jueves, 23 de febrero de 2017

Bizcocho de frambuesas y chocolate negro

Para terminar el mes de febrero he elegido una receta sencilla que huele a primavera.

Aunque sigue haciendo frío y el tiempo es desapacible en muchos rincones del país la primavera está a la vuelta de la esquina y las tardes son más largas. Cuando queramos darnos cuenta estaremos cambiando el abrigo por una chaqueta ligera y dejaremos las botas en el armario, pero mientras disfrutamos de estos días al calor del horno y llevamos un poquito de color a nuestras mesas.

Esta receta la tenía guardada desde la primavera pasada. Un día mi marido fue a hacer la compra y se trajo una bandejita de frambuesas que según él estaban en oferta (creo que me dijo que a un euro) Yo no sé qué estaba en oferta, pero al repasar el ticket de la compra le había clavado tres euros y pico por las frambuesas ¡cabreo monumental! es que no se pueden comprar cosas fuera de temporada y mucho menos hacer la compra a ciegas como hace él.

Los días pasaban y las frambuesas seguían en el frigorífico. Con miedo a que se pusieran malas (sólo faltaba dejar que se pudrieran cuando las había comprado casi a precio de oro) una tarde que Lara decidió dormir la siesta me metí rauda y veloz en la cocina y preparé un bizcocho. 


Había cogido ideas de varias recetas y aunque fuera la primera vez que he reposteado con frambuesas al fin y al cabo es un bizcocho y muy mal se tenía que dar la cosa para que la receta fuera un fracaso absoluto. De paso di salida a unas escamas de chocolate que tenía abiertas desde hacía un tiempo, que ya sabéis que mi propósito este año es el de dar salida a los ingredientes que llevan estancados tiempo en casa, así que esta receta además de estar muy buena viene que ni pintada para mi propósito.

La confirmación de que la cosa iba bien llegó incluso antes de probar el bizcocho, ya que al terminar de hornearlo vino mi madre y me dijo "ya sabía yo que estabas haciendo algo rico, porque ha sido entrar en el portal y ya lo he olido" 

Hacer las fotos y tomarnos un trocito con un descafeinado fue todo uno, más aquellos días en los que cuando Lara despertaba ya no había tiempo ni para ir al baño ¡lo que ha cambiado la situación en tan sólo unos meses! No es que ahora no requiera atención, que demanda incluso más, pero la cosa se maneja de otra manera.

La combinación de las frambuesas con las escamas de chocolate es brutal y la miga del bizcocho es jugosa y tierna ¡ideal para desayunos y meriendas! Es la primera vez que utilizaba las frambuesas en repostería y el resultado me ha gustado.

El problema es que aquí sólo las puedo encontrar en LIDL ¡y no siempre! y la mayor parte de las veces a precio de oro, aunque he visto que tienen bolsas congeladas que salen mucho más asequibles y dada la buena experiencia creo que voy a probar porque me han gustado bastante.


Pero si os gusta la receta y no conseguís frambuesas estoy segura de que con fresas o cerezas estará igualmente bueno ¡yo al menos quiero probar! aunque mi lista de pendientes es tan larga que no sé cuándo le llegará el momento.

Sin más os dejo con los ingredientes y el paso a paso que es muy sencillo.

Ingredientes:

* 300 gramos de harina de repostería
* 1 sobre de levadura química
* 125 gramos de mantequilla (puede ser light)
* 2 huevos
* 1 cucharadita de vainilla
* 125 gramos de yogur griego
* 50 gramos de leche
* 130 gramos de azúcar moreno
* 60 gramos azúcar blanco
* 200 gramos de frambuesas frescas (pero también nos pueden valer las congeladas)
* 100 gramos de chocolate negro en escamas

Elaboración:

1. Derretimos la mantequilla en el microondas o al baño María y ponemos en un bol junto con el azúcar. Batimos hasta que la mezcla espume.

2. A continuación añadimos los huevos de uno e uno e integramos antes de añadir el siguiente.

3. Ponemos la vainilla y el yogur y volvemos a mezclar.

4. Por último añadimos la harina junto con la levadura y a medida que integramos vamos añadiendo la leche para que sea más sencillo de incorporar.

5. En un bol aparte ponemos las frambuesas y les añadimos una cucharadita de harina. Movemos con cuidado para que se impregnen bien en la harina.

6. Las vertemos en la masa junto con el chocolate en escamas y con ayuda de una espátula de silicona y con mucho cuidado para que no se rompan procuramos que queden bien esparcidas en nuestra mezcla.

7. Untamos con mantequilla nuestro molde o lo forramos con un papel de hornear y vertemos la masa dentro.

8. Llevamos al horno, precalentado a 180º C y horneamos durante aproximadamente una hora (antes de apagar comprobaremos que está hecho pinchando con una brocheta de madera en el centro. Si sale limpia es que está listo)

9. Dejamos templar unos minutos con la puerta del horno entreabierta y a continuación desmoldamos y dejamos enfriar por completo sobre una rejilla.





 
Por supuestísimo la mejor manera de conservarlo es envolverlo en film transparente y guardarlo en el frigorífico. Así conseguimos que se mantenga jugoso hasta el último día y que no se ponga malo al llevar fruta natural ¡que más de uno ya me habéis comentado que por no hacer caso a mi consejo habéis tirado algún bizcocho o muffins! 

No puedo dejar de agradecer todos los comentarios y muestras de cariño que Lara ha recibido de parte de todos vosotros la semana pasada como motivo de su primer cumpleaños. Me encantó leer que Lara es la niña más famosa de la blogosfera, igual hay niños más conocidos, pero no sé si gozarán del cariño tan verdadero del que disfruta mi hija de todos vosotros que sois sus tías y tíos virtuales (y hasta algún abuelo y abuela le han salido también)

El día fue bastante intenso con la fiesta de carnaval y cumpleaños en la guardería y la posterior revisión médica del año y las vacunas pertinentes. La noche fue complicada, se puso un poco malita y vomitó por primera vez (sí, sé que tengo mucha suerte porque mi hija jamás había vomitado y a lo sumo creo que no habrá echado cinco bocanadas en toda su vida) pero al día siguiente estuvo perfectamente para compartir un trozo de tarta y un café con los abuelos y sus tíos. Fue una celebración íntima con aquellos que tanto nos han ayudado en su primer año de vida y se han preocupado por ella cada día. Creo que es lo justo.

No me enrollo más. Os doy las gracias por estar siempre ahí y traspasar la pantalla con vuestro cariño y mensajes ¡sois increíbles!
¡
Espero que os animéis con el bizcocho y si lo hacéis ¡me contáis! Os deseo muy feliz fin de semana y nos leemos en unos días

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 16 de febrero de 2017

Chocolate polka dots cheesecake (Tarta de queso con lunares de chocolate)

Lo sé. El nombre se las trae, pero me parece la mar de gracioso en inglés, por eso he querido dejarlo así. A poco que domines el idioma de Shakeaspeare no es difícil traducirlo y si no aquí va la primera foto y salimos de dudas rápidamente.
 
La receta de hoy es una receta de fiesta. De mi cocina se escapa el aroma de la celebración porque la princesa de la casa cumple mañana ¡un año! 

No me digáis que se os ha pasado rápido porque ni haceros una idea podéis de lo rápido que se me ha ido a mí. Me paro a pensar que al principio los días (y sobre todo las noches) eran muy largos y que parecía que el tiempo no avanzaba o peor aún que estaba metida en un bucle de llantos, gases, pañales, caquitas... del que no iba a salir nunca y me encuento escribiendo esta entrada a veinticuatro horas de festejar su primer cumpleaños.

Hay cosas en las que hemos avanzado muy poco, como es el dormir (incluso diría que vamos para atrás porque ahora se despierta de madrugada y si quiero dormir un poco más tengo que meterla con nosotros en la cama o se niega a dormir en su cuna y yo ya no estoy para dormir tres horas cada noche y no sé cómo vamos a salir de esta) y otras en las que va a la velocidad del rayo ¡y nunca mejor dicho! porque con once meses dio sus primeros pasos sola, sin agarrarse a nada y a estas alturas ¡corre! Igual me arrepiento de decirlo pero parece ser que  nos hemos ahorrado la fase "revienta riñones" porque ha sido muy lista para caminar solita.

Hemos vivido tantas cosas que a veces se han hecho tan eternas pero sin embargo se han pasado estos doce meses tan rápido que parece una contradicción en sí mismo lo que os estoy contando pero seguro que todos los que tengáis hijos me vais a entender perfectamente.

No cabe duda de que tan magno acontecimiento ha de ser celebrado en todas las formas y en todos los lugares posibles y no iba a dejar de festejarlo con vosotros que sois mi familia virtual y que siempre os estáis preocupando por Lara y por mí y siempre os digo que no hay manera de pagar tantísimo cariño.

He elegido, como no podía ser de otro modo, una tarta de queso con lunares de chocolate (negro). La idea me la dio una de estas páginas de recetas flash que sigo por Facebook, investigué un poco por internet, y al final opté por hacer mi propia receta, que después de llevar años preparando tartas de queso no podía salir nada especialmente malo de este invento ¿no?


Confieso que hasta que no la desmoldé, hice las fotos e hinqué diente tuve mis dudas. No sé si os pasa a vosotros pero cada vez que quiero hacer alguna receta propia le doy mil vueltas, miro y remiro recetas similares que ya he hecho o que no he probado pero que son de "confianza" y escribo y reescribo los ingredientes y las cantidades en infinitas ocasiones hasta dar con algo que me convenza.

Después viene la parte más "emocionante" que es la elaboración, el horneado y sobre todo el reposo y el desmoldado ¡siempre me da mucho respeto desmoldar los postres! ¿y qué me decís del primer corte? cuando no sabes si se te puede desmoronar... ¡Cocinar es emoción, intriga y dolor de barriga en estado puro!

Pero esta vez el invento ha salido cuanto menos aceptable y hoy os invito a un trozo de tarta de queso ligera, con un leve toque ácido que contrasta a la perfección con el chocolate negro e intenso de los lunares.

¡Pura gula! 

¿Qué voy a decir si la receta es mía no? Pero vosotros sabéis que soy muy sincera y no me gustan las medias verdades y que cuando digo que algo está bueno, es que lo está ¡al menos para mí!

 Y si no mirad la foto de este delicioso trozo ¿verdad que os apetece? 

Al usar queso fresco batido (que podéis encontrar en todos los supermercados pero si tenéis dudas yo os digo que lo compré el LIDL) el relleno queda más ligero y esponjoso que cuando usamos queso crema (aunque a mí me chiflan las tartas con queso crema) además de ser más liviana en calorías (pero el tema calorías y pérdida de peso lo dejamos para la próxima entrada ¿eh?)

El contraste con los lunares de chocolate me resulta delicioso y junto con la base de galleta que lleva un ligero toque de crema de cacao hacen un bocado ¡irresistible! 

Quizá lo que me daba más miedo era el tema de los lunares. Me asaltaban mil dudas. ¿Y si se deforman al hornearse? ¿y si al hacerlos se hunden en la masa y se pierden? ¿y si se me escapa el relleno y hago un churro en la superficie? 

Cuando lo haces te das cuenta de que con un poco de cuidado y paciencia no es un paso laborioso aunque requiere de un poquito de concentración (y de que no se te olvide, antes de empezar con el primer lunar que hay que apretar la manga sobre un bol para quitar el aire que tenga la masa de chocolate que a mí se me olvida siempre)

Quizá la próxima vez me marque un patrón para los lunares en lugar de irlos haciendo de manera aleatoria rellenando buenamente los huecos que quedan en la superficie. 

Otro de mis miedos era que al superficie se resquebrajara por culpa de los lunares y es que en el horno empieza a subir como le da la gana y los lunares parece que vayan a saltar y casi prefieres dejar de mirar porque tienes el corazón en un puño, pero al apagarlo se baja y queda uniforme.

Sí que han aparecido algunas grietas entre lunares, pero nada catastrófico. La culpa es posible que fuera mía porque tenía gente en casa y al rato de apagar el horno no pasé una espátula por los bordes para romper la tensión superficial y evitar que se rompa al bajarse. La próxima vez lo haré a ver si no se resquebraja.

Pero ojalá todos los problemas fueran unas grietas en la superficie de una tarta ¿verdad?

Con respecto al tema de los lunares se me ha olvidado comentar que yo los hice un tanto superficiales, como podéis ver en la foto del corte, pero para la próxima es posible que ahonde un poquito más para  llegar hasta casi la base y disfrutar de más chocolate ¡Soy una adicta a tan rico manjar! ¡no puedo evitarlo! 

Después de esta larga perorata espero que os animéis con esta tarta y que cuando la probéis os acordéis de mí y de Lara, sobre todo de ella que ha inspirado esta tarta de queso con lunares, y que aunque aún no puede probar, espero repetirla dentro de poco y verla disfrutar.

Por cierto, este trozo es para vosotros ¿os apetece antes de pasar a la receta?




Ingredientes:

Para la base

* 1 rulo de galletas María (200 gramos)
* 90 gramos de mantequilla
* 60 gramos de crema de cacao

Para el relleno

* 2 envases de 500 gramos de queso fresco batido (yo lo compré en LIDL)
* 200 gramos de azúcar
* 250 gramos de yogur de vainilla (o natural)
* 1 cucharadita de levadura química
* 60 gramos de harina de maíz (maicena)
* 3 huevos
* 100 gramos de chocolate negro (el que yo usé al 72%)

Elaboración:

1. Empezamos preparando la base. Para ello pulverizamos las galletas y las ponemos en un bol. Derretimos la mantequilla en el microondas o al baño maría, le añadimos la crema de cacao y mezclamos para que se derrita con el calor residual de la mantequilla. Cuando estén integradas las vertemos sobre las galletas en polvo y mezclamos bien.

Ponemos la masa en el molde (desmoldable a poder ser) que vayamos a usar y esparcimos bien compactando para formar la base de nuestra tarta.

2. Para preparar el relleno ponemos en un bol amplio el queso, el azúcar y el yogur y mezclamos hasta obtener una crema suave.

3. Incorporamos los huevos de uno en uno. No añadimos el siguiente hasta que el anterior no esté bien integrado.

4. Por último añadimos la maicena y la levadura y mezclamos lo justo para integrar ya que no queremos añadir aire al relleno.

5. Para preparar la masa de los lunares ponemos en un bol dos medidas de una cuchara para helados de la masa del relleno y los cien gramos de chocolate negro troceado. Llevamos al microondas y calentamos unos 30 segundos. Sacamos removemos y si el chocolate no se termina de derretir vamos calentando en tandas de diez segundos hasta conseguir una mezcla homogénea.

También podemos derretir el chocolate al baño maría y mezclar con las dos cucharadas de relleno.

Ponemos esta mezcla en una manga pastelera a la que habremos puesto una boquilla redonda. 

6. Vertemos el relleno de la tarta en el molde y con la manga pastelera vamos haciendo lunares en la superficie. Para ello hundimos un poquito la boquilla en la superficie de la tarta y presionamos girando levemente para hacer círculos. Distribuimos por toda la tarta de manera aleatoria o siguiendo un patrón ¡a vuestro gusto! 

7. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y pasados 15 minutos bajamos a 170º C temperatura a la que mantendremos hasta que esté cuajada. En total será aproximadamente una hora, aunque va en función de nuestro horno y el molde elegido.

Para comprobarlo abrimos el horno y movemos el molde (por supuesto con la mano protegida con un guante para horno) Si el centro tiembla ligeramente es que nuestra tarta ya está cuajada.

8. Apagamos el horno y dejamos unos minutos con la puerta cerrada. A continuación la dejamos otros 5-10 minutos con la puerta entreabierta. Aprovechamos para pasar un cuchillo o espátula por los bordes de la tarta para romper la tensión superficial y evitar que se raje al enfriarse.

9. Sacamos fuera del horno (o dejamos dentro con la puerta totalmente abierta) y una vez fría tapamos con film transparente y la metemos en el frigorífico, como minímo toda la noche.

Como buena tarta de queso está mejor cuantos más días pasan.

Al hornearse la tarta sube y parece que los lunares se van a salir y todo va a quedar muy deformado, pero cuando se apaga el horno y baja todo vuelve a su lugar ¡no hay que sofocarse! (que yo lo hice, conste, pero os lo cuento para que sepáis que no pasa nada)

La tarta por sí sola es un puro vicio, pero si queréis rizar el rizo servirla con unos hilos de sirope de caramelo por encima (sirope, no caramelo líquido) y si queréis ir más allá con una bola de helado de chocolate o vainilla.

Vale, dejo de dar ideas o nuestras básculas van a explotar.

Espero que os haya gustado la receta de hoy y que mañana día 17 ayudéis virtualmente a Lara a soplar las velas de su primer año de vida.

Nos vemos la semana próxima ¡disfrutad de las fiestas de Carnaval que empiezan en muchos pueblos este fin de semana!
Manos a la masa y ¡bon appétit!


jueves, 9 de febrero de 2017

Pudin de croissants con fresas y chocolate negro

Febrero va avanzanzo sin piedad y se acerca uno de esos días que tiene tantos defensores como detractores. No me negaréis que hablar de febrero y pensar en San Valentín (y en Carnavales, pero eso lo dejamos para otra entrada) es todo uno.

No recuerdo festividad que tenga tantos apelativos posibles. De este día se ha dicho de todo. Fundamentalmente que es un invento de los grandes almacenes para fomentar el consumo tras las navidades y las rebajas (de Galerías Preciados que introdujo esta festividad en nuestro país es la culpa, no de El Corte Inglés como dicen algunos) Hay quien opina que es una tontería de día, que el amor no viene señalado en un día del calendario. Los hay que lo esperan con ilusión y mariposas en el estómago ¡juventud divino tesoro! (no me digáis que no son lindos los adolescentes que se mandan rosas en el instituto) Otros (entre los que me encuentro) consideran que es un día cruel porque hay gente que lleva muy  mal no tener pareja y este día es un burdo recordatorio de que un año más siguen solos...

Seamos de la opinión que seamos lo bueno es que es sólo un día al año y que estas 24 horas pasan tan rápido como las de cualquier otro día.

Desde hace un tiempo los blogs se están llenando de corazones y rojo, todo muy ad hoc para esta celebración. Sin embargo hay una compañera bloguera que le ha dado un giro al asunto y está haciendo una "cuenta atrás" para San Valentín la mar de original y que a mí me ha enamorado y emocionado pues espero cada una de sus nuevas entradas ilusionada cual chiquilla la víspera de Reyes.

Es mi amiga y compañera Olga del blog Olga en el país de los Cupcakes a la que me une una especial relación de afinidad y amistad y si no conocéis su blog ¡estáis tardando en pasar por allí! Está repleto de recetas ricas y originales a cual más tentadora y apetecible.

Sus entradas de estos días están enfocadas a los distintos tipos de amores que llenan nuestra vida y cada una de las recetas que publica están relacionadas con ese tipo de amor. Me ha parecido una idea innovadora y diferente que me apetecía compartir con vosotros.

Cuando explicaba su proyecto y hablaba del sentido que tiene San Valentín en otros países me di cuenta de que aquí está demasiado enfocado a las parejas mientras que fuera de nuestras fronteras es una festividad más abierta y amplia que engloba amistad y amor y que me ha gustado bastante más.

Gracias a esa apertura de miras he decidido enfocar esta entrada a celebrar el día de San Valentín con vosotros. Soy tremendamente afortunada por teneros a vosotros en esta aventura. Mi cocina es muy humilde y mis recetas son sencillas. Sin embargo en cada entrada tengo muchísimas visitas y sobre todo agradezco el ratito que dedicáis a dejarme un comentario. Sois muchos los que habéis confiado en mi buen hacer y habéis preparado en vuestras casas alguna de mis recetas ¡e incluso las habéis considerado dignas de ser publicadas en vuestros blogs! ¡Es algo para lo que no tengo palabras! 

Soy tremendamente afortunada porque durante el tiempo que esta cocina estuvo cerrada muchos de vosotros preguntábais por Lara y por mí y con el paso de las semanas queríais saber cuando regresaba a los fogones. Y cuando volví a publicar regresasteis todos al calor de mi horno sin importar el tiempo transcurrido y aquí seguís cada semana sin importar si os puedo dedicar más o menos rato.

Vosotros sí que sois unos verdaderos amores. Gracias por formar parte de este pequeño rincón virtual y por ir saltando también a un plano más personal.

La receta de hoy es tremendamente sencilla y humilde pero llena de matices, sabores y contrastes. La he rescatado de las recetas que preparé el año pasado antes de que naciera Lara, así por estos días más o menos, y a pesar de que las fotos no son nada del otro mundo no he querido que se pierda. Me ha dado cierta nostalgia rescatarla porque me he acordado perfectamente del día que la preparé y cuando le hice las fotos, que ya tenía la barriga muy baja y la niña muy revolucionada pegando patadas...
Visualmente me parece un postre muy bonito, no negaréis que entra por la vista y llama la atención ¡y es diferente a lo que vemos estos días para sorprender en San Valentín! 

Aunque este año las fresas están más tardías que el pasado invierno (para cuando nació Lara yo ya me había comido kilos y kilos sin exagerar) ya las podemos encontrar en supermercados y fruterías a buen precio y de buena calidad que sabemos perfectamente que no siempre las primeras están muy ricas y que nos las cobran a precio de oro. Así que no tendréis problema para preparar este pudin.

Yo utilicé una bolsa de croissants que ni sabía que teníamos (es lo que pasa cuando mi marido compra alguna cosa fuera de lo habitual en casa) y que cuando encontré estaba pasadísima de fecha pero curiosamente los croissants estaban tiernos y ricos como si estuvieran recién comprados ¡me sorprendió muchísimo! Si no tenéis podéis salir corriendo a comprar una (que bien baratas son en todos los supermercados) o utilizar otros dulces que tengáis por casa como panes de leche, magdalenas, bizcocho...¡esta receta se adapta a todo!

Como no podía ser de otra manera he puesto chocolate negro pero por supuesto admite el que tengáis en casa y así dais salida a la tableta que da vueltas por los armarios de la cocina desde hace tiempo y que cualquier día acabáis con ella a bocado limpio.

Más facilidades no os puedo dar. Es una receta la mar de versátil y el resultado ¡buenísimo! Es sorprendente ver cómo con cuatro ingredientes de andar por casa se preparan postres tan ricos y bonitos.

Además se prepara en un abrir y cerrar de ojos. Esta vuelve a ser una de esas recetas que se tarda más en contar cómo se hace que en tenerla lista.


¿Os animáis con ella?


Ingredientes:

* 6 croissants
* 300 gramos de fresas. Tres o cuatro para batir
* 250 gramos de yogur de vainilla
* 180 gramos de leche
* 35 gramos de azúcar blanco
* 2 huevos
* 100 gramos de chocolate negro
* Mantequilla para el molde

Elaboración:

1. En el vaso de la batidora ponemos todos los ingredientes menos los croissants, las fresas (salvo tres o cuatro que sí vamos a batir para dar más sabor a fresa) y el chocolate y lo batimos hasta que sea una mezcla líquida.

2. Partimos los croissants en trozos de un centímetro aproximadamente.

3. Untamos con mantequilla el fondo del molde que vayamos a usar y repartimos las rebanadas de croissants.

4. Partimos las fresas y el chocolate en trozos y los repartimos por encima de las rebanadas.

5. Por último vertemos los ingredientes que habíamos batido por encima procurando que todo quede bien empapado.

6. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos hasta que lo veamos cuajado. Yo lo dejé 30 minutos y el interior era húmedo. Si lo queréis más hecho con 40 minutos creo que quedará perfecto pero esto ya es cuestión de gustos, hornos y moldes.

7. Una vez listo dejamos templar y podemos servir tibio o frío.

Para conservarlo tapamos con film transparente y directo al frigorífico ¡mucho cuidado que tiene fruta y se estropea rápidamente si no se conserva de manera adecuada! 

Si os queréis dar un capricho a lo grande lo podéis tomar con una bola de helado o decorar con unos hilos de sirope de chocolate o acompañarlo de una taza de chocolate caliente ¡las opciones son infinitas!

Aunque no sea el postre más glamouroso del mundo ni las fotos sean las mejores para vender esta receta espero que cuando tengáis unos croissants a punto de caducar y un puñadito de fresas os acordéis de ella y os preparéis un capricho rico y muy sencillo.

Gracias de nuevo por formar parte de mi cocina y compartir mis dulces secretos.

Manos a la masa y ¡bon appétit!



jueves, 2 de febrero de 2017

Muffins de cava

El calendario va que vuela y estamos ya  a 2 de febrero día de la Candelaria. Donde yo vivo no se celebra con demasiada profusión pero me consta que hay lugares en los que se festeja este día a lo grande y que tienen costumbres gastronómicas asociadas muy interesantes. Es lo bueno de tener una cocina virtual, que facilita asomarse y fisgonear lo que cocinan tus "vecinos" aunque estos se encuentren a un buen puñado de kilómetros.

Yo sigo con mi (buen) propósito de dar salida a todo lo que tengo almacenado y a los restos (que en mi casa aún quedan) de navidad. Que no es que yo compre muchas cosas (además de turrones que los compro generalmente para repostear con ellos más que para comerlos a bocado limpio) ¡es que mi madre me lo coloca todo! No tiene que decirme nada, sólo hace falta que comente "pues no sé qué hacer y se acabará poniendo malo..." y ya digo yo que me lo llevo a casa y que algo se me ocurrirá. ¡Así me luce el pelo!

Pero mi conciencia me impide desde siempre dejar que nada se ponga malo y que haya que tirarlo. Más en los tiempos que corren que me parece brutal leer las toneladas de alimentos que van a la basura cada año en nuestro país con el montón de gente que lo está pasando mal. Es que no tenemos remedio.

El turno le ha tocado hoy a la botella de cava que quedó abierta en Nochevieja. En casa no bebemos pero una botella de cava se abre cada Nochevieja para brindar tras las uvas y el resto (que es casi toda la botella) se queda muerta de risa.

En anteriores años lo he usado para cocinar que le da un punto interesante a pescados, carnes blancas y arroces, pero este año quería darle un uso más dulce.

Así que con la mira puesta en San Valentín que se acerca a pasos agigantados y ya hay muchos blogs rebosantes de corazones y color rojo encargados de recordárnoslo y sin perder de vista que hace mucho tiempo que no traigo unos muffins saqué la botella de la nevera y unas cápsulas nuevas del cajón y me decidí a preparar una receta de masa sencilla y sin grandes pretensiones ¡a ver qué pasaba! 

El resultado es buenísimo. Son unos muffins con sabor, aroma y una textura increíblemente húmeda y jugosa que se mantiene así hasta el último día (que serán pocos porque están muy ricos)

El cava tenía perdidas las burbujas pero aún así la masa ha subido muy bien ¡no tenéis más que ver el copete! Deja cierto saborcito muy agradable en contraste con el azúcar perlado que hacen de estos muffins un bocado diferente a lo que estamos acostumbrados.

Son ideales para un desayuno o merienda "más sofisticados" e incluso para regalar y quedar divinamente porque su sabor no dejará indiferente a quien lo pruebe.

Que nadie se llame a engaños que comer uno de estos muffins no es como terciarse una botella de cava. No dejan de ser muffins pero con un toque distinto.

En la masa en crudo sí que se nota más el cava, pero tras el reposo y el horneado no tiene tanto protagonismo. Por supuesto son aptos para todo el mundo, incluso para niños, porque el alcohol se evapora felizmente en el horno. Lara los ha probado y le han encantado. Evidentemente no se ha comido un muffin entero ni ha probado la parte superior que lleva azúcar perlado, pero sí que ha tomado unos trocitos de la base y pedía más. Es que  mi hija lleva muy mal que los demás coman y ella no y con casi un añito ya mismo tiene un régimen de comidas libres y es bonito ver cómo puede ir probando lo que hago en casa.

Cuando queráis disfrutar de algo diferente y con un punto sofisticado ¡utilizad cava en vuestras masas! Triunfáis seguro ¡ya me lo diréis!

Yo al menos he quedado muy contenta y pienso usarlo más veces (no sólo porque me haya encantado sino porque aún queda cava en la botella (y porque mi madre me ha dicho que tengo que repetirlos que si no me queda ella tiene otra botella enterita y está muy feo no hacerle caso a una madre))

Además es la primera vez que utilizo cápsulas rígidas para hornear y me ha encantado el resultado. He seguido utilizando la bandeja para muffins pero creo que podría haber prescindido de ella totalmente ya que no se han deformado nada en absoluto.

Otro propósito es hacer uso de todas las cápuslas y similares que tengo y que me da pena usarlas porque se terminan ¡no tengo remedio! Si consigo cumplirlo voy a dejar media casa vacía.



Sin más dilación os dejo con la receta que se prepara en un abrir y cerrar de ojos ¡espero que os animéis a prepararla!

Ingredientes:

* 120 gramos de azúcar
* 3 huevos
* 100 ml de aceite de girasol
* 250 ml de cava
* 350 gramos de harina
* 5 gramos de bicarbonato sódico
* Azúcar granulado para decorar

Elaboración:

1. En un bol ponemos los huevos y el azúcar y batimos hasta obtener una mezcla cremosa.

2. Añadimos el aceite de girasol y el cava y mezclamos hasta que estén integrados.

3. Ponemos el bicarbonato y la harina y mezclamos lo justo hasta integrar. No queremos añadir aire a la masa.

4. Si nos lo podemos permitir tapamos el bol y lo metemos en el frigorífico durante dos o tres horas. Así la masa subirá mejor. Si no tenemos tiempo horneamos directamente, que tampoco pasa nada.

5. Colocamos las cápsulas que vayamos a utilizar en nuestra bandeja para hornear muffins.

6. Con ayuda de una cuchara para helados vertemos la masa en cada cápsula sin llegar hasta el borde.

7. Espolvoreamos azúcar granulada en la superficie.

8. Introducimos en el horno precalentado a 200º C y pasados diez minutos bajamos a 180º C y horneamos unos diez minutos más.

Comprobamos que estén horneados pinchando con una brocheta de madera. Si sale limpia apagamos el horno y dejamos con la puerta entreabierta unos 5-10 minutos.

9. Sacamos de la bandeja y dejamos enfriar por completo sobre una rejilla.

Con estas cantidades me ha dado justo para 12 muffins.

Las cápsulas no son muy grandes habida cuenta el tamaño que tienen algunas cápsulas rídigas que podemos  encontrar en el mercado, son más bien del tamaño de magdalena de toda la vida, o quizá un poquito más pequeñas (que algunos papeles de magdalenas son bien hermosos y dan lugar a magdalenas casi gigantes)

Para conservarlas como siempre os aconsejo nada mejor que una lata o un tupper que cierre bien. En ese caso lo necesitáis altito que tienen bastante copete y que no se quede mal tapado cuando los "ratoncillos"  que hay en toda casa asalten la lata a escondidas.

Gracias una vez más a todos los que os preocupáis por Lara y por mí. Yo sigo ahí, aguantando el tipo sin caer enferma como para quedarme en casa ni recuperarme del todo ¡es lo que tiene no descansar bien y tener que levantarse varias veces por la noche! Y Lara... Lara engancha una cosa tras otra. El pediatra nos ha dicho que es lo normal y que hasta que no llegue marzo al menos estaremos así una semana sí y otra también. Ya que habíamos terminado con el virus de las llagas en la boca nos hemos resfriado y volvemos a las andadas con los mocos y la tos. Si en el mes de enero hemos ido seis días a la guardería el de febrero no pinta mejor ¡pero así es la vida!

Os deseo muy feliz y dulce fin de semana y nos leemos de nuevo la próxima semana

Manos a la masa y ¡bon appétit!


jueves, 26 de enero de 2017

Brownie de turrón blando de cacahuete

Hoy empiezo la entrada haciendo una advertencia.

Si estás a dieta esta no es tu receta. Puedes guardarla para más adelante, o directamente pasar del asunto y saltar a otra cocina virtual, pero si caes en la tentación de preparar este brownie ¡adiós a tus buenos propósitos de perder esos kilos que se te han pegado en navidad! Al menos mientras tengas esta delicia en casa.
Esta receta es una bomba de calorías. Pero lo peor no es eso. Lo peor (si es que acaso esto es malo) es que este brownie es un puro vicio. Yo, que tengo una capacidad de controlarme en la mesa inusitada, he sido incapaz de resistir la tentación y he llegado a engullir (comía tan rápido que casi no me daba tiempo a masticar de lo bueno que está) tres trozos en una sentada ¡toma operación post navideña!

Sé que todos tenéis muy buenos propósitos de alimentación desde principios de año, o igual debería decir después de comeros el roscón, pero a estas alturas, si habéis sido muy buenos, igual os podéis dar ya un capricho.

Yo no soy de hacer propósitos en año nuevo, más bien los hago para mi cumpleaños y a veces ni eso, pero este año he decidido que sean dos: perder los 3-4 kilos (exceso variante según la semana) que aún me quedan tras el parto ¡antes del primer cumpleaños de Lara! (mucho correr me parece, pero o me lo tomo en serio o se quedan conmigo para siempre) y dar salida a todos los productos que he ido comprando en los últimos tiempos para repostear con ellos y que siguen en los armarios bien porque no me acuerdo de que los tengo o porque ¡atención! me da pena usarlos porque se acaban.

Es de traca, lo sé, pero a veces me ocurre que si he comprado algo en un viaje o en alguna promoción me da pena gastarlo porque no sé cuándo podré comprarlo de nuevo. Con esa tontería me ha pasado que en alguna ocasión he dado lugar a que se pongan malos y entonces sí que me ha dolido porque ni lo he aprovechado ni me lo he zampado alegremente y porque además tirar la comida me duele en el alma.

Así que en 2017 voy a ir dando salida a las provisiones que cual hormiguita he ido atesorando en mi cocina. ¡A ver si lo consigo! Fruto de esta ventolera fue la tarta cremosa de trufas que os traje la semana pasada para festejar mi cumpleaños y por supuestísimo este brownie por el que no apostaba en exceso y que me enamoró al primer bocado.

Hace dos navidades (parece mucho tiempo pero es poco más de un año de lo que hablamos) que estuve con mis padres (y mi preciosa barriga de embarazada que no sabéis lo que echo de menos porque me encantaba) comprando en Mercadona y me hice con una tableta de turrón blando de cacahuete. No soy mucho de ir a Mercadona y suelo comprar muy pocos productos de su marca pero mi madre se paró a hablar con una amiga al lado del stand de los turrones y yo me puse a cotillearlos mientras.

Me llamó la atención este por su parecido con el de Jijona y porque además su precio sin estar en oferta era irrisorio. Si no recuerdo mal era un euro o algo menos. Fue directo al carrito con la intención de repostear con él. También cayó otro más pero ese sigue, por el momento, en el armario de la cocina, así que cuando llegue su momento hablaremos de él.



Cuando este año me he puesto a reorganizar los turrones, porque otra cosa no tendré pero organizada soy a más no poder y en mi cocina cada cosa tiene su sitio porque al menos así sabemos con un simple vistazo si hay o no lo que busquemos, me he topado con esta tableta que se había quedado muerta de pena y de olvido y además estaba recién caducada.

Había que hacer algo con ella sí o sí porque me negaba a tirarla. Así que tras comprobar que no se había puesto rancio (que por ejemplo es lo que le pasa al turrón de almendra y mucho me temo que a este le pueda pasar lo mismo si pasa mucho tiempo olvidado en la cocina) empecé a pensar qué preparar con él.

No le di muchas vueltas y decidí hacer un brownie y de paso dar salida a una bolsa de conguitos y a parte del arsenal de mantequilla de cacahuete del que hizo acopio mi marido y si no conocéis la historia o aún conociéndola queréis echaros unas risas de nuevo podéis leerla aquí

En un principio iba a hacer una receta básica de brownie: harina, mantequilla, azúcar y huevos al que iba a añadir el turrón pero después me acordé de la mantequilla de cacahuete y me dije que de perdidos al río y que por unas cuantas calorías más tampoco pasaba nada.

Acerté.

Ya la masa era tentadora en crudo (no sabéis el gusto que da poder volver a probar las masas así, que eso lo llevé fatal durante el embarazo) pero cuando empezó a calentarse en el horno el olorcito me confirmó que esta vez había triunfado.

Sólo quedaba probarlo para confirmar la evidencia, y está feo que lo diga yo que la receta es mía y me tiro flores solita, pero os aseguro que es un bocado delicioso, con un intenso sabor a cacahuete y con dos texturas. Más tipo bizcocho por los bordes y mucho menos hecho por el centro para contentarnos a todos en casa.



Mi favorita sin duda es la textura poco horneada y que por cierto no ha salido en las fotos, pero eso va en cuestión de gustos, porque este brownie está espectacular del borde al centro lo pilles por donde lo pilles siempre y cuando te guste el cacahuete porque como es de suponer a cacahuete sabe. No es que sea como comer cacahuetes a puñados pero llevando turrón de cacahuete y crema de cacahuete ¡tiene que saber a cacahuete!

Espero que si tenéis una de estas tabletas en casa o si aún se pueden conseguir en el supermercado os animéis con este brownie ¡que no os va a dejar indiferentes!

Que sí, que soy consciente de que las navidades han pasado hace menos de un mes y que igual aún estáis saturados de turrones, pero yo os aseguro que si lo hacéis ¡me hacéis la ola, un monumento o me ponéis un piso! Si es esto último, y puestos a pedir ¡que sea en Cádiz! 


No me enrollo más y os dejo con la receta

Ingredientes:

* Una tableta de turrón blando de cacahuete (300 gramos)
* 3 huevos
* 70 gramos de miel
* 30 gramos de azúcar
* 70 gramos de mantequilla
* 100 gramos de mantequilla de cacahuete
* 100 gramos de harina para repostería
* Una cucharadita de levadura química en polvo
* 125 gramos de cacahuetes bañados en chocolate

Elaboración:

1. Desmenuzamos el turrón de cacahuete. Tiene una textura idéntica al turrón de almendra blando (o de Jijona) y se puede hacer con un cuchillo y aplastando los trocitos con un tenedor o podemos meterlo en la picadora.

2. Al turrón desmenuzado le añadimos los tres huevos, la mantequilla derretida, la miel, el azúcar y la mantequilla de cacahuete y mezclamos hasta obtener una crema. Es muy sencillo y se puede hacer con una varilla manual.

3. Añadimos la harina y la levadura y mezclamos hasta integrar.

4. Por último ponemos los cacahuetes bañados en chocolate y mezclamos para que queden bien distribuidos por la masa.

5. Forramos nuestro molde con papel de hornear, para que sea más sencillo desmoldarlo, y vertemos la mezcla. Alisamos la superficie con una espátula.

6. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos unos 25 minutos. Así los bordes quedan más hechos y el centro más blando y húmedo.

Si lo preferís más hecho lo dejáis unos 30-35 minutos y si os gusta menos hecho con 18-20 minutos será suficiente.

El mío quedó en plan mixto y todos contentos. Mi marido porque lo prefiere más tipo bizcocho y se come encantado el borde y yo porque lo prefiero casi medio crudo y disfruto con los trocitos centrales (aunque tampoco le hago ascos a los bordes, que conste)
 

Para conservarlo yo lo guardo cortado en porciones envuelto en el propio papel en el que lo horneo en una lata bien cerrada.

Como hace tanto frío dejo la lata fuera del frigorífico. Tampoco nos duró tanto como para temer que fuera a ponerse malo. En realidad si alguna vez nos pasó con algún postre es con los que llevan fruta que tardan menos en descomponerse si no se guardan en la nevera.

Gracias a todos los que me felicitásteis la pasada semana y a todos los que os habéis preocupado por Lara. La pobre está recuperada de su resfriado pero desde hace una semana está padeciendo los efectos del virus mano, boca, pie que hay un brote en la guardería y tiene la boca llena de llagas (además de granitos alrededor de la boca y en las manos. Por suerte ni en los pies ni en la zona del pañal le han salido) y no puede ni comer ni casi dormir. Ya va un poquito mejor pero para nosotros quedan estos días.

Es lo que toca, pillarlo todo para ir generando defensas ¿o acaso no es lo que dicen todos los pediatras?

Os deseo muy buen fin de semana ¡nos vemos ya en febrero!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 19 de enero de 2017

Tarta cremosa de trufas

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños

Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.



Este poema se le atribuye en varios foros a Mario Benedetti aunque la página de su fundación desmiente que sea del autor. Sea de quien fuere me encanta leerlo porque insufla ganas de enfrentarte a la vida y te recuerda que por muchos escollos que haya en el camino al final el viaje merece la pena y hay que esforzarse por seguir adelante.

Los que me conocéis desde hace tiempo habéis visto mi vena revolucionara, sincera, reivindicativa, luchadora... quizá mi faceta filosófico-poética es la que muestro menos en el blog, pero también la tengo. 

Hoy vengo quizá un poco tonta porque es mi cumpleaños. 35. Y seguimos contando (durante mucho tiempo espero). 

Asusta bastante ver el giro que ha dado mi vida del año pasado a este. El balance es positivo, pero el camino está siendo muy duro. Mi más sincera enhorabuena a aquellas madres que dicen que sus hijos no les quitan de hacer nada. Yo debo de ser una madre pésima porque el tiempo se me va entre las manos y hay cosas que he tenido que dejar de hacer como leer libros o salir a correr y otras que hago a duras penas como dormir o arreglarme que voy a lo imprescindible para tener un aspecto presentable en el trabajo.

Los días que siento que ya no puedo más miro a Lara y me digo que no va a ser un bebé toda la vida y que antes de que quiera darme cuenta será mayor y podré volver a tenerlo todo organizado. Mientras dejo que la vida pase y lo intento hacer lo mejor que pueda a pesar de todas las dificultades.

Sin duda alguna ser madre es la tarea más complicada del mundo pero cuando veo que todo el mundo ha podido me digo que yo también voy a poder y que hay que tirar para delante. 

No sé qué me van a deparar los 35. Suena a cifra importante. A recta final del camino a los 40 ¡barrera psicológica donde las haya! Pero lo que traigan, problemas o alegrías, tomaremos y seguiremos por el camino sorteando los escollos y disfrutando los buenos momentos.
Para celebrarlo con vosotros he elegido esta tarta de trufas, una receta además de aprovechamiento, y sencilla ¡como las que tanto me gustan últimamente! Es una receta propia para dar salida de golpe y porrazo a una caja de trufas que estaba dando vueltas en los armarios de la cocina desde la navidad de 2015  y el resultado me ha sorprendido gratamente.

De paso estrené el molde que compramos en LIDL hace unos meses que tiene una forma acanalada muy bonita.
En un principio no las tenía todas conmigo. Calculé la gelatina para asegurarme que cuajara bien y se desmoldara, pero tenía serias dudas de si más que una tarta sería puro plástico, así que tiré para delante y crucé los dedos ¡por una vez el resultado fue bueno a la primera!
Me sorprendí gratamente al ver que desmoldaba perfectamente y más aún cuando probé el primer bocado y vi que era una tarta cremosa y que se deshace perfectamente en boca. Ya sabéis lo que pasa con los "experimentos" y esta vez estoy muy contenta de que haya salido bien a la primera.

El sabor además no es nada empalagoso ¡qué peligro tiene! porque te comes un trozo y de buen grado repites ¡sin caer en la cuenta de que es una pequeña bomba de calorías! pero total, por una vez... ¿verdad que estáis de acuerdo?

Que sí, que soy consciente de que todos nos hemos propuesto perder esos kilitos que la navidad nos ha dejado de propina (lo mío es peor aún que Lara tiene ya 11 meses y sigo con cuatro kilos del embarazo que no me quito por pereza, porque entro en mi ropa perfectamente y como no son tantos no me lo tomo en serio cuando sería bien sencillo dedicarle un mes y olvidarme del asunto ¡a ver si lo hago antes de su primer cumpleaños!) pero hoy me vais a perdonar el desliz porque es mi cumple. 

Y si lo pensáis friamente ¡es una receta de aprovechamiento! Calórica, pero de aprovechamiento al fin y al cabo y que os salva de la tentación de arrasar impunemente con la caja de trufas que ha quedado después de navidad.
Y si no tenéis y os apetece en el supermercado (creo) siempre tienen trufas y podéis comprarlas para preparar esta tarta que seguro os va a encantar

¡Vamos con la receta que es de las que se tarda más en redactar que en preparar!

Ingredientes:

* 1 caja de trufas (la mía de 250 gramos)
* 400 gramos de nata para montar
* 400 ml de leche (semidesnatada)
* 2 cucharadas soperas de caramelo
* 9 láminas de gelatina neutra

Para el molde y decorar:

* Caramelo líquido
* Escamas de chocolate

Elaboración:

1. En un bol ponemos a hidratar la gelatina en agua fría.

2. En una cacerola ponemos las trufas, la nata, la leche y el caramelo líquido y llevamos a fuego medio. Removemos de vez en cuando para que no se quemen las trufas .

3. Cuando esté a pundo de romper a hervir añadimos las hojas de gelatina escurridas. Movemos bien para que se disuelvan y mantenemos al fuego hasta que esté de nuevo a punto de hervir.

4. Caramelizamos el molde que vayamos a usar y vertemos la mezcla en él.

5. Dejamos enfriar en la encimera y cuando esté frío tapamos con film transparente y lo metemos en la nevera hasta que cuaje.

6. Cuando vayamos a servir sacamos el molde unos minutos antes para que sea sencillo desmoldar.

7. Una vez desmoldado decoramos con escamas de chocolate ¡o con lo que os apetezca!

Lo que nos quede hay que taparlo muy bien para meterlo en el frigorífico o se resecará y endurecerá  perderá la cremosidad y la gracia.
 
Si no os gusta el caramelo podéis suprimirlo ¡que la receta va a seguir estando igual de rica!

Os pido disculpas si estos días me veis menos por vuestras cocinas. El mes de enero es muy intenso de trabajo para mí y me resulta más complicado arañar ratillos de descanso para visitaros. Y en casa, con la niña, es casi misión imposible encender el ordenador por las noches, en todo caso algún fin de semana y ni eso últimamente.
 
Quiero agradeceros a todos los que os habéis preocupado por nosotras. Lara esta semana ya ha regresado a la guardería y crucemos los dedos para que siga estando bien, que aquí hemos llegado a alcanzar los 7 y 8 grados bajo cero los últimos días. Yo estoy recuperándome, me siento bien, pero no me acabo de terminar de curar ¡es lo que pasa por obligarse a seguir con la rutina antes de estar restablecida del todo!
 
Abrigaos mucho y pasad un feliz y calentito fin de semana. Gracias a todos por seguir aquí y acompañarme un año más el día de mi cumpleaños.

Manos a la masa y ¡bon appétit!