni me planteo hasta cuándo va a durar esto.

Además esta tarde, salvo que ocurra otro contratiempo, vamos a ponerle la vacuna que en teoría le íbamos a poner el viernes pasado. Nos llamaron el viernes por la mañana del centro de salud para cambiarnos la cita y yo cruzo los dedos para ponérsela y acabar de una vez por todas con esto ¡qué suplicio!


Como comprenderéis no estoy del mejor humor ni con el mejor de los ánimos estos días pero como al mal tiempo (y de eso tenemos mucho) hay que ponerle buena cara os traigo hoy unos muffins que están para chuparse los dedos.

Es bien cierto que yo he preparado muffins que han quedado más fotogénicos pero os aseguro que estos son mil veces más ricos que bonitos.

El origen de esta receta, que es mía para bien o para mal, fueron unas fresas que tenían un aspecto sublime pero al llegar a casa y empezar a cortarlas resultó que estaban casi blancas por dentro y el sabor tampoco acompañaba al color. ¡Menuda decepción!

Así no me apetecía comerlas y como tenía aún en el frigorífico una botella con un poquito de cava me decidí a preparar, como no podía ser de otro modo en mí, unos muffins para dar salida a ambos.

Rebuscando en el armario me topé además con una caja de gotas de chocolate blanco (sólo un kilo y aún por empezar) y comprendí al instante que tenía que incluirlos sí o sí porque iban a combinar perfectamente.

Fue un acierto total porque el chocolate blanco combina muy bien con estas fresas que tenían un punto más ácido que dulce y el toque sutil que el cava le da a la masa remata un bocado especial y que no os dejará indiferentes.

Para potenciar el sabor de las fresas que como ya os he adelantado era un poco pobre, las corté y les añadí una cucharadita de vinagre balsámico de frambuesa que tenía en casa hace un tiempo y aún no había utilizado en nada ¡que se note que le estamos dando salida a todo lo acumulado! (aunque yo creo que para cumplir con mi propósito voy a necesitar al menos un par de años ¿eh?)

Si no tenéis este vinagre podéis macerarlas con vinagre balsámico normal o incluso vinagre de vino o de manzana que yo he usado muchas veces porque potencia el sabor de la fruta. Y si os lo preguntáis os aseguro que una cucharadita de vinagre en un bol de fruta no se nota al comerlo pero sí que notaréis que la fruta tiene más sabor.

Con el color de la fruta no he podído hacer nada y es una pena porque los muffins hubieran quedado más bonitos aún con los trocitos de color rosa en lugar de blancuzcos pero milagros aún no sé hacer. Estaréis conmigo en que da mucha rabia comprar fruta con buen aspecto y cuyo sabor sea nulo más aún cuando estamos en temporada y esperas que lo que compras sea de calidad ¡menos mal que siempre tenemos algún recurso reposteril en la manga para sacarle buen partido!

El interior es jugoso, esponjoso y muy tierno, y cuando das con un trocito de chocolate y un trocito de fresa...¡oh maravilla! Además yo he usado unas gotas ¡que son gigantes! Son del tamaño de una moneda de veinte céntimos y aunque cuando las vi no me gustaron, porque prefería las gotitas chiquititas a las que estoy acostumbrada, tras probarlas en esta receta puedo asegurar que son brutales porque ocupan más espacio y están en un bocado sí y en otro también ¡los muy chocolateros me vais a entender perfectamente! 

Con esta receta que considero es muy representativa de mi estilo y de mi propósito de aprovecharlo todo y dar salida a las cosas almacenadas en casa participio en el concurso del 5º aniversario del blog Cocinando con las Chachas que están que lo tiran por la ventana aunque el nivel es tan alto que es complicado optar a un premio pero es divertido participar ¡y no se pierde nada por intentarlo!

http://www.cocinandoconlaschachas.com/2017/03/concurso-5-anos-de-cocinando-con-las.html
Espero que os animéis con esta receta y si tenéis fresas de las buenas, de esas que saben y huelen a fresa desde lejos ¡os van a quedar sublimes! igual de aspecto no son los muffins más bonitos del mundo pero de sabor... ¡son increíbles! ¡No os los perdáis!


Ingredientes:

* 80 gramos de miel
* 20 gramos de azúcar moreno
* 2 huevos
* 125 gramos de yogur natural 
* 130 ml de cava
* 70 ml de aceite de girasol 
* 5 gramos de bicarbonato sódico
* 300 gramos de harina de repostería
* 200 gramos de fresas
* 1 cuchararita de vinagre balsámico de frambuesa
* 100 gramos de perlas de chocolate blanco 
* Azucar perlado para decorar la superficie.


Elaboración: 

1. Lavamos, secamos y partimos las fresas en trocitos. Las ponemos en un bol y añadimos una cucharada de vinagre balsámico de frambuesa. Si no tenéis podéis usar una cucharada de vinagre de módena o de vinagre normal. Os aseguro que después la masa no sabrá a vinagre, pero potencia muchísimo el sabor de la fruta. Mezclamos bien y dejamos macerar las fresas. 

2. En un bol amplio ponemos los ingredientes líquidos (la miel, los huevos, el yogur, el cava y el aceite de girasol) junto con el azúcar y mezclamos hasta integrar.

3. Añadimos el bicarbonato y la harina y mezclamos lo justo para que la mezcla sea homogénea.

4. Espolvoreamos las fresas con una cucharadita de harina y las mezclamos bien para que queden impregnadas. De este modo no se irán al fondo de los muffins al hornear.

5. Vertemos las fresas y el chocolate blanco en la masa de los muffins y con ayuda de una espátula vamos mezclando para que queden bien repartidos por la masa.

6. En nuestra bandeja para muffins colocamos las cápsulas de papel y con ayuda de una cuchara para helados vertemos la masa en cada cápsula sin que llegue al borde.

7. Espolvoreamos con azúcar perlado.

8. Introducimos en el horno precalentado a 200 º C y horneamos durante 20 minutos o hasta que al pinchar con un palillo de madera este salga limpio.

9. Dejamos reposar en el horno unos 5-10 minutos con la puerta entreabierta, sacamos, quitamos de la bandeja y dejamos enfriar sobre una rejilla.

Con estas cantidades obtenemos 18 deliciosos muffins.

Es imprescindible guardarlos en un tupper o lata en el frigorífico porque tienen fruta natural y se ponen malos rápidamente fuera, especialmente si disfrutamos de cambios bruscos de temperatura como estamos teniendo a lo largo de este mes.

Por supuesto también podemos congelarlos e irlos sacando según nuestras necesidades pero os recomiendo encarecidamente que los envolváis bien en film transparente y los metáis en una bolsa para protegerlos del frío y evitar que puedan coger olores en el congelador. Y sobre todo ¡no olvidéis que están ahí! que con el paso de las semanas su sabor y textura no es igual y da mucha rabia encontrarse meses después una bolsa de muffins que al descongelarlos han perdido el sabor o bien saben raro ¿verdad que a todos os ha pasado? si no con unos muffins con cualquier otro alimento que los congeladores grandes son un arma de doble filo...

Si no tenéis cava podéis sustituirlo por leche o por zumo de naranja. Y si no os gusta la miel la podéis cambiar por azúcar, aunque deberéis incrementar un poquito la cantidad para que os queden igual de dulces, aunque eso va en cuestión de gustos y ya sabéis que yo no preparo nada demasiado dulce o empalagoso.

Sin más me despido de vosotros y sin casi darme cuenta del mes de marzo también y nos leemos de nuevo el próximo jueves ¡estrenando el mes de abril! Como siempre gracias a todos los que venís cada semana al olor de una nueva receta dejéis o no comentarios y a todos los que además estáis a la zaga de nuevas noticias sobre la peque ¡sois unos cielos!

Manos a la masa y ¡bon appétit!


jueves, 23 de marzo de 2017

Pastel turco de yogur con cobertura de jalea de arándanos rojos

A estas alturas a nadie se le escapa, por muy desconectado que esté del mundanal ruido, que la primavera ha llegado aunque parece que ha sido tímida y más que llegar se ha asomado, ha saludado y ha vuelto a salir corriendo porque el frío y la lluvia han vuelto rápidamente. Esto también es primavera al fin y al cabo ¿no?

Y aunque el tiempo no acompaña mucho los blogs están saludando a la primavera con sus mejores galas o lo que es lo mismo con muchísimas recetas hechas con fresas ¡qué colorido más bonito estoy disfrutando esta semana! Y es que yo soy una apasionada del color rojo y adoro las fresas así que estos días lo estoy pasando mejor si cabe que el resto del año visitando vuestros blogs.

Confesaré que tengo en pendientes un par de recetas recién horneadas ¡que son brutales! y aunque estoy deseando compartirlas con vosotros esta semana me desmarco y no sigo la tónica general de las recetas con fresas para dar la bienvenida a la primavera y traigo esta receta que es del chef Gordon Ramsay y a la que he dado mi toque personal.

Tengo tres poderosas razones para publicar esta tarta hoy.


La primera de ellas es porque quiero dedicársela a mi amiga Alma. Hace ya unos cuantos años, antes de tener el blog, hice esta tarta y la publiqué en mi perfil de Twitter. Ella se enamoró de la tarta y me pidió la receta para que se la hiciera su chico. Hace unas semanas volvió a pedirme la receta porque le apetecía repetir pero ya no la tenía y cai en la cuenta de que en casa nos había encantado y aunque la máxima de toda repostera que debe nutrir un blog es no repetir postre decidí que quería prepararla de nuevo para compartirla con todos vosotros y para que mi amiga la tenga siempre que quiera a mano y se la haga su chico todas las veces que se les antoje.

La segunda es porque hace unas semanas gané el libro Comidas fáciles en 30 minutos de Gordon Ramsay y aunque esta receta es bastante anterior me apetecía compartir con vosotros una de las recetas de este gran cocinero al que tanto admiro y del que tanto tengo que aprender ¡me quedo embobada viéndolo cocinar en cualquiera de los programas que hace!


Y la tercera y última es porque para esta elaboración me venía que ni pintado un bote de jalea de arándanos rojos que tenía en casa desde la primavera pasada (de hecho confesaré que hay más de uno) para darle mi toque personal a este delicioso pastel y para seguir cumpliendo mi propósito de dar salida a todos los productos que tengo atesorados en casa. Sin olvidar que tenía en la nevera un bote de un kilo de yogur de vainilla a puntito de caducar gracias a mi esposo que la mayoría de las veces se salta a la torera la lista de la compra que le doy.

Parece que los astros se alinearon para repetir este pastel que hace unos años estuvo muy de moda en la blogosfera y lo publicó casi cada hijo de vecino y que bajo mi humilde opinión merece ser rescatado de ese baúl de los olvidos y que volvamos a disfrutarlo.


El aspecto y la textura es muy similar a una tarta de queso, pero como os he adelantado se prepara con yogur, huevos y azúcar ¡todo productos de andar por casa! y no sabéis lo sumamente rica que está.

El chef Ramsay no le pone cobertura sino que la cala con un almíbar de limón. Yo para darle mi toque (y no sólo para dar salida al dichoso botecito) he pensado que una cobertura de arándanos rojos le iría bien y os aseguro que he acertado.

La jalea tiene una textura intermedia entre la gelatina y la mermelada. Al natural me pareció que era muy líquida así que la noche previa la metí en el frigorífico y a la mañana siguiente estaba mucho más compactada ¡ya la veis en las fotografías!


El sabor no es tan marcado como el de la mermelada ni tan insípido como el de las gelatinas de sabores porque a mí me parecen bastante sositas y nunca las tomo. La verdad es que me ha gustado aunque sin llegar a apasionarme. Ya estoy cabilando en qué usar el medio bote que me ha quedado (y los que quedan en el armario de la cocina ja ja ja)

Ha sido muy acertado utilizarla para esta tarta porque la jalea suelta líquido (no en exceso) y cala el pastel aportándole un plus de jugosidad. Suple muy bien la función del almíbar de la receta original sin resultar empalagoso y aportándole además un bonito color que hace más atractivo si cabe esta elaboración.

Con el paso de los días la jalea llega a teñir de rosado la capa más superficial de la tarta. Si os dura varios días lo iréis apreciando al partir raciones y comerlas. No queda feo, pero es algo a tener en cuenta si queréis prepararla con antelación pero no queréis que se tiña.

No sólo el aspecto es similar al de una tarta de queso sino que además está más rica de un día para otro ¡al menos a mí me lo parece!


También os la quiero enseñar sin cobertura para que veáis qué superficie tan perfecta le queda ¡no tengáis miedo por mucho que crezca en el horno que no se agrieta! pero luego los bordes se arrugan perfectamente dándole ese aspecto que tanto me gusta.






Os aconsejo que la preparéis al menos la víspera y que pueda reposar toda la noche en el frigorífico con la cobertura para que le aporte jugosidad. A mí me ha gustado mucho fría, entra muy bien (demasiado) resulta ligera y te apetece repetir porque ni empalaga ni llena en exceso.

¡Es una gran receta a tener en cuenta como colofón a alguna comida familiar o de amigos! Porque además no tiene dificultad alguna, se mezclan los ingredientes, se ponen en el molde, se mete al horno ¡y a otra cosa! 


Espero haberos convencido para darle una oportunidad a este delicioso pastel. En todo caso puede que este trozo al que os invito os acabe de convencer ¿os apetece?




¡Vamos con los ingredientes! 

Ingredientes:

* 600 gramos de yogur cremoso de vainilla
* 6 huevos
* 150 gramos de azúcar
* 75 gramos de harina
* Media cucharadita de levadura
* Esencia de limón. Yo le puse medio botecito de los que venden en LIDL, pero la receta original lleva el zumo de medio limón.
* Jalea de arándanos rojos para la cobertura.

Elaboración:

1. En un bol ponemos el azúcar y los huevos y batimos con un batidor manual hasta obtener una mezcla cremosa y blanquecina.

2. Incorporamos la harina y la levadura junto con la esencia (o el zumo) de limón y mezclamos hasta integrar.

3. Por último añadimos el yogur y mezclamos hasta que la mezcla sea homogénea. No hace falta batir, sólo lo justo para mezclar y que entre la mínima cantidad de aire en la masa.

4. Vertemos en un molde, a ser posible que no sea desmoldable ya que la masa es muy líquida y se podría salir, e introducimos en el horno precalentado a 160º C

5. Horneamos durante 60 minutos. 

6. Cuando veamos que está cuajado y que el interior está hecho (lo comprobamos pinchando con una brocheta de madera si esta sale limpia) apagamos el horno y dejamos reposar unos cinco minutos con la puerta entreabierta.

7. Pasado ese tiempo sacamos (o abrimos completamente la puerta del horno) y dejamos enfriar.

8. Cuando esté frío pasamos al plato en el que vayamos a presentar y cubrimos con la jalea de arándanos rojos, metemos en la nevera bien tapado y dejamos reposar al menos toda la noche.

Este pastel crece muchísimo en el horno, así que mi consejo es que uséis un molde con sufiente capacidad para que no se desborde y al bajarse quede desparramado y feo.


En cuanto se apaga el horno el pastel baja rápidamente y los bordes se arrugan dándole ese aspecto de pastel de queso. A mí me encanta el aspecto que tiene.

Yo uso un molde amplio de silicona que me encanta porque es muy fácil de desmoldar y porque me evito preocupaciones con las fugas. No queda muy alto, pero mejor así que da para más raciones sin excederse, no me gustan las tartas excesivamente altas ¡nunca sé cómo servir una ración!

La jalea de arándanos rojos la podéis cambiar por una mermelada a vuestro gusto. Yo aconsejo ponerla como cobertura la víspera porque suelta un poquito de líquido que empapa el pastel y queda absolutamente jugoso, sin llegar a estar excesivamente húmedo.

El yogur no tiene por qué ser de vainilla. De hecho Gordon utiliza yogur griego natural, así que usad el que más os guste pero que sea cremoso.

Es fundamental que repose varias horas en el frigorífico para que se asiente y adquiera la textura tan maravillosa que  tiene este pastel.

Espero que os animéis y si lo hacéis que me contéis qué os ha parecido.

Antes de despedirme aprovecho para daros las gracias a todos los que preguntáis por Lara. El viernes pasado cumplió ya trece meses y cada día está más despierta y más trasto. Ha estado un poco resfriada pero con estos cambios de tiempo es lo normal. También está un poco inquieta por los dientes. Le están rompiendo dos más y nos está costando muchísimo. Hasta el momento son los peores con diferencia.

Y como guinda del pastel mañana le ponemos la última dosis de la vacuna de la meningitis así que cualquier cosa es posible el próximo fin de semana, pero al menos nos pilla en casa a todos y la podemos cuidar y mimar nosotros y también aguantarla que para eso somos sus padres ¿no?

¡Ya os contaré la próxima semana! Espero que disfrutéis mucho del finde si el tiempo os lo permite y si no ¡a encender el horno!

Manos a la masa y ¡bon appétit!